domingo, 15 de octubre de 2017

Crítica de "Los misteriosos asesinatos de Limehouse" (Juan Carlos Medina, 2016): Reseña


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC




Me fascinó la estética que se apreciaba en el tráiler de esta película, si bien ya mencioné que se le sacaba poco partido en el mismo, con los exteriores fugaces que aparecían.

Esto se confirma en todo en la misma película. Una maravillosa ambientación, el punto fuerte, para potenciar una historia de truculentos asesinatos decimonónicos en Londres con detective concienzudo (se insinúa que homosexual) y abnegado. Pero a la que se saca poco partido.




Se plantea cierto contexto real con referencias a asesinatos reales ocurridos años antes, (los de la carretera de Ratcliffe supuestamente cometidos por John Williams en 1811), que tienen su eco en el Golem que va dejando un reguero por londinenses calles del victoriano 1880. Antecedentes para la futura irrupción de Jack el Destripador. Además aparecen iconos culturales, que serán sospechosos, como Karl Marx, en simpático guiño.

Todo esto, unido a ciertas referencias literarias que tendrán pleno sentido en la resolución (Alexander Pope, Thomas de Quincey), hacían de la cinta, a priori, algo sugerente. Y si bien la historia entretiene, evidentemente, resulta, en general, decepcionante y falta de fuerza.




La fotografía y atmósfera, que reitero es lo más destacado, funcionan, si bien se ahoga en exceso en interiores sucios, naturalistas, oscuros, para retratar conversaciones, prescindiendo del suspense. Por desgracia salimos poco al exterior, especialmente nocturno, aunque esas salidas son verdaderamente gozosas por la excelente estética que hay en ellas (aunque, manda narices, algunas sean narrativamente prescindibles…). Un trabajo estupendo, en cualquier caso, el de Simon Dennis en la fotografía, especialmente en los mencionados pocos exteriores de fascinante estética gótica a los que se saca poco partido.




Hay en la película, que adapta la novela de Peter Ackroyd, cierta insinuación feminista, manifestada de distintas formas, bastante interesante en ese subtexto.

La dirección del español (nacido en Miami) Juan Carlos Medina recrea con acierto ambientes, si bien carece de fuerza. Los movimientos sinuosos de cámara se limitan a retratar entornos, y los momentos truculentos resultan previsible y esperados, carentes de suspense. Visualizaciones impactantes, efectivas, pero poco resolutivas y emocionantes. Utiliza picados para la muerte.




Sí son interesantes los planos que realiza a ciertos personajes, con mucho aire a un lado del encuadre y algo a su espalda, significativos y con sentido (sin revelar spoilers), además de las apariciones de los espejos, en ocasiones sucios.

Más allá de todo esto, podemos ver en su trama ciertas referencias, influencias o títulos que vienen a la cabeza. “Eva al desnudo” (1950), con esos entornos de salas de variedades y actores y actrices ambiciosos o no, que se repelen o envidian. “Las dos caras de la verdad” (1996) en ese juego de engaños y cárceles. Dramas o intrigas judiciales del estilo de “Testigo de cargo” (1957) o la hitchcokiana “El proceso Paradine (1947). Además de las evidentes referencias a intrigas decimonónicas de asesinatos de estética gótica, aunque esta lo sea del montón…




El ego defenestrado, el orgullo convertido en ira, la manipulación, la ambición sin escrúpulos, la fama como esencia vital, la aspiración de trascender, la mentira y la traición como principios de conducta… son temas que se plasman en esta cinta de gran atmósfera, que entretiene, pero que prometía mucho más, resultando lánguida, falta de fuerza, algo arbitraria en ocasiones… El aspecto dramático y el vínculo entre los dos protagonistas, no termina de funcionar tampoco.




Destacaremos las interpretaciones de los dos protagonistas principales, un sobrio Bill Nighy y una ambivalente Olivia Cooke. También Douglas Booth. Podemos disfrutar de la también española María Valverde, que además nos enseña su bello cuerpo, en un papel poco sutil.

Para una tarde perdida y distraída.

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