sábado, 20 de agosto de 2016

Crítica de "Seven" (David Fincher, 1995): film review


por Möbius el Crononauta



En ocasiones las personas no reaccionan cuando les tocas el hombro. A veces hay que golpearlos con un martillo.

Brad Pitt, el niño guapo de Hollywood, que realmente podía llegar a espeluznar en papeles como Tierras de pasión, me sorprendió agradablemente en Seven. Y tampoco esperaba disfrutar tanto con una película de un director desconocido que había rodado una irregular tercera parte de la saga Alien y unos cuantos videoclips. Pero lo cierto es que la poderosa fuerza visual de Seven subyugó a muchos espectadores, y muchos momentos del film nos acompañarán a algunos de nosotros para siempre.


Andrew Kevin Walker era un guionista que no gozaba de demasiado éxito que trabajaba en una tienda de Tower Records. Pero a veces ocurre que llega la historia ideal en el momento adecuado. Walker tenía entre manos el que probablemente sería su mejor trabajo, una historia sobre un asesino en serie y dos policías que tratarán de atraparle.




En un principio el borrador parecía la típica historia del policía veterano y el joven aprendiz, aunque el guionista supo crear un asesino sistemático y cruel que llevaba a cabo una serie de asesinatos basados en los siete pecados capitales, una idea tan sencilla como eficaz.

El director David Fincher consiguió crear una atmósfera oscura y opresiva, retratando una ciudad anónima repleta de violencia, crímenes y vicio que parecía un retrato del día a día de un policía en Gotham con el detective murciélago de vacaciones. Tanto por la temática de los crímenes como por la escenografía desplegada Seven puede considerarse como una historia gótica de policías, un thriller con altas dosis de terror psicológico y alguna que otra escena realmente impactante. Unos de los mejores títulos de crédito de los últimos años te preparaban para ponerte en tensión incluso antes de la primera escena.




Un sorprendente Brad Pitt hizo un buen trabajo poniéndose en la piel del joven e impetuoso detective Mills, en una época en su carrera en que buscaba deshacerse del registro de chico guapo, mientras que Morgan Freeman ahondaba en su eterna imagen de tipo sabio y tranquilo, y es que hay actores que parecen haber nacido para interpretar cierto tipo de papeles. Y el pobre Freeman parece llevar veinte años interpretando el mismo personaje. Una anecdótica e insulsa Gwyneth Paltrow interpretaba a la joven mujer de Mills. Para mantener la sorpresa de aquellos que no han visto el film no citaré al actor que interpreta al asesino John Doe, pero es sin duda uno de sus papeles definitivos.

Y es que John Doe es sin duda la fuerza motriz y el personaje principal de la película, aunque pasa muy poco tiempo en pantalla. Resultar curioso (y el dato habla en favor de la pericia de Fincher al rodar el film) que la imagen que muchos tenemos de uno de los asesinos definitivos del cine de los últimos tiempos nunca salga matando a nadie en la pantalla. Sólo el espeluznante resultado de sus trabajos psicóticos basta para crearnos una imagen de lo inteligente, despiadado y cruel que puede llegar a ser John Doe.




Así, los detectives se devanarán los sesos intentando atrapar al asesino participando en un sórdido juego preparado por Doe como obra imperecedera que propague su mensaje al mundo. El perfecto plan del asesino se irá desarrollando hasta alcanzar un sorprendente desenlace de esos que no deja a nadie impasible. Por supuesto los productores insistieron en cambiar el final del film, pero gracias a la presión de los actores y del director finalmente se rodó la escena como había sido escrita.

Seven es, por derecho propio, una referencia ineludible en el cine de los 90.

Visita el blog La cinta de Moebius

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada