domingo, 11 de octubre de 2015

Crítica de las películas "Misericordia" y "Profanación" (Mikkel Norgaard, 2013 y 2014)


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



Stieg Larsson batió récords de ventas con su trilogía “Millennium” y su protagonista, Lisbeth Salander, una trilogía de novelas negras en la mejor tradición escandinava del estilo, pero ni de lejos eran las mejores.

Para lo que sí sirvió ese éxito es para que se conocieran o surgieran otros autores que habían permanecido en la sombra o que aparecieron aprovechando el tirón, lo que siempre es un aliciente y un punto positivo. Gracias ello muchos conocieron a un clásico como Henning Mankell, tristemente fallecido recientemente (nos dejó el 5 de octubre de este año); a nombres como el noruego Jo Nesbo; Liza Marklund; Asa Larsson o los clásicos de toda la vida como Maj Sjöwall y Per Wahlöö… Son muchos los autores que están surgiendo en este estilo, y muchos muy interesantes.



Y como consecuencia lógica llegó el cine. Ha habido muchas adaptaciones, pero de nuevo fueron las de “Millennium”, con remake americano dirigido por David Fincher incluido, las que han ido abriendo el camino decididamente.

A esta tendencia responden las películas que aquí os traigo, dos adaptaciones de las novelas del danés Jussi Adler-Olsen y su “Departamento Q”, que ya va por la sexta entrega.

Misericordia (Mikkel Norgaard, 2013) adapta La mujer que arañaba las paredes, mientras que Profanación (Mikkel Norgaard, 2014) hace lo propio con Los chicos que cayeron en la trampa.




Se las ha comparado, ya se sabe que se busca lo más cercano e inmediato, con el cine de David Fincher, algo que tiene su sentido con esas atmósferas frías, escenas con claroscuros, ambientes sucios y tétricos, tramas retorcidas, un detective con gabardina y una dirección de estilo depurado, que podría recordarnos a Seven (1995), aunque tiene más que ver con los paralelismos entre estas novelas y las de “Millennium”, del que el gran realizador americano adaptó la primera de ellas, Los hombres que no amaban a las mujeres (2011).

Tanto Misericordia como Profanación son dos títulos más que aceptables y estimulantes, muy sobrios y entretenidos, con un gran protagonista, atormentado y desastrado, algo clásico en estas nuevas novelas negras, que tiene una vida caótica y solitaria, incapaz de integrarse y relacionarse con normalidad. Al principio todo será caos, personal y profesionalmente. Un hombre que se sostiene a duras penas.




Un hombre que vive angustiado porque siente la impotencia de no poder resolver todas las desgracias humanas, sin darse cuenta de que abandona lo que tiene más cerca. Su familia. Una despreocupación familiar que contrasta con su obsesión laboral. En Profanación tendremos buenos momentos en este sentido, en la relación de Carl Morck, nuestro detective, y su hijo.

Ambas cintas dejan buenas atmósferas, buenas tramas y momentos intrigantes, aunque la segunda, Profanación, quizá sea ligeramente superior. Unas películas diurnas, de fotografía lechosa y clara, pero que no renuncian a los momentos de tenebrismo, haciéndolos más impactantes. Entornos grises y marrones, además de blancos, rodean a Carl (también su atuendo será así). Es fácil que todo ello recuerde al espectador a Seven”, la serie True Detective u obras similares.




Carl Morck ha sido desplazado de homicidios tras una misión que salió desastrosamente. Es recluido en el “Departamento Q”, un departamento que suele ser cementerio de agentes, donde se clasifican casos sin resolver. Allí conocerá a Assad, que será su compañero y se convertirá en su principal apoyo y fiel escudero.

En la primera cinta, Misericordia, tendremos un psicópata asesino en busca de venganza, mientras que en la segunda, Profanación, asistiremos al poder corruptor del dinero, que alcanza a todas las esferas sociales, o mejor dicho, cómo alguien malvado con dinero puede llegar a casi todas las esferas y corromper.

Hay dos personajes que son muy atractivos. El primero es Assad, el compañero de Carl, que parece la bondad y la comprensión personificada. Tiene una sutil evolución de una cinta a otra, ligeramente más hastiado en la segunda. El otro es el compañero que quedó postrado en cama tras la fallida misión que condenó a Carl al “Departamento Q”, un personaje motivador para el protagonista que lamentablemente desaparece en el segundo título.

El pasado, la pérdida, la venganza, la familia, son temas coincidentes en ambas películas. En las dos la estructura es similar, vertebrada en flashback que relacionan pasado y presente, algo coherente con la concepción misma de ese “Departamento Q”. A su vez, en el presente, también habrá fragmentación narrativa, siguiendo a los detectives y la situación de víctimas y villanos por separado, hasta confluir.




La sordidez, el sexo, la violencia, la crueldad, son elementos indispensables en las dos películas, igualmente.

Las fotos son elementos muy bien usados en ambas películas, algo que también recuerda en cierta medida a la primera entrega de “Millennium”. Incluso la protagonista de Profanación tiene algo del fatalismo de Lisbeth Salander.

Las transiciones, usando elementos comunes, que llevan del presente al pasado y viceversa, son interesantes. En “Misericordia” los onirismos restan algo de fuerza al clímax, algo que no ocurre en la siguiente.




Sus mayores defectos los tenemos en que, siendo entretenidas, no logran trascender, son cintas convencionales, interesantes, pero que no van más allá. Un típico noir escandinavo. Además contienen ciertas torpezas de planteamiento en las escenas de acción.

Merecen la pena, con ese retrato de una sociedad fría y gélida en la que germinan las más crueles y oscuras historias.

Mikkel Norgaard parece un director interesante, que ha participado en una reputada serie danesa también, Borgen.

Jorge García

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