domingo, 5 de marzo de 2017

Crítica de Passengers (Morten Tyldum, 2016): Film review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC




No puedo decir que no me entretuviera esta película de Morten Tyldum que vaga por demasiados caminos sin decidirse por ninguno.

Una vez acaba el metraje de Passengers uno no sabe bien qué pretendía su director ni qué quería contarnos, cuál de las varias películas que contiene es la que de verdad le interesaba porque se queda en tierra de nadie en todas ellas. Drama y comedia romántica, ciencia ficción espectáculo, ciencia ficción metafísica, drama introspectivo…


Miles de personas son transportadas a otro planeta colonizado para emprender allí su vida. El viaje dura 120 años, en el que deberán estar hibernados, el problema surge cuando uno de sus tripulantes, por un fallo electrónico, despierta 90 años antes de la llegada prevista.




Con un comienzo muy al estilo “Alien” (Ridley Scott, 1979), en la atmosférica presentación de la nave dormida que se despierta, con buenas grúas, creeremos que tendremos la odisea de un hombre contra su soledad y un problema logístico, pero el film de Tyldum irá dando giros continuamente planteando interesantes cuestiones pero cayendo en la indefinición y superficialidad general al no concretar ni terminar concluyentemente con ninguna de ellas.

Esa soledad en la que vive angustiado el personaje que interpreta Chris Pratt tiene un ritmo trepidante, apoyado, para hacerlo más digerible, en un buen montaje, ágil, y un sano y oportuno sentido del humor. Un retrato de la soledad en sus distintas fases (energía positiva, deterioro, dolor, angustia) tratado con solvencia, que en sus momentos más oscuros recuerda al de “Soy leyenda” (Francis Lawrence, 2007). Hasta recordaremos a “El resplandor” (Stanley Kubrick, 1980) con ese robótico barman que encarna Michael Sheen. También hay guiños a la kubrickiana “2001: Una odisea del espacio” (1968). Con todo, la cosa va rápida, no se logra una atmósfera reseñable, sustituida por frescura narrativa.




Hay reminiscencias a Adán y Eva una vez se inicie la relación entre Pratt y Lawrence. Esta fase de guión, una vez el solitario protagonista descubre a la bella Jennifer Lawrence, es de las más interesantes, por lo que tiene de ambigüedad moral y oscuridad. Una bella durmiente que despierta. Es aquí donde la película gira hacia una ciencia ficción metafísica, existencialista, donde los dilemas morales y éticos y los planteamientos vitales insinúan profundas e interesantes reflexiones que, desgraciadamente, no llegan a nada, sustituidas por la pirotecnia y el espectáculo en el tercio final. Quizá el drama romántico, una vez se hace oscuro, hace perder enjundia filosófica a la película con respecto a la anterior parte del metraje, aunque integrándose de manera más reflexiva podría haber enriquecido incluso la historia en ese sentido.

Un tercio final que se va insinuando, en pequeños detalles narrativos con los sucesivos errores y fallos en la nave, como advirtiéndonos de que no nos comamos mucho el coco que “pronto vendrá lo bueno”.




Es interesante el desarrollo de los dos personajes, que irán desvelando sus deseos, anhelos y personalidades, iniciando una relación cada vez más cómplice, comprensible y lógica en las circunstancias planteadas.

“Passengers” plantea una filosofía clásica: lo importante está en el camino, en el tránsito, en el aprendizaje y conocimiento, no tanto en el objetivo, por eso es una película de presente, ese que obliga a vivir a los protagonistas. Carpe diem.




La parte final, de exuberancia visual (el casi ahogamiento en la piscina sin gravedad, el clímax en el espacio y la amenaza de explosión…), acaba vulgarizando el conjunto, aunque entreteniendo en cierta medida. Además, es evidente que esa resolución se antoja escapista con respecto al drama de los personajes, muy insatisfactoria. Aunque ya sabemos que no hay nada que una más que una aventura apocalíptica y que nos acerca a la muerte.

No se sabe muy bien para qué sirven las apariciones de Laurence Fishburne y Andy García, dos actores de prestigio en papeles absurdos y anecdóticos. Fishburne es, básicamente, un truco de guión, y García espero que al menos haya cobrado acorde a su caché…

Entretenida y superficial, con el lamento de que podía haber dado para algo mucho más interesante.

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