miércoles, 25 de octubre de 2017

José Ignacio Lapido - El alma dormida (2017): Crítica reseña


por Alberto Iniesta (@A_Maqueda_8)
del blog Discos




Hay músicos cuyos nombres son, por derecho propio, sinónimo de calidad. El de Lapido hace tiempo que es motivo de alegrías en forma de canciones y discos con mayúsculas, fruto de una trayectoria en solitario maravillosa y tantos y tantos himnos con los 091 a sus espaldas. Después de volver a girar con los Cero en los últimos tiempos con merecido éxito de crítica y público (más vale tarde que nunca), vuelve a sacar otro discazo después de aquel Formas de Matar el Tiempo. Cuatro años después, las canciones vuelven a ser protagonistas: dedicado a su madre recientemente fallecida, en las once canciones que dura este precioso viaje se respira un deje de sensibilidad comprensiblemente mayor de lo que nos tiene acostumbrados, especialmente en algunas letras y en ese brillante uso (ni escaso ni excesivo) de las teclas. La aguja comienza su recorrido por los primeros surcos, esto empieza.




Con cuidado, el single de adelanto, tenemos una canción que se levanta impecable sobre un riff prometedor que cumple, y de qué manera, con las expectativas. La letra evoca una realidad con una fuerte dosis de profundidad, tan cruda como cierta: “nunca se está lo suficientemente preparado para comprender que hay cuentos sin final feliz”.

Como si fuera verdad puede parecer algo más tímida musicalmente que la anterior, pero la letra, reivindicativa, se encarga de desmentirlo cuando nos invita a luchar por la libertad “ahora que estáis a tiempo”. Va soltando lastre a medida que la unión entre la letra y los acordes es deliciosa y total, sin dejar nada a medias.

Todo el disco tiene unos arreglos instrumentales que quitan el hipo, pero en La versión oficial esa constante es incluso más notable. Con una letra de plena actualidad, Lapido canta: “si preferís soñar, los sueños os mentirán.” Porque a veces, demasiadas, la realidad parece un mal sueño.

Una de las más brillantes del disco llega con Mañana quién sabe, con un sonido de teclas glorioso cortesía de Raúl Bernal, incluyendo un gran solo minimalista y brillante a lo In my life de los Beatles. Líricamente, un particular canto al desengaño urbanita: “late la tristeza en el corazón de las ciudades.”




Con Nuestro trabajo sube el nivel del agua, desembocando en un estribillo impecable. Dotada de algo más de fuerza, es inevitable pensar en esta canción en cualquier disco de los Cero. Lo cierto es que encajaría en cualquiera.

La letra de No hay prisa por llegar nos da la clave para intentar comprenderla mejor: un cielo en llamas y un poema. Entre el fin del mundo y las letras de Lapido podemos hacernos una idea de por dónde van los tiros. Parafraseando al título, no hay prisa, pero si llega que nos pille escuchando LPs como este.

En Lo que llega y se nos va tenemos un riff poderoso reforzado a la perfección por las teclas, justo a lo que me refería cuando hablaba de su excelente papel en el disco. Por el título y por lo que provoca la canción en sí, imposible no pensar en el dolor de la pérdida de su madre. Con todo, perfecto ejemplo de que se puede cantar con guiños al pasado sin que la integridad se vea afectada.

Difícil elegir una sola canción dentro de este discarral, pero sin duda Escalera de incendios es una candidata firme a ese puesto. El estribillo arremete sin pudor para declarar “en una escalera de incendios donde nos fuimos después de quemar nuestros sueños”. Sin duda, una de las joyas que más brillan de este disco, que contiene algunos de los mejores minutos de música que me ha regalado este 2017. Una vez más, seguro que no será la última: gracias, maestro Lapido.

Cuidado
https://www.youtube.com/watch?v=IidE-iubYHE

Mañana quién sabe
https://open.spotify.com/track/3AzJwKaxMMroxg2kSwXFMG

Escalera de incendios

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