domingo, 18 de octubre de 2015

Microrrelatos - Cosas en los bolsillos (102): Príncipe y plebeya




Príncipe y plebeya

EL príncipe, desencantado hasta entonces, conoció el amor en una plebeya sirvienta de la corte, de ojos azules, cabellos nemorosos y voz de terciopelo, una voz dulcísima que brotaba de sus labios cándidos, una villana que había convertido el corazón del príncipe en un paraíso de quetzales y tucanes, de idílicos arroyos cantarines, de serenidad total aunque, si de otra manera se mira, también en un lodazal o basurero, porque las neuronas del príncipe, creedme, enloquecieron, violentaron su personalidad primigenia haciéndola devenir en un totum revolutum, en un maremágnum de ideas socavadas y quebradas de suyo. ¿Qué hacer? ¿Qué dirección dar a la nave? Y venció el amor, como es costumbre.

Con una oratoria aprendida del mejor preceptor de la corte y con sus lágrimas consiguió quebrantar el otrora duro corazón de su padre, ya un rey anciano y chocho que accedió a dar su consentimiento al considerar que ese amor ilícito quizá colmara la felicidad de su apenado y único hijo, ya delantero y sin pensamientos en ese, de todos, anhelado desposorio.

Pero el matrimonio no fue totalmente feliz ese mismo día de la boda hasta que, tras los bailes, no se comieron las perdices y, así, pudo descubrir nuestro delfín, en el mismo lecho o tálamo sagrado, que la hermosa, dulce e inocente plebeya demostraba tener más conchas que un galápago en el diestro uso del amor más libertino y salvaje, cosa que, por un lado, el príncipe, en un primer momento, agradeció como pasmado a la par que sobrecogido y fascinado, pero, por otro, dejó sus pensamientos sumidos en un nuevo to be or not to be, pues lo que esperaba prístino y sin labor se encontraba arado y bien arado. Las risas melladas e incultas del populacho se oían a lo lejos. La corte andaba desconcertada. Y el príncipe y la princesa, hastiados por los dimes y diretes, huyeron hacia un cuento que más les cuadrara y en el que el narrador puntuase este plectro de la escritura con más tino, más aún a la hora de desvelar lo que no debe (que pareces tonto, joder).

ÁCS

2 comentarios:

  1. Oye, ¿no se llamará Leti..?, naaaa, déjalo, no é lo qe me digo. Los que yo pensaba no han huído, se han quedado en el mismo cuento.

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    1. Si supieras la foto que iba a presidir (en un primer momento arrebatador e inconsciente) este micro.

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