domingo, 22 de octubre de 2017

Atómica (David Leitch, 2017): Crítica reseña de la película


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC




No es una gran película, por desgracia no llega ni de lejos a lo que prometían los tráilers, los referentes que se intuían y los ingredientes que tenía, pero no se puede discutir que tiene muchos alicientes atractivos para que al menos pasemos un buen rato, sensación que mejorará aún más si no vas con expectativas preconcebidas.

Esa escena lésbica, esa Theron desprejuiciada, esas escenas de acción francamente bien rodadas… ¡no es poco!




Lo primero que comenté al ver el tráiler es que seguramente teníamos la versión femenina de John Wick, para después enterarme de que el director era, precisamente, uno de los codirectores de la cinta de culto protagonizada por Keanu Reeves, David Leitch. Violencia esteticista, un look muy cuidado, grandísimas coreografías, una protagonista carismática, brillante acción… componentes aplicables a la película que dirigió junto a Chad Stahelski (en la segunda de Wick, Leitch ya no estuvo).




Y aunque pretende una trama más compleja, basada en la novela gráfica de Antony Johnston y Sam Hart, y una estructura más elaborada, aprovechando un mayor presupuesto, no tiene, ni de lejos, el pulso de las cintas sobre el infalible asesino, ni su ingenio, vigor, capacidad alegórica y mitología.

Atómica es fría, no termina de fluir con esos saltos hacia atrás en flashback y hacia delante (que aportan poco, interrumpen y a menudo no se entienden), tan fría como los baños en hielo para curar su cuerpo que se da la protagonista…




Estamos en 1989, antesala de la caída del muro de Berlín. Un reloj con una valiosa información (macguffin), que contiene la lista de todos los agentes encubiertos, ha sido robado. Lorraine Broughton tendrá que infiltrarse en Berlín oriental para intentar dar con él, enfrentándose a agentes dobles y múltiples asesinos.

La violencia es explícita y en algunas ocasiones realista, pero siempre con una estética muy cuidada, tanto en exteriores, con la excelente ambientación de ese Berlín en crisis, como en interiores, con esos entornos ochenteros llenos de neones de colores.




Leitch, como Stahelski, rueda maravillosamente la acción, con planos sostenidos, recurriendo al montaje cuando es menester, pero sin acelerarse nunca, mostrando los que sucede con total detallismo para que el espectador disfrute, no se pierda nada ni se fatigue con cambios de plano o un exceso de velocidad. Es cierto que no hay muchas escenas de acción, y que se insertan de manera discutible en la trama, pero las que hay son realmente soberbias.

La primera recurre al montaje, siempre con acierto, además de tener grandes coreografías, planos alargados y sostenidos y soluciones ingeniosas y originales en las peleas y las huidas.




La segunda es, sencillamente, la escena de la película, y unas de las grandes escenas del género en los últimos tiempos. No hay que evitar reconocerlo. 8 minutos de acción con Theron subiendo y bajando escaleras enfrentándose a otros asesinos con tiroteos y peleas asombrosamente coreografiadas, realistas, muy físicas e híperviolentas, tanto en el primer combate contra los dos primeros matones como en la primorosa y larguísima pelea final. Todo en plano secuencia (con sus truquillos), un tour de force de la dirección y la buena de Charlize Theron que resulta memorable… pero cuando crees que ha terminado tenemos persecución en coche también sin apenas corte… En serio, no se la pierdan, justifica el visionado.




Los momentos de pausa, descanso del guerrero o donde vemos a los personajes en sus habitaciones, sirven para ir desgranando la evolución de los disturbios en Berlín previos a la caída del muro y del régimen comunista en los noticiarios.

Otro de los puntos fuertes del film, aparte de los momentos eróticos o sugerentes y la acción, es la cita al gran Tarkovski en esa persecución que nos lleva a un cine donde ponen Stalker (1979). Hay otro referente citado, David Hasselhoff, como icono ochentero...




Y es que la película, en su transitar, lo hará a ritmo de música Pop de los 80, con grandes títulos y artistas (New order, David Bowie, Depeche Mode, George Michael, Queen…), una colección amplia.

Charlize Theron, que gusta de estos papeles de acción, realiza una buena encarnación de esta agente fría, impertinente, descarada, sensual y competente, algo afectada en su chulería a veces, pero eficaz. James McAvoy está resuelto en su excesivo papel, como contrapunto perfecto a la protagonista. Él es Percival, un pequeño Maquiavelo, como se verbaliza en el film.




Si gustáis de las películas de acción bien hechas y facturadas, no lo dudéis, esta es una opción más que apreciable, que sin ser ninguna obra maestra, nada especial ni original, entretiene y tiene alicientes de sobra.

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