miércoles, 17 de diciembre de 2014

Greg Trooper - Incident On Willow Street (2013): Crítica del disco Review


por Addison de Witt (@Addisondewitt70)



Reconozco que este año ha sido muy campestre, muy silvestre y crepuscular, desde las oficinas de Addi hemos dado mucha caña al tema folk, country y americana, nos hemos relajado en las soleadas praderas y hemos refrescado nuestras penas en las peligrosas pero emocionantes aguas del Mississippi.

En el 2014 han ganado las mecedoras en silenciosos porches de cara al sol de retirada, con instrumentos de cuerdas desenchufadas, pedal steels aullando a la luna y plañideros cantos nostálgicos acondicionando el conjunto, aquel que ocupasen y en el que reinasen las otrora típicas tormentas eléctricas de irascible temperamento sónico que invitaban a la histeria muscular derivada de los frenéticos vaivenes que le obligábamos a cabeza y cuello a acometer al ritmo del rock sudoroso y pasional de los Young, Iggy o Vedder o del enraizado rock-blues de Stones o Crowes sin olvidar los compases mas tenues, que no faltos de intención rockera de Creedence, Skynyrd o Doors… ni menciono a los salvajes ofrecimientos de AC/DC, Maiden, Black Sabbath o Kiss que en tantas ocasiones han petado los tímpanos y las meninges del presente escribiente.



El 204 ha sido sweet, acariciador y bucólico, un año de música de heno y pajar, de olor a pan de centeno recién horneado y sabor a julepe de menta, y tenía que terminar con esas credenciales, no cabía otra.

Y si tengo a mano algo que defina exactamente la supremacía musical que ha presidido mis escuchas durante los últimos meses, ese algo es el hasta ahora ultimo trabajo de Greg Trooper, este evidente Incident On Willow Street, con el que despido el año más americana de los que hasta ahora se amontonan en mi memoria.

No tan conocido como Steve Earle o Vince Gill, aunque ambos han cantado composiciones suyas en mas de una ocasión, Greg Trooper nada tiene que envidiar a tan excelsos músicos, amigos y colegas, pues vasta, para darse cuenta de esto, con echar el oído a cualquiera de los temas que jalonan la carrera, humilde, sincera pero impoluta de este songwritter de New Jersey que acaricia la sesentena, cifra alcanzada con la serenidad de espíritu que se filtra de los sones de sus canciones.

Y no se trata de otra cosa este Incident On Willow Street que de esto, canciones de tono amable, de vocalidad tierna pero áspera, terrenal pero emotiva, de melodías que se retuercen en los interiores del artista, allí donde él deja anidar alegrías y tristezas para echar mano de ellas cuando la soledad o el recuerdo se lo solicitan.



Temas simples pero hermosos, relajantes, de joviales escobillas besando parches y steels que lloran en letanías, y esas acústicas que acompañan a las historias que Trooper nos cuenta con el mimo con que los abuelos narran sus juventudes.

Dos temas excelentes abren el disco, diferentes pero iguales, ambos se expresan igual pero utilizan diferente idioma, la primera es la bucólica y Dylaniana: "All the Way to Amsterdam", la segunda es la alegre y rebosante de desparpajo "Good Luck Heart", son las formas que el alma de Trooper tiene para expresar sus emociones dependiendo del momento, del sol y la luna del día artístico de un músico.

Y a repetir tristezas y melancolías, que todas caben en los corazones sentidos y románticos, a repetir preciosas baladas de ensoñadores lamentos nocturnos en las steels y barro en la voz, preciosos temas como “Steel Deck Bridge”, la maravillosa “Amelia”, o la springsteeniana: “ This Shitty Deal”.

La luz y el aire puro entrando por la ventana antes de la fiesta viene con las estupendas y optimistas guitarras y los juguetones ritmos de la casi medieval: “Mary of the Scots in Queen”, el rock hiperactivo de la estupenda y espitosa: “Living With You” que recuerda al mejor Elliott Murphy y los violines de la garitera y bailable: “The Girl in Blue”.

Y mas temas estupendos, para no pensar demasiado, las trascendencias quedan para otro día, hoy a seguir acompañado de la amabilidad de “Everything’s a Miracle” que mira a The Band mimetizándose con sus baladas mas sentidas, o la preciosa y arpegiada seriedad de “The Land of no Forgiveness” de lirismo incontrolable en el estribillo…

Si os interesa acercaros a este disco, os dejo descubrir lo que queda, merece la pena.

Un disco que entiendo como una buena despedida del americana y el bluegrass, del folk y el country que tanto y tan bien me han acompañado y entendido durante estos últimos meses.

©Addison de Witt

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