martes, 3 de diciembre de 2019

Crítica de LA ESTRELLA DEL NORTE (Lewis Milestone, 1943): Review


por Möbius el Crononauta



No deja de ser curioso lo velozmente que pueden cambiar las cosas en unos pocos años. Y en la política, más aún. En plena Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos y su gobierno abrazaron con simpatía a su animoso aliado soviético, y al poco de acabar la guerra se desató la paranoia anticomunista y los otrora aliados se convirtieron en demonios con cola y cuernos. Y lo que antes había estado bien, de repente se volvió traición. Y ése fue el caso de La estrella del norte.




No es de extrañar que el director Lewis Milestone, nacido en Rusia, se entusiasmara ante la idea de adaptar un relato de la dramaturga y escritoria Lillian Hellman, quien durante los 30 hizo gala, al igual que muchos otros artistas, de una ideología más que cercana a la izquierda, viendo con simpatía y admiración el experimento soviético. Milestone no tardó en convencer al productor Samuel Goldwyn para llevar adelante el proyecto, y con la luz verde la propia Hellman se encargó de adaptar su propio relato.




Claro, en plena guerra no sólo se vio con buenos ojos, sino que incluso parecía deseable producir películas que vendieran al público una buena imagen de sus aliados soviéticos. Al fin y al cabo, el sangriento segundo frente alemán en las estepas rusas les había venido de perlas a las potencias occidentales. El reparto fue además bastante potente; aunque se trataba en cierto modo de una película coral, el dúo protagonista eran Anne Baxter y Dana Andrews, y participaban además buenos secundarios como Walter Brennan o Walter Huston. ¿Y quién mejor para interpretar al villano nazi que el hombre al que América amaba odiar, Erich Von Stroheim?




A pesar de la pericia de artesano de Milestone y el potente reparto, las cualidades de La estrella del Norte quedan lastrados por su propio propósito de fabricar un film propagandístico ensalzando el gran sacrificio del pueblo ruso, al tiempo que hace hincapié en la brutalidad de la Wehrmacht. No le hace falta al film llegar al paroxismo de otros filmes propagandísticos para que hoy en día resulte demasiado simplista la visión que se da del paraíso socialista de la URSS de Stalin, y el fiero retrato sangriento del ejército alemán.




Con todo, La estrella del Norte ofrece algunas cosas interesantes. Por ejemplo, unas cuantas escenas de indudable calidad artística por parte de Milestone, y momentos dramáticos quizás no preciosos pero sí precisos, fabricados a la inimitable manera del Hollywood clásico, cual Ford-T. También brinda la oportunidad de ver unas escenas que, de no haber tenido detrás el objetivo de poner por las nubes al pueblo ruso, quizás no hubieran pasado la censura; es el caso de las maravillosas escenas de bombardeos alemanes, donde se muestra sin tapujos a los famosos Stukas ametrallando a mujeres y niños. Además, resulta también interesante el retrato del villano que interpreta Stroheim. No llega a caer en la caricaturización de otros malutos de los films propagandísticos de la época. En realidad se le muestra más humano, como un militar cultivado y pragmático. Es precisamente ese detalle el que se busca criticar, muy acertadamente. No se trata aquí de tener en frente al típico fanático nazi, sino a una especie quizás todavía peor, como se narró de forma tan magistral en Vencedores o vencidos. Pero aquí, casi veinte años antes, ya se apuntaba a esa particular llaga en la historia de Alemania.




Por desgracia, como ya he comentado, La estrella del Norte pierde demasiados puntos por sus puros afanes propagandísticos, aunque su entusiasta retrato hollywoodiense del paraíso soviético para trabajadores hace de la película una gran curiosidad. Por desgracia, al acabar la guerra el anticomunismo hizo su aparición, y La estrella del Norte fue una de los varios títulos esgrimidos por el infame senador McArthy para investigar a todo Hollywood y "purgarlo" de rojos.

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