lunes, 8 de agosto de 2016

Crítica de "Jason Bourne" (Paul Greengrass, 2016): review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



La última entrega de la saga Bourne nos devuelve a Matt Damon en el papel protagónico y, aunque ha sido recibida con más frialdad y le han puesto algunos “peros” más (generalmente vagos), que a las anteriores, lo cierto es que mantiene el nivel, estilo y fuerza de las anteriores, sin desmerecer a ninguna y dejando al gusto personal la preferencia.


Apegado a la actualidad, con esa Grecia en estado en ebullición donde sucede la primera gran escena de acción, contexto coherente con las esencias de la saga Bourne, y a la vez superfluo en relación a la trama, ajeno a lo que bulle en su interior, un conflicto individualizado, oculto en ese maremágnum de cócteles molotov, cargas policiales y rostros invisibles e indefinidos, “Jason Bourne” se eleva como exponente en los terrores e inquietudes de las sociedades occidentales modernas, que parecen estar destruyéndose desde dentro al ver diluida su esencia, puesta en cuestión continuamente por ellas mismas y cediendo ante ataques externos acomplejadamente.




Matt Damon -ese hombre con aspecto de yerno perfecto-, es un magnífico actor, sobrio, con aire de tipo honesto, bondadoso, incluso ingenuo, que sorprendió a propios y extraños al enfundarse el traje de este sensacional héroe de acción que ha marcado el thriller del nuevo milenio. Porque eso es Bourne, la mejor saga de acción, y puede que no sólo de ese género, del nuevo milenio.

Jason Bourne sabe y conoce cómo funciona el mundo, lo sabe demasiado bien. Vive en sus márgenes, en lo undreground, conviviendo con la mentira y el engaño a diario, sus inseparables compañeros vitales.




Toda la saga Bourne es un maravilloso retrato de la soledad en este hipertecnificado mundo contemporáneo. Por ello, su relación con ese mundo es técnica, funcional, mecánica y electrónica, todos los vericuetos tecnológicos, los gadgets, los artilugios, los protocolos de actuación… no tendrán secretos para él. En cambio, toda relación humana, con enemigos o aliados, cualquier vínculo más afectivo, está condenado a la tragedia o el fracaso. Es una idea maravillosa que se mantiene coherente en toda la saga, con la salvedad de “El legado de Bourne”, película que no incluyo en estas reflexiones, a pesar de estar dirigida por Tony Gilroy.

Una idea que me trajo a la cabeza (esas relaciones sinápticas misteriosas), la obra maestra de Roman Polanski, “La semilla del diablo” (1968), que escenificaba la soledad urbana como ninguna otra, y lo hacía desde un género más artificial y poético, el de terror, alejándose del más convencional drama. Aquí se retrata desde el caos de un mundo tumultuoso y frenético en un thriller de acción. Sensacional.




Las escenas de acción son intachables, y la película recoge muchos de los elementos de las tres entregas anteriores (los seguimientos, las persecuciones y las pelas físicas y contundentes, el pasado que regresa…), aunque quizá estas escenas no lleguen a ser tan recordadas como sus referentes, aunque bien es cierto que lo serían por derecho propio, al menos alguna (la persecución en Grecia, la que acontece en Las Vegas con el furgón blindado o la pelea final).

Indagar en nuevos aspectos del pasado del protagonista podrían ser los elementos más cuestionables o donde la película podría titubear, pero lo cierto es que mantiene la coherencia y esencia de la saga, dando un nuevo paso hacia un Bourne, por qué no, crepuscular en siguientes entregas.




Esos supuestos altibajos de guión se han achacado al hecho de que Tony Gilroy no aparece como guionista, tras serlo durante toda la saga, pero no debe olvidarse que Gilroy ha sido el guionista, además de director, de “El legado de Bourne” (2012), cinta tangencial a la saga principal que queda muy lejos de ella. Por supuesto, no la cuento dentro de la saga porque no está a la altura.

Y es que los otros grandes fuertes de la saga, sin desmerecer en absoluto el excelente trabajo de Gilroy, se mantienen: el carisma de Damon y el poderoso trabajo de Greengrass en la dirección, una unión magnífica. Ha habido como un intercambio en esa separación de caminos, cuando Greengrass desapareció de la dirección en “El legado de Bourne”, mientras Gilroy seguía, para volver a aparecer cuando Gilroy ha abandonado la saga.




Los rasgos de estilo de Greengrass se mantienen en todo su esplendor, unos rasgos que suelo criticar y que me incomodan generalmente, pero que han definido el característico look de este thriller de toque estético europeo. No hay un solo plano estático, la cámara siempre y en todos los planos, incluso en los más aparentemente largos y pausados, tiene un balanceo; un montaje hipermusculado y muy sincopado que dota de un ritmo frenético y asfixiante exigiendo al espectador un ojo ejercitado para moverlo rápidamente por los encuadres antes del cambio de plano, sometiéndole a un estrés y experiencia exultante y extenuante. Se abusa en demasía del plano muy corto en ese frenesí de cortes en la edición, que sumado al balanceo continuo de la cámara puede provocar cierto rechazo o incomodidad en el espectador no habituado al estilo. Por eso resultó tan revolucionario.




Diréis, “pues Michael Bay hace lo mismo”… Pues no, primero no tiene nada que ver lo que hace Bay, aunque corte tanto como Greengrass, ni con la planificación ni concepción con la que ambos acometen sus proyectos, en concreto esta saga por parte del director británico.

La planificación y el desarrollo de esas secuencias de acción, o suspense, con persecuciones o meros seguimientos, es francamente impresionante. De una complejidad asombrosa.

Hay una concepción visual mucho más oscura y tenebrosa, donde la noche cobra especial relevancia, así lo comprobamos en la escena inicial en Grecia y en el clímax de la película, si bien es cierto que se abandonan aspectos simbólicos, incluidos seguramente por Gilroy y muy apegados a la saga, como es el caso del agua.




Todo esto, integrado en un debate más global: el de libertad versus seguridad, privacidad versus espionaje preventivo, con sus límites y excesos, llevado al mundo de internet, suman ideas en ese mundo donde el individuo honesto es el único que puede oponerse a todo ese universo corrupto de intereses encontrados. Son las luchas e inquietudes de la civilización occidental, un conflicto del que se están valiendo muchos de los enemigos de este estilo de vida. Una psicosis colectiva que no sabe, completamente desorientados, hacia donde virar.

Vayan a verla, es otra gran película de acción de esta sensacional saga.


Visita el blog CINEMELODIC

2 comentarios:

  1. todavía no la he visto,pero leyendo la crítica voy a ver si me la veo en la noche.

    ResponderEliminar