sábado, 5 de julio de 2014

Crítica de la película "Lars y una chica de verdad" (Craig Gillespie, 2007)


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



No es raro que haya quien se asuste al leer la sinopsis de esta cinta, pero no hay nada que temer. Estamos ante un título que juega de forma inteligente y brillante, acertando en su tono gracias a una exquisita sensibilidad, con su peculiar propuesta inicial, consiguiendo que lo que podría resultar ridículo nos parezca convincente, creíble y emotivo.


Lars (Ryan Gosling), es un joven tremendamente sensible, acomplejado y tímido, al que le cuesta relacionarse. Como forma de canalizar esa timidez y lograr expresarse y relacionarse se echará una novia que presentará a su hermano y la mujer de éste, con los que vive, una novia muy peculiar a la que conoció por internet… Una muñeca de látex, Bianca, a la que tratará como si fuera real. Todo el pueblo, por mediación de la psicóloga que trata a Lars, le seguirá el juego a su vecino.




Nuestro protagonista es pura educación, amabilidad y sensibilidad. Un chico solitario que sufre por su incapacidad para comunicarse y relacionarse de forma natural. Le duele, literalmente, el contacto físico, unos complejos provenientes de una infancia difícil en la que no recibió el afecto que necesitaba. Lars está atrapado mentalmente en la infancia. Sus vecinos y parientes lo ven como un chico reservado sin más, le tratan con aprecio y respeto, él es competente en su trabajo y muy educado, nadie parece observar un problema salvo su cuñada (Emily Mortimer), que es la que más vínculos y comprensión tiene hacia él. Aunque todos le tratan como uno más, especialmente su hermano (Paul Schneider), él no se siente cómodo con nadie, aislándose cada vez más.

Lars no es autista, sólo se muestra indiferente, aislado de su entorno por miedo, no se involucra por incapacidad no por falta de deseo, pero tomará nota de todo lo que se dice a su alrededor, aunque no lo parezca… Precisamente por su atención decidirá comprar a su “novia” Bianca. Ella vendrá a resolver sus problemas de aislamiento.




Lars se relacionará y comunicará con su entorno y normalizará, en su extravagancia, su situación a través de Bianca. Esta evasión parcial de la realidad, esa búsqueda de la normalidad y la superación de sus incapacidades y complejos a través de la ilusión, será la clave de su desarrollo y madurez. Son bellos gestos y momentos cuando vemos titubear o dudar a Lars, inseguro en ciertas ocasiones, recobrar fuerzas con una simple mirada o una pequeña interactuación con su artificial novia.

Aquí la película acaba extendiendo su tesis que defiende la fantasía, la rareza o la ilusión como forma de progreso, de madurez y de superación, haciendo tolerante para un entorno lo excéntrico, entendiendo que todos tenemos esas rarezas, ilusiones o fantasías en mayor o menor grado, aunque sea en secreto, y que éstas nos ayudan de alguna forma. De nuevo la fantasía como esencia vital, como canalizadora y transmisora de nuestra propia esencia y sentir. Por ello habrá personajes que coleccionan figuras de acción u otros que se muestran muy afectados por la “muerte” de un oso de peluche…




La realidad no existe, esa forma de evasión no es más que otra cara de esa realidad, tan vinculante e influyente como la vida cotidiana, la fantasía como algo inherente al ser humano. Toda esta idea es apoyada con una simpática referencia literaria, al Quijote, nada menos.

La evolución del personaje de Lars es magnífica, su coraza se irá resquebrajando, mostrando cada vez más emociones, enfado, ira, desesperación, nervios, celos… un primer paso para la superación de sus traumas, un vínculo más fuerte con su entorno.

Los paralelismos entre la relación de Lars con Bianca y con Margo, su compañera de trabajo (Kelli Garner), resaltan a la perfección el desarrollo y evolución del personaje.

Miedos, complejos, sentimientos de culpa, representados en Gus, el hermano de Lars, esperanzas, ganas de vivir, superación, la inexistencia de la realidad, la fantasía como mecanismo catártico… son algunos de los muchos temas de los que habla la cinta, una catarsis con el amor y la fantasía como motores.

Una competente dirección de Gillespie, que acierta con el tono de la cinta, tierno, sosegado y tranquilo, con una fotografía tenue acorde con él, un guión que maneja a la perfección sus arriesgados ingredientes y unas interpretaciones muy acertadas que redondean un gran resultado. Mención especial requiere Ryan Gosling, el protagonista, que está excelente. Gosling se ha convertido en una auténtica estrella mezclando títulos de éxito con otros en el cine independiente que le han permitido demostrar su talento y su peculiar tono ensimismado, de sufrido romanticismo, con los que enfoca sus trabajos. Un actor interesante aunque algo sobrevalorado.

La película es preciosa y sólo cabria achacarle un exceso de ingenuidad en ocasiones y sobre todo un exceso de "subrayados", es demasiado explicativa, demasiado explícita o evidente en muchos momentos, peca de redundante. En cualquier caso, una comedia romántica muy agradable, dentro del cine independiente, que es aire fresco y que habla de cosas de verdad.

©Jorge García

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