martes, 23 de diciembre de 2014

Neil Young & Crazy Horse - Ragged Glory (1990): Crítica del disco Review


by Don Críspulo


Definitivamente la década de los ochenta no fue la de Neil Young. Su desconcertante etapa en Geffen se saldó con discos mediocres e incursiones en terrenos baldíos como la electrónica que, lógicamente, no dieron fruto alguno. Al final de la década, joyas como el incomprendido This Note For You (1988) y sobre todo el buenísimo, pero algo disperso, Freedom (1989) enderezarían un poco la carrera del canadiense, carrera que solo tendría que esperar el inicio de los años noventa para volver a situarse en primera línea con la edición de una obra que hoy en día, más de quince años después de su publicación, se ha colocado como una de las piezas básicas en la trayectoria de Neil Young.


Con Ragged Glory Neil Young vuelve a lo que mejor sabe hacer: rock campestre, primitivo, artesanal, robusto y directo, y la jugada le sale redonda. Vuelve a buscar la compañía de quien mejor le conoce, la Crazy Horse, y vuelve a grabar con otro que también le conoce a las mil maravillas, David Briggs (que moriría cuatro años después). El resultado de esta unión no podía sino ser el que es, un nuevo compendio de coplas que hoy en día pueden considerarse auténticos clásicos en los conciertos de Mr. Young y que han sido versioneadas por multitud de bandas como es el caso de Pearl Jam y ese “Fuckin´ Up” del que dejaron constancia en su disco en directo Live On Two Legs.




Desde la primera nota de “Country Home” el disco desprende aroma al Neil Young más reconocible, más cañero como apuntaba en aquel lejano Reactor y en algunas piezas del anterior Freedom. Con ese inconfundible sonido de guitarra desafinado y chirriante y su voz nasal cantando melodías que en boca de otros quedarían simples y mediocres pero que cantadas por él alcanzan cotas inalcanzables para el resto, sin olvidarnos de esos coros deliciosos (“Days That Used To Be”, “Mansion Of The Hill”...).




“White Line”, “Fuckin´ Up”, Over And Over”… Una a una se van sucediendo las canciones in que haya altibajos ni tiempo para la desidia o el aburrimiento. Ni la estupenda versión de “Farmer John” de Don Harris rompe con la homogeneidad de un disco perfecto de principio a fin, que diez años eran muchos sin que este hombre nos diese una nueva obra maestra. Quizá la última copla, el maravilloso alegato ecologista llamado “Mother Earth (Natural Anthem)” se salgo un poco de los patrones del disco; una obra de poco más de cinco minutos en clave coral rebosante de épica y sentimiento, algo que repetirá discos más tarde.


En definitiva, “Ragged Glory” es la vuelta de Neil Young por la puerta grande después de una década de búsqueda y exploración. Un disco donde las ideas ya apuntadas en Freedom se asientan y donde se crean otras para futuros discos (Mirror Ball). Una obra donde el universo Young se recrea en si mismo volviendo a renacer en forma de obra maestra.

©Don Críspulo

2 comentarios:

  1. De aquí parten Pearl Jam, así que éxito absoluto. Me encanta la banda de Neil Young y la suciedad y sequedad de los temas. El problema de Geffen es que carga demasiado las producciones cuando tipos como Young no necesitan tantos aderezos. Gran crítica, Críspulo. Y déle a Megadeth.

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  2. A mí me gustan Megadeth (algunas cosas mucho y otras poco) Me meto con ellos pa´chincharte JAJAJA!

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