sábado, 29 de marzo de 2014

Crítica de la película Con faldas y a lo loco - Homenaje a Billy Wilder en el aniversario de su muerte



por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



El 27 de marzo de 2002 nos dejó uno de los mayores genios del celuloide. Hace 12 años. Desde Zeppelin Rock Sabbath queremos rendirle tributo recordándole a él y a una de sus múltiples obras maestras, Con faldas y a lo loco, para una enorme cantidad de cinéfilos la mejor comedia de la historia del cine.



Wilder emigró de Berlín viendo venir lo que allí iba a pasar cuando Hitler subió al poder. Hasta en eso estuvo lúcido, como tantos directores europeos que tuvieron mucho que ver en el engrandecimiento de Hollywood, llevando su talento y sus ideas, incluso su concepción visual (¿qué sería del cine negro sin la aportación de los cineastas y del expresionismo alemán?). En Berlín llegó a trabajar en la UFA y conoció a muchos prestigiosos directores. Trabajó tanto en Viena como en Berlín de periodista e incluso se dijo que había sido gigoló para ganar algo más de dinero, aunque él lo desmiente. Una vez llegado a Estados Unidos, procedente de París, junto a su amigo Peter Lorre (al que tuvo que soportar sus problemas con el alcohol), fue contratado en Paramount donde comenzó a trabajar para la que sería su mayor influencia, su mentor, Ernst Lubitsch, siendo su guionista en varias películas junto a Charles Brackett, que fue su primer y fructífero compañero en las labores “guionísticas”, una relación de unos 14 años (13 películas). Después de la separación de ambos escritores tras El gran Carnaval (1950), Wilder prueba con varios guionistas hasta contratar a I.A.L Diamond en 1957 para escribir el guión de Ariane (1957), una película memorable pero que no tuvo el éxito merecido.




Con faldas y a lo loco lo tiene todo. Es una comedia loca, romántica, de gags visuales, de gags elaborados, de suspense cómico, transgresora en todos los sentidos, tanto en el tratamiento como en los temas que toca, con una inteligencia y una ligereza que superó la censura de forma magistral, incluso en cuanto al lenguaje cinematográfico, cometiendo errores de guión a conciencia, jugando con ellos.

Esta cinta de una de las favoritas del propio director, junto a El crepúsculo de los dioses (1950) y El apartamento (1960), y es que lo tiene todo, sus principales constantes y la depuración y perfección de su estilo e ingenio. A nivel conceptual la mentira, el disfraz, el engaño… son temas siempre presentes en el cine de Wilder. La mentira como máscara social, una sociedad ante la cual se usa una máscara real, un disfraz, en múltiples ocasiones. La gran mayoría de películas de Wilder contienen personajes que se disfrazan, engañan, fingen otra identidad… pero el director lejos de condenar este aspecto reflexiona sobre él con su lucidez habitual. Para Wilder la mentira es una forma de subsistencia, a la cual relaciona con el arte incluso, por ello los protagonistas de Con faldas y a lo loco son músicas, por ejemplo, y otros usan elaborados disfraces, se convierten en actores. La máscara para Wilder es algo obligatorio en la vida en sociedad. Es por ello que siempre usa estos aspectos como elementos narrativos para desarrollar sus tramas y personajes (Ariane finge una vida; en Testigo de cargo, Marlene Dietrich se disfraza para alcanzar sus objetivos Jack Lemmon en El Apartamento querrá dar una imagen que no es la suya real; en Perdición Fred MacMurray finge ser el marido de Barbara Stanwick para fingir su muerte; Jack Lemmon se disfraza en Irma la dulce; James Cagney vistiendo de “capitalista” al comunista novio de la hija de su jefe en Uno, dos, tres; las mentiras en Sabrina” o El gran carnaval… y así.





Wilder sólo considerará negativa la mentira en función de los objetivos que se busquen con ella. Lo censurable para Wilder es el motivo de la mentira, no la mentira en sí misma. Por ello los protagonistas de Wilder consiguen todo gracias a la mentira, sus confesiones finales o supuestamente redentoras son actos meramente simbólicos casi, un requisito necesario para la pareja, para afianzarla definitivamente. Así los mentirosos románticos de Wilder nunca son condenados, reciben su premio, mientras que los interesados o ambiciosos serán castigados (véase la diferencia entre ambos en El apartamento o el castigo al protagonista de El gran carnaval.

Todo esto convierte a Con faldas y a lo loco en la Como gustéis de William Shakespeare.

La transgresión es la norma de la película, realizada con tanta ligereza y sentido del humor que pasó todos los cortes censores de forma sorprendente. ¡Qué talento y maestría! Juegos y bromas sexuales, dobles sentidos, travestismo, lesbianismo, homosexualidad, comedia con crímenes, algo que escandalizó a David O. Selznick, productor de la misma… A nivel cinematográfico y con respecto a su lenguaje tenemos desviaciones de guión (empieza siendo una cinta de temática gansteril para convertirse en una de enredos, cambios de identidad y romanticismo).




Un ejemplo de la habilidad y fortuna de Wilder para sortear la censura la tenemos en la escena del barco entre Tony Curtis y Marilyn Monroe. Ahí tenemos un detalle del talento wilderiano, el toque Wilder que mamó del toque Lubitsch, su maestro. El detalle lo tenemos en la pierna de Curtis, que mientras está siendo besado y dice cosas como “no sé, no siento nada”, no para de subir y subir con cada nuevo intento de la neumática y espectacular Marilyn. La pierna erecta.

