jueves, 22 de octubre de 2015

Crítica de la película "Sicko" (Michael Moore, 2007)


por Möbius el Crononauta





Sí, os hablo de Michael Moore, ese tipo que cada vez se parecía más a un Carlos Jesús sin perillita de alucinado, volvía a la carga en su cruzada contra los republicanos y una Norteamérica (más concretamente, unos Estados Unidos) más justa hace unos años con Sicko, un nuevo documental que en esta ocasión no era un alegato anti-Bush (aunque en realidad todos sus documentales lo son), sino una llamada de atención sobre el desastroso sistema médico de la primera potencia mundial.




¿Es Michael Moore un demagogo? ¿Un documentalista que dice las verdades del barquero? ¿Un simple retratista de la realidad? ¿Un ilusionista que usa cámaras en vez de cartas? ¿Un furibundo izquierdista antirrepublicano que tergiversa la verdad para adaptarla a su misión divina? ¿Un grano en el culo de la derecha más derecha de Estados Unidos? Quizás. Quizás sea todo eso, quizás nada, quizás en parte.

Lo que está claro es que Moore no es un documentalista al uso. Con el estreno de Fahrenheit 9/11 dejó claro (tanto en la película como en declaraciones en la época de su estreno) que su finalidad era que George W. Bush no saliera reelegido. No lo consiguió, pero dejaba claro que Moore no es un documentalista normal. Como diría Elwood Blues, Moore está en una misión de Dios, y con ese claro objetivo en mente (esto es, denunciar injusticias y tocarle las pelotas a los republicanos) se monta sus documentales en los cuales no creo que mienta directamente (puede que en algunas cosas, esto es una opinión y no un fruto de un estudio sesudo sobre su obra), pero desde luego sí me parece más probable que diga medias verdades, y de que aunque su verdad principal (esto es, la de sus documentales) sea cierta, quizás en ciertos detalles no pasen la prueba del algodón.




Lo cual no quita para, permítanme la redundancia, que sea cierto que Bush era un presidente lamentable, o que Estados Unidos tiene un problema con las armas y la medicina. Desde el punto de vista europeo al ver sus documentales, muchos llegamos a la conclusión de que, aparte de que muchos americanos parece que están completamente locos, los documentales de Moore no hacen sino refrendarnos en la imagen que muchos tenemos de los States, el país del gran jefe blanco.

Desde luego como europeo, al acercarse a los documentales de Moore no hay que olvidar que son documentales hechos por un yanqui para yanquis, especialmente para que ciertos yanquis abran los ojos. Para ello, sí, el orondo director juega sucio, pero más sucio juegan los políticos (parece que los republicanos más, pero vamos tampoco pondría la mano en el fuego alegremente por los demócratas) a los que se suele enfrentar.




Pongamos un ejemplo de Sicko. Pero antes, quisiera decir lo bueno que es Michael Moore en lo suyo. No sé si será el primer director estrella de documentales, pero estoy seguro de que la mayoría de nosotros apenas podrá nombrar a otro director de documentales tan afamado. Las razones son muchas. Primero, es estadounidense, toca temas polémicos en su país, y cualquier cosa o persona que se haga famosa allí es susceptible de que se haga famosa aquí, más cuando ese país tiene un presidente que, digamos, no es demasiado querido en el resto del mundo. Segundo, es muy bueno en lo que hace. A veces de forma sutil, a veces tan in-your-face como un eructo, Moore introduce en sus documentales gestos y escenas realmente inteligentes, osados, o porculeros; a veces son cosas obvias, pero en esos casos la inteligencia radica en el cómo.

Vayamos al ejemplo que decía. Moore, con su par de huevos gigantes, hablando del sistema médico en Estados Unidos, en determinado momento nos mete el 11-S (!!) al coger a unos cuantos voluntarios que trabajaron en las ruinas de las Torres Gemelas para ver cómo les trata la Sanidad y, en general el gobierno estadounidense. El grupo de voluntarios que nos muestra están tan jodidos como cualquier demócrata sin seguro médico. ¿Y qué hace con ellos? ¡Se los lleva a Guantánamo, y de refilón, a Cuba! Vaya tío; no me negaréis que no es buena jugada. Si moral o inmoral, cierta o no cierta, o demagógica, ahí no entro, pero como jugada, es todo un gambito de dama.



