sábado, 26 de julio de 2014

Primer día en Vielha - Unas fotografías: 8 de julio de 2014


Como os dije en la entrada fotográfica anterior, en nuestro viaje hacia los Pirineos hicimos parada y fonda en la localidad castellonense de Peñíscola. A la mañana siguiente, temprano y tras comer cualquier cosa, subimos al buga y nos atamos los machos para emprender de nuevo nuestro viaje enfilándolo hacia nuestra meta: Vielha, en el centro mismo del valle de Arán (Lérida). Un viaje algo pesado, en verdad, de más de 4 horas si mal no recuerdo, más aún porque el GPS, al que pensábamos amigo, nos jugó una mala pasada que nos hizo perder media hora. En fin, cosas del directo.


El asunto es que aterrizamos en Vielha al mediodía, nos instalamos en el hotel (muy recomendable) y nos fuimos a comer de restaurante. El valle estaba impresionante, verde que te quiero, con nubes amenazantes acariciando las cimas, y los ríos Garona y Nere discurriendo generosamente entre peñascos fríos y provocando un ruido ensordecedor y agradecido. Estábamos encantadísimos. Para no perder la tarde, tras una muy breve vuelta por el pueblo y un pequeño descanso en el hotel, decidimos hacer una pequeña cata en el románico de la zona (prioridad en el viaje) y visitar Artiés y Salardú, dos pueblos muy a mano de Vielha. Valgan estas pocas instantáneas como muestra; pocas más que nada porque tardo un güevo en subirlas.


Artiés

La iglesia de Santa María de Artíés nos la enseñó un hombre muy simpático que hacía de portero-cobrador a la entrada, el cual nos preguntó -fijaos- que de dónde éramos y todo. Se alegró mucho de que fuéramos de Cuenca pues nos dijo que estaba casado con una mujer de Casasimarro (lugar de tal provincia). En fin, esto le animó a contarnos y detallarnos más cosas. Tanto la iglesia por fuera como su estructura interior son fascinantes y de los frescos en sus columnas, techos y paredes, al igual que su retablo, para qué os ovy a contar, lo veréis en las fotos. Una maravilla de templo románico. También vimos la rana de piedra, la estatua vacuna, la de Gaspar de Portola (primer gobernador de California), la magnífica fuente-bebedero y otras cosillas, siempre con el sonido monótono y grato del río Garona como hilo musical de fondo.

























Salardú

En Salardú, una miaja más adelante, visitamos fundamentalmente su imponente iglesia de Sant Andreu, con su torre de base octogonal que se recortaba eréctil sobre un fondo de borrascosas nubes, impresionante. Tanto exterior como interiormente es hermosa. Uno se fijó más que nada en las imágenes esculpidas en capiteles y canecillos, de lo más atractivo y curioso del arte románico. Los paisajes desde esta zona me hicieron tomar la cámara, siempre preparada en todo caso, en más de una ocasión.



























(Continuará)

Ángel Carrasco Sotos

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