jueves, 29 de octubre de 2015

Crítica de "Conan el Destructor" (Richard Fleischer, 1984)


por Möbius el Crononauta




Seguro que esto que voy a contar lo vais a entender enseguida. Creo que un día tendré que hacer un listado de las diez películas que fui a ver al cine siendo crío y me dejaron en éxtasis durante días, que fueron casi todas. Resulta curioso, además, cómo todavía recuerdo uno de esos días perfectos que persisten en la memoria, envueltos por el aura de la distancia y los tiempos de azúcar y recreos. Comí con mi tío abuelo y me hizo macarrones, su gran especialidad; eran espectaculares. Luego nos llevó a mi hermano y a mí a ver Conan el destructor. ¡Maldita sea!, nunca pude olvidar la escena de Conan arracando el cuerno de aquel bicho venido del más allá. ¡Y dentro estaba André el Gigante! ¡Qué cosas!


Por desgracia, no todos los recuerdos infantiles pasan la prueba del tiempo. Conan el bárbaro era y sigue siendo un gran film, y tanto Oliver Stone como John Milius hicieron un magnífico trabajo con él. Conan el destructor fue otro cantar. La típica secuela hecha para aprovechar el filón que deja mucho que desear.




No es que tenga un gran problema con todos esos trajes, cascos y demás props reutilizados del primer film que dan al realismo interior del mundo cinematográfico de Conan un toque confuso, ni con el irritante compañero de Conan, indigno de su predecesor, el gran Subotai, ni con el poco encanto que quedó del primer Conan, ni siquiera con la alarmante falta de grandilocuentes frases que adornaban al primer film. El principal problema de Conan el destructor es que su guión es jodidamente malo.

Todo lo que tiene lugar en Conan el destructor es digno de los guiones de los centenares de copias que se rodaron intentando aprovechar el auge del género de magias, espadas y demás. Conan y sus amiguetes van de un lado a otro sin ton ni son haciendo estropicios, liquidando a guerreros que se meten por medio como pasando casualmente por allí, y, en fin, batallando en escenas con bichos de cómic de tercera. La lucha con el ser deforme en el salón de los espejos, por ejemplo... ¡qué cojones es eso! ¿En qué coño se gastaron el presupuesto? He visto máscaras de Halloween de supermercado mejor trabajadas. Y el modo "casual" en que Conan descubre el secreto para acabar con el milhombres es... vaya, ni Orson Welles habría ideado una salida de ese calibre.




Vaya, que ver hoy en día la lucha de Conan contra el bicho del cuerno no resulta tan excitante, y lo que de pequeño uno encontraba gracioso hoy resulta irritante. Pero qué queréis, es el jodido Conan interpretado por el mejor Conan que se me pueda ocurrir, el amiguete Schwarzenegger. Ponedme al Chuache haciendo de Conan en El Dorado de Carlos Saura y me la tragaré de principio a fin. No es que esta segunda parte vaya a verla tan de tanto en tanto como Conan el bárbaro, pero seguro que de aquí a unos años volverá a caer.




Además, aparte de lo poco de bueno que queda del espíritu del primer film (por ejemplo, parte de la estupenda banda sonora de Basil Poledouris y la presencia del simpático Mako) es divertido ver a la curiosa caterva de actores que pusieron al lado del musculado austríaco. La extraña e impactante Grace Jones, que un buen día casi se la come el bruto de Poli Díaz delante de las cámaras; ¡Wilt Chamberlain! toda una ex-estrella de la NBA siguiendo los pasos de Kareem Abdul Jabbar y gente así; Olivia D'Abo, un pequeño pecado de cardenales que pocas veces ha debido estar más sacrideliciosa que aquí; y por último, la sin par Sarah Douglas, la inolvidable forajida espacial de Superman II, que repetía papel de villana. Por desgracia la Douglas pronto se cansó de los papeles malvados, aunque le iban como un guante.





Vaya, que el pobre Richard Fleischer hizo lo que pudo con lo que le dieron para trabajar, pero a pesar de ser un tipo talentoso no lo era tanto como para que hoy en día no le rechinen los dientes a muchos espectadores cada vez que vean a Conan enfrentándose al ridículo ser de la sala de los espejos. Y, bueno, muchos nos pasamos esperando toda la vida una tercera parte que nunca llegó. No sé si deberíamos aliviarnos o lamentarnos a ese respecto. Pero, ¿qué queréis que os diga?; aunque hubiera vuelto Conan en pijama luchando contra supuestos seres de Estigia en traje de hombre-rana, habría pagado mi entrada por ver eso, siempre que Schwarzenegger estuviera allí para encarnar al cimerio.

Möbius el Crononauta

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