sábado, 14 de octubre de 2017

Crítica de "Nosferatu" (F.W. Murnau, 1922): Unas palabras


por Möbius el Crononauta



Nosferatu, el clásico de terror más renombrado de la historia del cine, se rodó en Alemania en 1921. La película hizo de su director, F. W. Murnau, una leyenda del cine mudo, así como del protagonista, Max Schreck. Alguna especie de leyenda urbana corrió durante años entre los cinéfilos sobre este último. Extraños rumores decían que la gran interpretación de Schreck se debía a que no era un actor, sino un vampiro verdadero. Por supuesto, no era cierto.



Sin embargo, tal rumor ha servido de inspiración para La sombra del vampiro, un film atípico y bastante interesante, que nos lleva a los días del cine mudo y el rodaje de Nosferatu. El papel de Schreck/Nosferatu fue escrito especialmente para Willem Dafoe, sin duda uno de los puntos fuertes de la cinta. Dafoe logra una perfecta fusión con su personaje, reafirmándose como el gran (e injustamente infravalorado) actor que siempre ha sido, a pesar de haber tenido que actuar en subproductos infectos para ganarse la vida. Al parecer fue el personaje de Schreck el que llevó a los productores de Spiderman a otorgarle el papel del Duende Verde (probablemente lo mejor de la primera entrega sobre el Trepamuros).




La inusualmente corta película (apenas hora y media) se apropia del mito de Nosferatu para mostrar el lado más vulnerable del vampiro, visto como un verdadero personaje romántico, el eterno solitario maldito que ya no es humano, pero que vive rodeado de ellos y se ve obligado a recordar lo que fue y ya nunca será. La sombra del vampiro es como un moderno y trágico cuento de hadas con forma de homenaje a la mejor película vampírica de la historia.

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