miércoles, 8 de marzo de 2017

Los Secretos - Directo (1988): Crítica review


por Alberto Iniesta (@A_Maqueda_8)
del blog Discos




Eran buenos tiempos para Los Secretos. Acababan de sacar el año anterior (1987) uno de sus mejores discos, Continuará, y la grabación de este LP en directo, que encima fue un éxito de ventas, les catapultó todavía más a una cima que ciertamente empezaban a merecer. Lo mejor estaba por llegar, grandes trabajos como La calle del olvido o Dos caras distintas todavía tendrían que ver la luz, pero la colección de canciones que suenan en este doble LP grabado en el Rock Club durante el gran musical de la Cadena Ser son una excelente muestra del buen hacer de los madrileños. 




No obstante, pudiendo ser uno de los mejores directos de nuestro país, se queda simplemente en un buen disco debido a una nefasta producción que no hace justicia en absoluto a la grandeza de uno de los pilares de nuestra música. La pregunta entonces es obligada: ¿Merece la pena de verdad escuchar este disco? La respuesta no puede ser más ambigua. En cualquier caso, si alguna vez te has sentido tocado por la música de Enrique, Álvaro y demás, si son uno de los grupos de tu vida, entonces es muy recomendable la escucha de este directo, que a pesar de tener más alma de disco pirata se deja escuchar y disfrutar. De eso se trata, al fin y al cabo:




Una versión instrumental de No Me Imagino, como la que acompañaba al propio single, abre el concierto para dar paso a Sucedió Al Revés, dotada de un excelente arreglo instrumental con un gran trabajo de guitarras, cuyo peso recaía principalmente en Álvaro Urquijo y Ramón Arroyo. En la ciudad nos ofrece una cuidada melodía marca, nuevamente con unas excelentes guitarras. Sin duda el momento que pudo haber sido y no fue lo encontramos en Buena Chica, una de las cimas musicales de Enrique, y que aquí suena muy plana, pidiendo a gritos otra interpretación que le haga más justicia. Para quitarnos el mal sabor de boca llega Sin Dirección, que por momentos suena brillante y que contradiciendo a su título ofrece el camino evidente a seguir si lo que se busca es una canción que destaque entre el resto.




Por supuesto, también hay momentos de esa marcada y preciosa melancolía marca de la casa, como en Volver A Ser Un Niño, cuya letra sigue emocionando: “Con la inocencia tan graciosa que cambia el nombre de las cosas, con ese brillo que te quita el frío, cuando las noches lluviosas”. Sobre Un Vidrio Mojado es una de las que mejor suena del disco, con una rotunda efectividad que no admite réplicas. Un ejemplo de simple pero absoluta perfección pop. La colaboración con el gran Joaquín Sabina demuestra ser un acierto, haciendo de Por El Túnel una canción todavía mejor, quedando bien marcado el sello personal del maestro de Úbeda. La otra gran colaboración de la noche llega en Nada Más, canción de Mamá que tocan precisamente con José María Granados, otro de los grandes músicos de su generación. El aire festivo y alegre de Si Te Vas contrasta con la tristeza de su letra, a la vez que nos ofrece un audio sencillamente penoso. Para olvidarlo llega la espectacular Quiero Beber Hasta Perder El Control, que tan brillantemente versionó tiempo después Fito, y que se alza como una de las mejores canciones del grupo, con una letra espeluznante: “Nunca he sentido igual una derrota que cuando ella me dijo se acabó. (…) Y mientras en la calle está lloviendo, una tormenta hay en mi corazón”. 




El guiño al rock llega con una particular adaptación de La Grange de ZZ Top en Nacional VI, que, aunque no deja sabor de canción inmortal cumple con su cometido y ofrece algo diferente de lo que cabe esperar de la banda. Vuelven a hacerlo de cine en Ojos De Perdida, realmente perfecta y con ese desparpajo e inmediatez propias de las primeras canciones de Los Secretos. El listón se mantiene alto hasta en los minutos finales, como en No Me Falles, buenísima y que viene a recordar que lo de este grupo no era rellenar los discos con canciones trascendentes. Los últimos surcos de la aguja hacen sonar a Déjame, que aparte de tener un sitio entre las mejores canciones jamás escritas en nuestro idioma, quizá quede demasiado correcta, pero también tiene algo que ver ahí el pobre sonido que tiene. En cualquier caso, cuando ya no quedan más surcos, se acaba el disco y al guardarlo vemos en la funda a Enrique con una sonrisa, con un pie de foto que dice “Enrique está sonriendo” (por lo raro del asunto) no podemos hacer otra cosa que sonreír también nosotros. Por si quedaba alguna duda: mereció la pena.

Nada Más


Volver A Ser Un Niño


Déjame



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