lunes, 15 de agosto de 2016

Taste - Liver At The Isle Of Wight (1971): Crítica review


por Alberto Iniesta (@A_Maqueda_8)
del blog Discos




Hablando de discos en directo, se antoja inevitable pensar en la figura de Rory Gallagher, ya sea en las filas de Taste o en solitario. De momento el LP que protagoniza estas líneas es este directo de Taste en el festival de la isla de Wight, donde tocaron también un buen puñado de genios como los Doors, Who, Ten Years After o Miles Davis. Se lanzó, junto a otro directo del grupo titulado Live Taste, un año después de la disolución del grupo, a modo de despedida. 



Nos perdimos más años de un grupo que durante su breve vida nos regaló momentos realmente brillantes a los que nos gusta esto del rock, pero ganamos la carrera de un genio como Rory Gallagher en solitario. Uno de los músicos más injustamente infravalorados y olvidados, algo que por otra parte no le impide pertenecer por derecho propio a la santísima trinidad de genios de las seis cuerdas. Este disco en directo es tan solo una prueba más del virtuosismo ilimitado de Rory, que contaba con tan solo veintidós años de edad cuando Taste ofreció el concierto que daría lugar a este álbum. Ya era uno de los mejores en ese momento, y a lo largo de su carrera después de Taste no hizo sino confirmar que estábamos ante uno de los grandes. Pero no solo él: sus dos compañeros de banda en Taste, Charlie McCracken al bajo y John Wilson a las baquetas estaban a la altura de Rory, y a lo largo del disco queda demostrada con creces la complicidad existente entre los tres sobre el escenario. Es difícil que con tres músicos de ese nivel el resultado no sea una gozada para el oído. Vamos a lo importante: música!




Todo comienza con What's Going On, el tema más conocido del grupo, del inmortal disco On The Boards. Alargada respecto a su versión de estudio por la libertad que ofrece el directo, el resultado final se presenta más libre y más bluesero, algo que perseguía con fuerza Rory. Sirve de perfecta introducción al Sugar Mama, blues del que hacen una versión de diez minutos en los que consiguen llevar el tema a su terreno, como si de uno suyo propio se tratara. Los aullidos de Rory son estremecedores, mientras que la línea de bajo de Charlie es un acompañante ideal en un corte que es uno de los puntales del LP. Tras este llega Morning Sun, canción de contradicciones: el furioso riff que introduce el tema con la pausa en el estribillo y esa paradoja entre el morning sun y diciembre. Glorioso cómo el bajo responde a los solos de Rory.

En Sinner Boy el grupo se prepara para los dos platos fuertes del final. Los minutos finales de I Feel So Good elevan el virtuosismo de Rory Gallagher a la altura del I'm Going Home de Ten Years After en Woodstock. Es un solo incendiario precedido por una batería que con gran precisión da pie al momento más brillante del disco musicalmente hablando. Catfish, que empieza reposada para digerir lo anterior (si es que es eso posible), experimenta un aumento de decibelios a lo largo de sus catorce minutos de duración, en los que la batería sirve de guía con la ayuda de la inseparable fender de Rory. A medida que avanza la canción se establece un diálogo entre la guitarra y la batería al que más tarde también se apunta el bajo en unos momentos que son un auténtico regalo, como cualquier trabajo discográfico donde aparezca el nombre de Rory Gallagher. Melena al viento, vaqueros desgastados, camisa de cuadros, fender stratocaster... tan auténtico que asusta. No hay peligro, solo es rock and roll.











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2 comentarios:

  1. recordar que el concierto fué el 28 de agosto de 1970

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  2. excacto, y este al igual que el live taste salieron en el 71. Buen apunte

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