viernes, 20 de febrero de 2015

Crítica de la película La Teoría del Todo (James Marsh, 2014): Movie Review


por Savoy Truffle (@CarlosLorenteR)


The Theory of Everything, una de las fuertes apuestas de los Oscars de esta edición, lleva el sello del biopic (recuerden el personaje de Alan Turing en The Imitation Game, que ya desglosé aquí) algo muy de moda últimamente y que siempre ha estado presente, pero en este 2014-2015 destaca por la gran cantidad de títulos sobre personajes históricos, aunque en este caso, se centra sobre uno todavía vivo, Stephen Hawking, el conocido astrofísico y cosmólogo que sufrió en su juventud una severa enfermedad que lo mantiene desde entonces en silla de ruedas, una afección mononeuronal que se entremezcla con una esclerosis lateral.






En el caso particular de La Teoría del Todo, por suerte, hay muchos elementos que la aúpan como una interesante y cuidada producción, pese a que como película no sea capaz de dar un golpe en la mesa, a la hora de llamar la atención e imponer su estilo. Y sin embargo, esta biografía de dos horas del genio Stephen Hawking consigue alcanzar un nivel más que aceptable, algo de lo que tienen mucha culpa sus intérpretes, Eddie Redmayne como Stephen Hawking y Felicity Jones que hace de su mujer Jane. La cinta cuenta la historia del científico, desde sus tiempos mozos en Cambridge, hasta hace fechas recientes, y está basada en los relatos de la primera mujer de Hawking, Jane, en su libro Hacia el infinito.




La película, y aquí es donde entran las interpretaciones y matices, nos cuenta la historia según le conviene, es decir, es comprensible que todo el duro proceso que supuso para le exmujer de Hawking soportar la terrible enfermedad de su marido, en cierto modo está algo maquillado, y el director opta por centrarse en el proceso de superación del genio, y menos en el sufrimiento padecido, que fue mucho y largo en la vida diaria de los Hawking. Pero claro, queramos o no, eso le resta cierta personalidad al film, y evidentemente, a pesar de estar bien rodada, de mantener un ritmo que no decae y no se hace pesado, y de contarnos una historia con gancho, la película peca de blanda y de no tener carisma. Además y por si fuera poco, el gran problema del film es que se centra muy poco en la carrera del astrofísico, y en sus grandes teorías y su trabajo.




La capacidad de emocionar es alta, pero en ningún caso por la dirección, sino por sus dos protagonistas, que realmente están soberbios, y es más que evidente que se han soslayado detalles de la vida del matrimonio, que quedan cogidos con pinzas para darle al público lo que desea, es decir, poco sobresalto, amor ñoño y un final feliz que deja contentos a todos, pero que a mi particularmente me deja bastante vacío, ya que por debajo hay poca sustancia. A lo que me refiero con esto, es que no es una película que genere controversia, ni mucho menos, por tanto con el tiempo pronto se olvidará, y sólo recordaremos las excelentes interpretaciones.

Eddie Redmayne lo borda, simple y llanamente, ya que personaliza, calca y hace genial su personaje y todo su proceso degenerativo, con una facilidad digna de elogio. Felicity Jones está sublime, en un papel nada fácil, de una mujer anglicana, reservada, pero luchadora y que además aporta convicción y credibilidad, consiguiendo que la trama sea muy llevadera, algo no fácil de conseguir.

Por otro lado muy destacable la banda sonora de Johann Johansson, que en partes me recordaba a la del Piano de Michael Nyman, por las melodías, y que también está nominada.

©Savoy Truffle

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