miércoles, 29 de marzo de 2017

La Fuga - En Directo (2006): Crítica review



por Alberto Iniesta (@A_Maqueda_8)
del blog Discos





¡Desde Reinosa, Cantabria, La Fuga! Nada más escuchar esas palabras, tu piel ya no es la misma, y tú tampoco. Con algunas de las letras más personales de nuestro rock y un buen puñado de canciones que han mejorado y puesto banda sonora a muchísimas almas, no cabe duda de que son de los nuestros. Y este directo, por muchas razones, es especial. Si bien no tiene un sonido impecable, las canciones que suenan aquí hacen que eso al final sea lo de menos. Grabado en la sala Aqualung en diciembre de 2005, donde han tocado verdaderos iconos de la música como Oasis, Foo Fighters o el mismísimo David Bowie, presentaban su (mejor) disco Negociando Gasolina, y la cosa no pudo salir mejor. Estaban en su mejor momento, un momento que muchos de los que somos incondicionales del grupo añoramos. Ya no está Rulo, ya no está Fito (no confundir con el cantante y guitarra de Platero y Tú), y lo que queda del grupo son conciertos donde un 80% de las canciones son, más de diez años después, las mismas que en este directo. En el caso de La Fuga, sí vale aquello de cualquier tiempo pasado fue mejor.




Una furiosa En Vela, cantada con gran potencia por un Rulo que quiere comerse las tablas desde el minuto uno, da comienzo a la velada. Sin previo aviso, el avión ya ha despegado, y los pasajeros no necesitan cinturón de seguridad. Esta es una noche, como dirían los Barricada, de rock and roll. Los himnos se suceden, se conocen de memoria. Despacito toca uno de los temas más comunes de Rulo, el de la invitación a no dormir sola, como bien se encarga de proclamar cuando acaba la canción. El divertido ska de Pedazo de Morón nos hace saltar como posesos, evocando tantas y tantas noches de resaca y rock. Majareta, que Rulo recuperó en el concierto que dio en el pasado diciembre en la Riviera, suena potente y compacta, con un estribillo que se canta solo: “tú te quitas la ropa, yo acabo majareta, y te regalo una canción. Esquivaremos el sol”. Está claro que, mientras suene esta canción, de sol no se va a hablar.




El Manual es otro himno por derecho propio. A medida que van sonando las canciones te vas dando cuenta de que prácticamente todas son himnos. Eso sin duda le da más valor a Rulo a la hora de tomar la decisión que tomó de dejar el grupo, y en el momento en que la tomó. Pero hablando de himnos, una de las mejores sin duda del grupo y del rock español es Hasta Nunca, con una letra sublime y que quizá carezca del mito que rodea a Por Verte Sonreír pero que poco o nada le tiene que envidiar. Cuando pasa de la calma a la tempestad, sucede algo parecido con nuestros corazones, que salen despedidos, con una aplastante sensación de libertad. Conversación habitación es lucha emocional hecha canción, mientras que Las Olas nos narra la historia de un curioso engaño entre Rulo y el JB. También hay tiempo para calentar el alma, como dice Rulo, en la Balada del Despertador, embellecida en ese formato acústico que le sienta tan bien pero que, por otra parte, pide a Aurora Beltrán, al igual que sucedía en la versión en estudio. Otro himno, Buscando en la Basura, revela ese viejo ejercicio tan típico de Rulo de crear situaciones rocambolescas y absurdas, como una monja en un burdel o un domingo por la tarde. En Baja Por Diversión, Rulo se pregunta, socarrón, cómo consigue la pasta la luna para salir todas las noches, en una sucesión de acordes peligrosamente similar a En Tu Agujero, de Marea. Las dos canciones, eso sí, excelentes.




Sueños de Papel puede entenderse como una crítica hacia la industria musical: “se venden canciones, se compra popularidad”. La vida del músico callejero, con desenlace triste incluido, la tenemos en Miguel, precioso canto a la vida del que duerme en la calle con la compañía de una guitarra. La histórica Por Verte Sonreír es desde hace tiempo uno de los himnos de nuestro rock, con una letra a la altura de las circunstancias y que, aunque aquí suene algo acelerada, nos llega hasta lo más profundo de nuestro interior. Despedirse con P’aquí, P’allá es apuesta segura, y como muchas de las cosas de la vida, su éxito radica en su asombrosa y efectiva simplicidad. Cuántas veces habremos cantado aquello de “bebo más de lo que debería, los domingos me suelo jurar que cambiaré de vida”. Pero como todo, nada es perfecto, y como suele suceder en estos casos se echan en falta canciones. Luna de Miel, la emotiva Abril o Primavera del 87 podrían sonar perfectamente, pero las canciones que suenan aquí dan para calentar todas las almas de la Tierra. Mil gracias por la música. Siempre rock!

Hasta nunca


Miguel


Por verte sonreír


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