domingo, 5 de marzo de 2017

Manual de Epicteto (último artículo): pensamientos



Y llegamos por fin, amigos, al final de esta serie sobre los pensamientos de Marco Aurelio, cuya selección personal hemos tenido el enorme gustazo de compartir con vosotros. El de hoy se corresponde con la 17ª entrega. A través de su lectura, en textos extraídos tanto de los doce libros o capítulos de los que constan sus Pensamientos, como del Manual de Epicteto o Enchiridion, que anda incluido en la edición del libro que -he de decirlo- tengo de cabecera como manual de vida. Así que por aquí va la última tanda y con ella concluimos. Espero que os haya servido para algo: la cuestión principal es no olvidar nunca, es decir, tener siempre presentes, los pensamientos, principios, razones, ideas... que se seleccionaron de esta obra. Si uno los asimila, garantizo que os servirán para vivir mejor. Amén.


XLII

Cuando alguien te disguste por su manera de ser o pensar, persuádete de que cree tener razón al hacerlo. En consecuencia, es imposible que renuncie a su sentimiento por seguir el tuyo. Si se equivoca en su juicio, será el único castigado. Admitamos en efecto que se mira como falsa una cosa que es verdad en sí misma, pero que está envuelta en tinieblas y es difícil de aclarar; este falso juicio no hiere en nada a la verdad: solo el que se equivoca es el que sufre por ello. Si partes de este principio sufrirás con resignación las ofensas. Cada vez que un hombre te ultraje, di: "Cree tener razón".


XLV

Alguien se lava de prisa; no digas que se lava mal, sino que se lava de prisa. Otro bebe mucho vino; no digas que hace mal, sino simplemente que bebe mucho. En fin, ¿cómo puedes saber que bebe mucho antes de conocer la causa que lo hace obrar? Guardando esta prudencia no condenarás a los unos ni a probarás a los otros sin estar bien seguro de lo que haces.


XLVII

Si eres sobrio y estás acostumbrado a vivir con poco, no por eso demuestres vanidad. Si no bebes más que agua, no digas a cada instante que es solamente agua lo que bebes. Si quieres ejercitarte en el trabajo, hazlo a solas, y no tengas interés en que te miren. No beses estatuas por ostentación. Cuando tengas una sed ardiente, enjuágate con agua fresca y arrójala sin tragar, pero no digas nada a nadie.

ZR

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