domingo, 21 de agosto de 2016

Cocido montañés - Microrrelatos (Cosas en los bolsillos, nº 144)



Cocido montañés

UNA noche desperté en mitad de la oscuridad con la comprobada certeza de que había olvidado el despertador en el comedor, como así fue. Salí sigilosamente del dormitorio, con el cuidado de no perturbar el sueño de Verónica, que dormía plácidamente, pétrea, como un ángel entre la bruma. Anduve muy despacio por el pasillo para que los niños tampoco me sintieran. Los calcetines de lana me servían de cómoda colchoneta que atenuaba cualquier pequeño ruido. Me deslizaba muy lentamente, a tientas, con la luz apagada por ese camino conocido. Alcancé el comedor, cuya puerta estaba abierta de par en par, accioné el interruptor de la luz y allí estaban todos: algunos, sentados a la mesa, como el abuelo Miguel y la abuela Elisa, que charlaban entre susurros amablemente con la señora Celsa y su marido. Otros estaban de pie, como el doctor Elías y aquel viejo cura, don Pancracio, que había conocido de niño; ambos estaban con la tía Enriqueta, a la que identifiqué solo por unas fotos antiguas del álbum de los abuelos. En el sofá estaban mamá, papá y el tío Aurelio, y también había un sitio para Carlitos, el pobre. Había más gente allí. Yo me hice el despistado y me dirigí distraídamente hasta el lugar en que reposaba el despertador, junto al mueble bar, apartando con cuidado a alguna que otra persona que interrumpía el trayecto. Lo tomé (el corazón a cien, ya supondréis), volví sobre mis pasos y en una última y fugaz mirada -antes de cerrar definitivamente la manilla de la puerta- pude ver a Verónica entre una nube de humo. Me guiñó un ojo.


Desmayado en el suelo me encontraron mis hijos a la mañana del día siguiente en que enterramos a su madre.

ÁCS

2 comentarios:

  1. Estupendo. Me lo imagino aún reciente su pase en una pantalla de cine, con el patio de butacas puesto en pie y dispuesto a votar para que el premio al mejor cortometraje se lo lleve el autor de haber convertido en poesía visual la historia.

    Por cierto. ¿Cocido montañés es lo que se metió entre pecho y espalda antes de soñar esto durante la siesta, no?

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  2. Jolines, gracias, no esperaba ese despliegue de palabras amables. ¡Lo que hace una fotografía como esa a estas horas! Jajaja. Montañés fue el cocido, sí, pero esto lo escribí ayer por la tarde y el cocido lleva ya digerido y expulsado por lugar habitual casi dos semanas. ;)

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