domingo, 27 de julio de 2014

Segundo día en Vielha (la mañana) - Unas cuantas fotografías: 19 de julio de 2014


El segundo día nos levantamos temprano, desayunamos opíparamente y nos propusimos seguir una ruta por el valle de Arán previamente diseñada (ver primer día). Se trataba de visitar románico, qué duda cabe, pero también de conocer el entorno, los pueblos, la naturaleza. Así que empezamos la mañana dirigiéndonos hacia Artiga de Lin para disfrutar de la cascada denominada Los Uhels deth Jóeu (Los Ojos del Judío). Tomamos hacia Es Bòrdes y desde allí cogimos un camino de tierra para ir despacito con el coche. Al bajar del vehículo, el sonido atronador de la cascada nos marcó la senda hasta ella. Tomamos unas fotos y volvimos a Es Bòrdes para admirar el pueblo tranquilamente y después emprender nuestro viaje hacia Bausen, e ir bajando desde allí haciendo paradas en Les y Bossòst. Regresamos a Vielha, comimos y dimos una vuelta por el pueblo antes de subir de nuevo al buga para completar la tarde. Pero de esto ya daré cuenta cierta en otra entrada.


Cascada de Los Uhels deth Jóeu
(Los Ojos del Judío)

Mañana fresquita y llovizneando. ¡Cuánto nos acordamos de eso ahora que las canículas de Santiago se ciernen sin pudor, oscenamente sobre nuestros cuerpos serranos nunca acostumbrados a estas calores del estío manchego. El entorno era una maravilla, aunque el camino y las alturas asustaron un poco a la parienta. La cascada está bien, es coqueta, pero después de visitar hace unos años Iguazú ya todas estas cascaditas nos parecen como poca cosa. Ni que decir tiene que posee su encanto y vale la pena acercarse. Sus aguas proceden del glaciar del Aneto, por decirlo todo.









Es Bòrdes

Pequeña parada en la que nos hizo especial gracia ese caballero medieval trazado sobre una lápida que hoy se encuentra incrustada junto al arco de entrada a la iglesia románica con torre del siglo XVII.









Bausen

Cerca ya de la frontera con Francia se encuentra este pueblo leridano con verdadero encanto. Recorrimos sus calles, su iglesia por fuera (estaba cerrada y el cura iba una vez al mes, nos explicó tímidamente una paisana), así como el cementerio aledaño, común a estas iglesias románicas del Pirineo. Unas instantáneas generales con menor interés y pequeños detalles que llamaron nuestra atención completaron nuestra despaciosa estancia.























Les

Nos resultó atractivo este otro pueblo, con iglesia  moderna y capilla románica (parte de la primitiva iglesia) que, por supuesto, subimos también a ver. Nos llamaron la atención, por cierto, los restos de románico diseminados por la población en propiedades particulares como algo natural. También el palo recién alzado en mitad de la plaza listo para quemarse dentro de casi un año la noche de San Juan, como prescribe la tradición de estos pagos. Por cierto, ver en una boca de calle esa casa del tractor, en ese entorno, no tiene precio.
















Bossòst

Y antes de regresar a Vielha para comer y descansar lo justo, paramos en Bossòst, otro precioso pueblache con iglesia románica y algún fresco en su interior. Nuestros pupilos pensaban ya más en la manducatoria que en seguir viendo piedras, así que encarrilamos nuestros cuerpos en dirección al refugio, el hogar.











Ángel Carrasco Sotos

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