domingo, 29 de octubre de 2017

Crítica de Barry Seal: El traficante (Doug Liman, 2017): Reseña


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC




Anuncié esta película, Barry Seal: El traficante, hace un par de años como ejemplo de ese viraje que Tom Cruise iría haciendo en su carrera. Una carrera que en los últimos años se ha centrado en el cine de acción y ciencia ficción, el puro entretenimiento, complejos y elaborados en ocasiones, mientras parecía haber pausado proyectos más exigentes desde el punto de vista interpretativo.




No sabía nada de la cinta, más allá de la sinopsis, pero ya se intuía que la cosa iría por terrenos distintos al puro cine de acción. Un thriller sobre la fascinante e increíble historia real de Barry Seal, un piloto que terminó trabajando para la CIA, el Cartel de Medellín, la DEA, el gobierno de los Estados Unidos, haciendo espionaje, tráfico de droga y armas y el necesario blanqueo de dinero con las ingentes cantidades que fue ganando, metido en medio de un entramado de intereses tan cínico e hipócrita como lucrativo en el movido mundo del narcotráfico ochentero.




No me equivoqué. Cruise hace un magnífico trabajo, en tono distendido, con este intrépido, pícaro y aventurero personaje, aspectos que necesariamente tenían que atraer al actor, muy identificado con ellos, lo que le ha permitido además rodar él mismo las escenas de vuelo que vemos en el film (donde hubo algún polémico accidente además).




Aliado con Doug Liman de nuevo, con el que pronto rodará la segunda parte de Al filo del mañana (2014) en 2019 y Luna Park (2018), otra cinta de ciencia ficción, el actor seguirá explotando mientras su físico aguante la vertiente más comercial de su carrera, antes de embarcarse en más proyectos del tipo Barry Seal, que irán cayendo poco a poco y cada vez más, con seguridad.




El magnífico actor, con sus patentados tics, la estrella más grande del cine moderno, con cuatro décadas en lo más alto, que se dice pronto, hace una estupenda encarnación de ese piloto estupefacto, perplejo, fascinado, disfrutón, sinvergüenza, carismático, sobrepasado y, finalmente, resignado, en un registro ligero, expresivo, funcionando perfectamente en la comedia y con un lenguaje corporal muy bien medido. Un Cruise a gusto, resuelto y que promete mantenerse en lo más alto por muchos años.




Doug Liman, que no olvidemos inicio la saga “Bourne”, realiza un buen trabajo desde lo visual, manejando el montaje una vez más, en estos trabajos no tan apegados al molde clásico, como forma expresiva y para marcar el tono, como rasgo fundamental del estilo. Mucho corte, sincopado, utilizando saltos temporales constantes, recursos visuales que den sensación de inmediatez, improvisación, como esos zoom bruscos hacia delante o hacia atrás, con correcciones constantes y encuadres espía de una cámara inestable, casi siempre en movimiento… una dirección lisérgica, como distraída, que usa diversas texturas, dando un vigor y un ritmo indiscutible a una historia que es pura adrenalina surrealista. Hay un punto al Scorsese de sus retratos de mafiosos o hedonistas, como El lobo de Wall Street (2013), si bien Liman no llega nunca a tener el pulso narrativo y vigor del veterano Martin.




Aunque es cierto que podría cuestionarse el tono del film, tanto en cuanto hace seductor a este tipo y al mundo que lo rodeó, debe entenderse siempre como una sátira superficial, usando ese tono para ridiculizar todo el entramado y los valores que lo manejaron. Una amoralidad donde las ideologías importan lo que sube la recompensa. Por ello se recurre a la digresión como cuña narrativa, para desde la anécdota desarrollar la esencia del film. Así, aunque el lado oscuro no se aprecie o aparezca atenuado, es una decisión artística más que satisfactoria a la hora de abordar el retrato.




La película, sostenida sobre los hombros de Cruise, no decae en ningún momento, ofreciendo un entretenimiento de gran nivel, muy recomendable.

Alejada de los habituales biopics, la película es entretenida, divertida, muy bien interpretada (acompañan a Cruise unos eficientes Domhnall Gleeson y Sarah Wright), y salva también el retrato de narcotraficantes habitual, en un contexto más matizado de lo que parece en su ligereza. Disfrútenla.

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