Y los que ya conozcáis el cine de Moore imaginaréis cómo es el tono de Sicko; más o menos como lo de Guantánamo. Moore comienza por enseñarnos algunos casos aberrantes de enfermos o accidentados que no recibieron tratamiento médico alguno por no tener seguro, para pasar a mostrarnos declaraciones de antiguos médicos y trabajadores de aseguradores médicas en las que el único objetivo es hacer dinero y evitar gastos, con lo que hay agentes especializados en investigar casos de sus asegurados y buscar maneras en las que negarles el tratamiento. Médicos que hablan de cómo recibían primas no por los pacientes atendidos, sino por lo contrario, por los pacientes a los que negaron el tratamiento, ahorrando así muchos dólares a sus compañías.

También nos muestra los casos de aquellos que, pese a estar asegurados, no recibieron tratamiento por tal o cual cuestión, desde la letra pequeña o casi cualquier enfermedad previa a muchos casos de enfermedades que no están cubiertas por los seguros. Todos estos casos, más los de aquellos que carecen de seguro, llevan no sólo a la muerte de muchos, sino a la ruina económica de familias enteras. ¿Y quién es el culpable de todo esto? Bueno, para empezar, cómo no, él, el Gran Magus del infierno, ¡Nixon! El hombre malo que terminó del todo con la Seguridad Social yanqui. ¿Cierto? ¿Falso? La verdad es que no lo sé, no me extrañaría que fuera cierto. Pero cuando salió su careto en la pantalla no pude evitar reírme.




El siguiente gran paso de Moore en su documental es el obvio: comparar el sistema médico de los Estados Unidos con el de los vecinos de Canadá, esa especie de yanquis europeos que viven al norte, para luego seguir con la de Gran Bretaña y Francia. Con la de España no, fíjate. Pero bueno, aunque quizás esas seguridades sociales no sean tan perfectas como las pinta Moore (al menos la española no lo es, desde luego), siguen siendo toda una bendición y un paraíso del bienestar social en comparación a lo que tienen los yanquis. Da miedito imaginarse el vivir en los States sin seguro. Eso casi parece más letal que vivir junto a un campo de prácticas de la NRA. Por último, Moore nos hace su jugada cubana, en plan Capablanca, y se pregunta por qué en los Estados Unidos no pueden tener un sistema similar.

Sicko es un film del 2007, pero es interesante verlo hoy, en pleno 2009, con un presidente negro en la Casa Blanca que quiere intentar mejorar, aunque sólo sea un poco, el sistema sanitario americano. Para impedirlo los republicanos han montado campañas de (imposible llamarlas de otra manera) desinformación que ríete tú de los documentales de Moore. Michael Moore es bueno, pero entre los republicanos los hay que le ganan, al menos en desvergüenza.

Pues así estábamos, o más bien estaban ellos, en eso de ver si Obama odía sacar adelante un simple parche a un sistema médico bizarro, mientras los más radicales hablaban de comunismo y de falta de libertades, y del gran coco estaliniano que vendrá si los yanquis tienen que pagar más impuestos por una Seguridad Social que dirá a todo el mundo lo que tiene hacer. ¿Se llegaría a cambiar algo, o permanecería todo igual? Yo era pesimista al respecto, pero en fin, quién lo sabía entonces. Si hay un negro en el poder igual dentro de cien años los yanquis más yanquis aceptan eso del modelo médico europeo y tal.

Con Sicko Moore ponía de nuevo el dedo en la llaga, y ofrecía lo mismo de siempre, un producto que gustará a sus seguidores y asqueará a sus detractores. Seáis lo que seáis, ya sabéis lo que os vais a encontrar si la veis.

Por cierto, estaría bien que alguien hiciera un documental sobre hasta qué punto influyó el dinero y las armas yanquis en el desarrollo europeo de su bienestar social tras la Segunda Guerra Mundial. Seguro que habría resultados interesantes.

Möbius el Crononauta

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