También habrá un tren, elemento fetiche del cine de Wilder, siempre simbólico y lugar para un cambio radical en las vidas de los protagonistas (el final de Ariane, Medianoche en la que es autor del guión, El menor y la mayor, Perdición…).

El trabajo de dirección es perfectamente invisible, sacando todo el partido a la comedia, que lo tiene fácil gracias a un guión ejemplar, juguetón, virtuoso, lúcido, ingenioso y tremendamente brillante. Donde más luce la dirección de Wilder, además de demostrar su maestría en el dominio de todos los recursos de la comedia, la elipsis cómica (inolvidable su uso en la primera aparición de Lemmon y Curtis vestidos de mujer), el gag visual y los gag elaborados para sorprender en la resolución, el suspense cómico, el talento inigualable en los diálogos… es en la dirección de actores. Están todos portentosos. Tony Curtis en su perfecta imitación de Cary Grant, su principal referente, Jack Lemmon como el perfecto hombre de la calle, el personaje, cotidiano, universal, el actor fetiche de Wilder, uno de los más grandes actores de la historia del cine, y la gran Marilyn Monroe, el mayor icono de la historia del cine, que desesperaba a Wilder en el mismo grado que lo fascinaba. El director acababa tan desesperado después de trabajar con ella que decía que jamás repetiría… hasta que veía los resultados y se planteaba un nuevo proyecto. Ese “algo” intangible que tenía la actriz y que lograba transmitir de forma excelsa, una naturalidad y talento para la comedia absolutamente indiscutible.




Además Wilder era un conocedor absoluto de todos los géneros cinematográficos. Aunque la comedia fue el que más frecuentó, con diferencia, él sentó las bases del cine negro con la excelsa Perdición y cuando toco otros géneros, el thriller, el drama, la intriga… demostró un dominio absoluto sobre los mismos. Todo esto define al gran Billy Wilder como un innovador y un visionario. Aquí no sólo apreciamos su talento evidente para la comedia sino que demuestra conocer todas las claves del cine de gangster… para parodiarlo. Esas memorables presentaciones de personajes, a los que dota de elementos característicos, algo muy usado en el cine de gangsters, (el esbirro que juega con la moneda, el sobrenombre del líder interpretado por George Raft, “Botines Colombo”, al que se presentará siempre a través de los mencionados botines) , la memorable persecución inicial, repleta de detalles imaginativos (la metralleta en lo alto del coche, el ataúd lleno de licor…), son algunos de los ejemplos de lo comentado, el perfecto uso de muchas de las claves del género para parodiarlo. Scarface (Howard Hawks, 1932) es homenajeada de forma clara en varias ocasiones en la película.

Hablando de presentaciones de personajes… la de Sugar, Marilyn Monroe, es antológica e inolvidable.

Un ejemplo de su sabiduría y dominio de todos los resortes de la comedia lo tenemos en la escena posterior al baile entre Daphne (Jack Lemmon) y Osgood (Joe. E. Brown), una conversación entre Curtis y el propio Lemmon. Wilder explicaba que tenía claro que debía controlar los tempos, ya que sabía que las frases que se iban a decir provocarían la carcajada, si no los controlaba se corría el peligro de que el público se perdiera algunas de esas frases al no poder oírlas debido a las risas. Así que había que pausarlas. La clave la dio Lemmon, que usando el juego con las maracas resaltaba y daba espacio para que el público riera a gusto y atendiera luego sin perderse nada.




Es imposible destacar escenas, toda la película desde que empieza hasta que acaba es un derroche de genialidad, por citar algunas de las que todos conocemos señalaré la persecución inicial, el baile de Osgoot y Daphne, la seducción de Curtis a Monroe en el barco, la escena final, que está por derecho propio en la antología del Séptimo Arte y de los finales de cine…

Esta obra maestra, que tiene su germen en una mediocre cinta alemana llamada Fanfares of love de 1951, está llena de ritmo, inventiva, ingenio, imaginación, cinismo, romanticismo, diálogos memorables, situaciones increíbles, resoluciones inauditas, interpretaciones magistrales, un fondo de inteligentísima profundidad, además de sus acostumbrados recursos y temas.




Son infinidad de temas los tratados en Con faldas y a lo loco con supuesta frivolidad, pero nada más lejos de la realidad. El amor, las mentiras, engaños, lesbianismo, travestismo, homosexualidad, manipulación, amistad, lealtad, romanticismo, ocultación, asesinatos, gangsterismo, cambios de identidad, picaresca, retrato de una época, problemas laborales, guerra de sexos, estudio sobre la condición humana, sobre hombres y mujeres, el sexo, sexo por todas partes, la mezquindad, la seducción, las artes para la conquista, en el amor todo vale, la imprevisibilidad de la vida, surrealismo, alegría vital, inteligencia, lucha, sacrificio, el destino… Todo sin aparente esfuerzo, como si no costara, como si facturar una de las mejores películas de la historia del cine fuera cuestión de niños.

Es posible que nadie sea perfecto, pero el Wilder director anda muy cerca.

©Jorge García

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