sábado, 26 de julio de 2014

Crítica de la película Noé (Darren Aronofsky, 2014). Noah review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



El director de cintas como Pi, fe en el caos o Cisne negro se pasa con decisión al mainstream sin querer apartarse del todo de sus ínfulas autorales entregando una obra fallida e irregular, pero en absoluto desdeñable porque, si es cierto que tiene numerosos defectos, también hay que reconocer que tiene muchas virtudes.


Darren Aronofsky plantea la historia bíblica desde un punto de vista puramente fantasioso para ir encontrando paulatinamente su mensaje espiritual, una idea interesante y provocativa pero que en la mezcolanza de géneros, intenciones y decisiones queda en medio de ninguna parte, como un barco a la deriva. Su mayor y más evidente defecto. Fantasía, aventuras, relato bíblico, drama familiar, película de acción, historia romántica… todo en uno y nada con un acabado definitivo y concluyente, un popurrí caótico y bastante extravagante que hace gala de inauditos aciertos.

El Noé que presenta Aronofsky es un personaje clásico de su filmografía, un personaje obsesivo que camina firme hacia su objetivo en base a una pulsión y tormento interior, una pasión o creencia irrenunciable, como ocurría con los personajes de “Pi”, “Cisne negro”, “El luchador”… Esto y la potencia visual del cineasta son los rasgos más personales que apreciamos en la película, por ejemplo en los mensajes divinos, que no serán verbalizados, sino visualizados e interpretados.




El comienzo de la cinta nos remite, sobre todo estéticamente, a cintas de ciencia ficción apocalíptica, estilo “Mad Max” (George Miller, 1979) o “The Road” (John Hillcoat, 2009), y acaba tornando en una espiral fantástica con reminiscencias a “El señor de los anillos” (Peter Jackson, 2001) o “La historia interminable” (Wolfgang Petersen, 1984), con gigantes de piedra luchadores y extravagancias por el estilo. Unos gigantes de comportamiento arbitrario. Aronofsky tantea esa idea, pero la deshecha sin atreverse a una transgresión mayor por lo que sus soluciones e ideas a este respecto pierden contenido y resultan absurdas. Si Aronofsky pretendía llegar a lo espiritual mediante lo puramente fantástico debería haber apostado con decisión y no quedarse a medio camino con pequeños apuntes exóticos y sin sentido.

Todo esto genera en ocasiones la sensación de cierto distanciamiento con respecto al relato, como si no pudiera tomarse en serio.

La película en su inicio resulta desconcertante y extravagante, un relato bíblico en el que Aronofsky parece querer dejar su impronta de autor con pesadillas y una imaginería visual interesante y peculiar. Luego la cosa va degenerando y aunque esa sensación de extravagancia no se elimina en ningún momento la película pierde pie hasta el momento del diluvio.




En esta primera parte se disimula con dificultad un mensaje marcadamente ecologista y hasta vegetariano, antimonopolios, antimercantilista y antiindrustrial…

Las escenas en el interior del arca hacen levantar el vuelo a la cinta, con la salvedad de sus concesiones comerciales sin sentido, pero no se siente la claustrofobia y el encierro, el aislamiento de esos seres, únicos en el mundo, porque durante la mayor parte de la narración aparecen aislados, apartados de ese mundo, un mundo que no vemos en ningún momento, salvo con la aparición del Rey y escenas ocasionales de su pueblo que parecen ajenas al relato y a nuestra familia protagonista.




Lo mismo ocurre con otros elementos que chirrían porque se nota con descaro que están puestos ahí por pura inseguridad, por la creencia de que se debe dar más espectáculo estando en un mainstream, así que junto a los gigantes luchadores y arquitectos incluirá una superbatalla al estilo del Señor de los Anillos, convertirá a Noé ocasionalmente en Gladiator y usará un villano convencional como polizón para generar un suspense innecesario, haciendo que la película vuelva a girar hacia el thriller y la película de acción.

Como hace Tarantino, Aronofsky modula con mucho acierto su película, gestando con pulso y gran intensidad dramática los conflictos, que desembocarán en violencia y acción cuando la tensión se haga insostenible. Lo que ocurre en ocasiones es que pretende enlazar varias tramas a la vez para que confluyan en el mismo punto (parto de Ila junto a la traición del hijo y la rebelión del villano), algo que resuelto con coherencia resulta acertado e intenso pero que si se abusa de ello o se fuerza en demasía aparece artificioso e incoherente, como acaba sucediendo en varias ocasiones aquí. Lo cierto es que otras veces la cosa funciona muy bien y la manera en la que se crean los conflictos morales, la intensidad dramática lograda y las interpretaciones, resultan muy satisfactorias.




Estos conflictos morales son los que Aronofsky mima con detalle en esa estructura tarantiniana comentada, elaborándolos, dando a cada personaje su lugar y dejándoles explicar sus motivaciones y sentimientos para ir enfrentándolos poco a poco hasta llegar a un clímax de tensión insostenible. Dramáticamente la película tiene muchos aciertos, aunque en ocasiones se fuercen las cosas. Hay escenas y recursos visuales muy brillantes durante el metraje, como uno de los puntos fuertes de la cinta.

Las conversaciones y escenas entre los personajes de Crowe y Watson son bellas e intensas, grandes momentos dramáticos, reparadores. Las de Crowe con su mujer, Connely, también. Es notable el relato sobre la creación que hace Crowe a su familia, como escena destacada.

Este Noé es muy infiel a las escrituras, pero en esencia se saca partido a muchos dramas y conflictos que la historia bíblica permite gracias al margen para la interpretación y para desarrollar ideas y conceptos que ésta tiene. Con todo, en ocasiones la historia parece un batiburrillo donde Aronofsky peca de pretencioso, forzando momentos para desarrollar ideas innecesarias, ya que la historia permitía al cineasta elucubrar sobre infinidad de temas sin necesidad de ello, por ejemplo esa explícita referencia a Abraham y su prueba de fe que aquí aparece calcada sin motivo alguno.




Las interpretaciones son buenas en líneas generales aunque haya personajes un tanto difusos o poco desarrollados, por ejemplo los hijos, con la salvedad de Cam (Logan Lerman), al que se le dedica más tiempo. Russell Crowe está acertado en un papel muy interiorizado, transmitiendo con acierto su sufrimiento íntimo, y la bellísima Jennifer Connelly realiza una estupenda encarnación. Anthony Hopkins en su papel de Gandalf, perdón, de Matusalén, no aporta nada reseñable a un personaje algo desconcertante, y Emma Watson cumple con corrección.

El mensaje acaba resultando satisfactorio e intenso aunque a muchos les produzca desapego por los arranques fantasiosos que se quedan a medio camino. Un mensaje espiritual con una clara intención y visión actual, como se insinúa en algún plano expresionista con soldados de todas las épocas….

Claros y oscuros para una película cuyo mayor defecto estriba en su titubeante indefinición ya comentada, sin saber elegir si ir hacia el mainstream o hacia el relato más personal y autoral, quedando en un extravagante punto medio en muchas ocasiones.

©Jorge García

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