lunes, 2 de diciembre de 2019

LEPROUS - Pitfalls (2019): Crítica review


Por Esteban Martínez (@EMartineC)




El acto que supone el dar un repaso a la carrera de los noruegos de Leprous no deja de ser un ejercicio fascinante. Desde el singular coqueteo con el metal (siempre fueron diferentes, claro está) en sus inicios, expresado en álbumes como Tall poppy syndrome (2009) o Bilateral (2012), pasando por el desate progresivo que significó Coal en 2013 (¿el mejor disco que nos habrá dejado el rock de esta década?) y su respectiva continuación The congregate (2015) hasta llegar a la domesticación de su sonido en Malina (2017), disco que marcó el distanciamiento (¿definitivo?) de Leprous con el metal y de paso con varios de sus seguidores, quienes acusan una pérdida de fuerza y exceso de almíbar en estas nuevas canciones, aunque al mismo tiempo trazó un camino a seguir, el cual se ve totalmente confirmado en Pitfalls.




En este sentido, el sexto álbum de Leprous no se anda con medias tintas. Y si tanto en 2015 como en 2017 tuvimos uno que otro guiño al pasado de la banda (‘Rewind’, ‘Mirage’ o ‘Coma’) en esta ocasión olvídense prácticamente del peso de las guitarras y también la velocidad, que el asunto va por otro lado. Ahora, independiente de si el camino adoptado por los noruegos conmueve a cualquier auditor, lo que nadie puede reprocharles es falta de autenticidad. Que los tipos están metidísimos en lo suyo y pese a que a momentos sus canciones se pierden en medio de sus búsquedas, siempre encontramos pequeños detalles en ellas que dan muestra del enorme talento que poseen. Es lo que ocurre, por ejemplo, con ‘Below’, la dramática partida del disco que entre violines + agudos de un enorme Einar Solberg continúa regalando emoción y personalidad (“Every single fear I’m hiding / Every little childhood memory I bury...”). Posteriormente ‘I lose hope’ bajará bruscamente las revoluciones repitiendo hasta la saciedad ese susurrado “In my mind what I find / As I search every coat I lose hope” que jamás encontrará una explosión en su estructura (es evidente que tampoco la buscan) pero funcionará de igual manera en la tecla que pretende tocar.




Hasta aquí, todo bien, aunque será en la sección media donde Pitfalls encontrará sus principales traspiés. Los primeros bostezos sin ir más lejos llegarán con ‘Observe the train’, que insiste sobre la absoluta calma, y si, que suenan demasiado domesticados. Entrando en el nudo del álbum ‘By my throne’ intenta recuperar la energía introduciendo tímidas guitarras y repitiendo un incesante “Ie ie ie ie ie ie” pero vuelve a caer a causa de la ausencia de un momento realmente relevante durante sus cuatro minutos. Ese momento intentará llegar en la pasada por ‘Alleviate’ + ‘At the bottom’, ambas emergerán entre alzas de intensidad aunque cabe mencionar que la magia únicamente aparece a cuenta gotas.




No hay relleno, sin embargo, en Pitfalls, siendo este su principal mérito, el de ser un disco trabajado al detalle y con tremenda honestidad. De ahí que entrando en su recta final, y cuando podríamos haber creído que todo estaba perdido, nos encontremos con ‘Distant bells’ que tras cuatro minutos de agudos y calma encontrará su particular belleza entre violines para luego incorporar guitarras y explotar con grandeza en su minuto final. Esta conectará a la perfección con el rock de ‘Foreigner’, el primer tema del álbum que se lanza directamente sobre las guitarras y velocidad. Y bueno, se agradece.

La aventura cerrará con los once minutos de ‘The sky is red’, un notable paseo que trae al presente los afanes progresivos de la banda aunque en versión 2019, dando muestras de la madurez alcanzada por una banda que no teme el continuar explorando e incluso estar dispuesta a extraviarse en el camino, asunto que ocurre a ratos en Pitfalls, el disco "menos bueno" de Leprous a día de hoy, un trabajo que comienza y acaba muy bien pero en su sección media se pierde en medio de sus propias texturas.

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