lunes, 15 de diciembre de 2014

Neil Young & Crazy Horse - Rust Never Sleeps (1979): Crítica del disco Review


by Don Críspulo


En 1979, en plena efervescencia punk, en plena desaparición de los mal llamados dinosaurios del Rock, Neil Young fue nombrado por la revista Voices Artista de la Década. Y no era para menos, porque lo hecho por el canadiense en aquellos años fue, ha sido, simplemente espectacular. Pero lejos de dormirse en los laureles o de hacerse un hueco en el sillón y vivir de las rentas de sus clásicos, este culo de mal asiento sigue buscando metas e inventándose proyectos para poder canalizar su enorme talento. Es así como llegamos a Rust Never Sleeps, uno de sus discos más importantes y mi favorito.

Grabado en directo (eliminándose muchas veces el sonido del público) y en dos vertientes, acústica y eléctrica, Neil Young consigue con esta obra alcanzar su mayor apogeo creativo (límite que romperá más de una vez en los años siguientes) y dejar para la historia del Rock, cuando ésta estaba dando un giro total, una de las mejores colecciones de canciones nunca reunidas en un disco.



El disco se abre y se cierra con la misma copla, “My My, Hey Hey” una en versión acústica (“Out Of The Blue”) y la otra en eléctrico (“Into The Black”) en uno de los arrebatos de distorsión que le dan al bueno de Mr. Young. Con frases como Rock & Roll is here to stay, Rock & Roll never die se deja claro el ideario del autor, mucho más comprensible 25 años después cuando más de tres generaciones de músicos y fans lo reclamen como líder, otorgándole incluso absurdos títulos como “Padrino del grunge” (algo que no debió gustar nada a Young).

“Thrasher”, posiblemente mi canción favorita de toda mi vida, sigue la senda de la vertiente acústica, donde a Young le acompañan Nicolette Larson, Joe Osborne y Carl Himmel, y es todo un relato encubierto de todos los problemas que tuvo en el pasado con sus compañeros de CSN&Y. Acompañado de una guitarra acústica, una armónica y su inconfundible voz nasal, Young nos deja, a base de preciosas metáforas y pleno de feeling un exacto documento de los sentimientos que pueda sentir una persona al enfrentarse a determinadas relaciones.




En “Pocahontas”, otra copla capaz de removerte los sentimientos más dormidos, vuelve a reclamar, como ya hizo en “Broken Arrow” un mejor trato a los indígenas americanos. Inspirado en la aparición de Sacheen Littlefeather rechazando el premio de Marlon Brando en la entrega de los Oscars de aquel año por la película El Padrino, Young demuestra aquí, una vez más, que melodías simples y unos arreglos escuetos son más que suficientes para bordar una obra capital del Rock.

La segunda parte, ya con la Crazy Horse y totalmente eléctrica, se abre con la poderosa “Powderfinger”, donde las reminiscencias sureñas son más que palpables, mientras que “Welfare Mothers” y “Sedan Delivery” son un preludio de futuros discos como “Re.ac.tor” o “Ragged Glory”. El disco se cierra, como ya hemos comentado, con la segunda parte de “My My, Hey Hey”.

Elegir un solo capítulo de la extensa obra del canadiense no es tarea fácil. Mis preferencias hacia una u otra pueden cambiar cada semana o con cada estado de ánimo. En un artista como Young, capaz de tocar con maestría diferentes palos, establecer con exactitud el valor de cada disco es algo demasiado arriesgado como para hacerlo a la ligera. Yo podría recomendar más de diez discos por los que empezar y más de diez por los que no hacerlos (no por faltos de calidad sino por no ser tan representativos como otros) así que si he escogido éste es simplemente porque es uno de mis favoritos (aparte de la inmensa calidad que atesora) pero podría haber sido “Harvest”, “Ragged Glory”, “Zuma”, “On The Beach” y un buen puñado de ellos más. Sea como sea, “Rust Never Sleeps” es, con toda justicia, uno de los discos más honestos nunca grabados por alma alguna. Ahí queda eso.

Entrada anterior: Discografía comentada de Neil Youg (1969-1975)

©Don Críspulo

1 comentario:

  1. Iba de obra maestra en obra maestra. Me gusta este disco porque muestra retazos de ese sonido tan sucio que mostraría en los noventa y que inspiraría a Pearl Jam; aunque la producción de este hombre es casi envidiable.

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