sábado, 19 de julio de 2014

Crítica de la película Blue Jasmine (Woody Allen, 2013)


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



De todos es sabido el bajón de prestaciones del gran Woody Allen en los últimos años, pero eso no evita que acuda fiel a su cita de entregar un título anual. Por suerte, este Blue Jasmine mejora con creces los trabajos inmediatamente anteriores del cineasta, una aceptable comedia dramática que tiene sus puntos fuertes en la soberbia actuación de Cate Blanchett, sencillamente magistral, un ejemplo más del talento del director en la dirección de actores, una gran modulación narrativa en la que el drama se va filtrando por el tono de comedia frívola de manera paulatina y perfectamente equilibrada para llega a unos 15 últimos finales que están entre lo mejor del cineasta en los últimos años.


“Blues Jasmine” parece mezclar la vida de Carmen Lomana con la de la infanta Cristina y sus problemas con Urdangarín.

Jasmine ha tenido una vida fácil llena de lujo y confort, pero todo cambia cuando su millonario marido sea detenido por estafa.



El guión recurre en demasiadas ocasiones a artificios y encuentros fortuitos poco creíbles, forzados, recursos fáciles y vulgares que sólo funcionan en alguna ocasión aislada como “regreso del trágico pasado”. Un Manhattan y un San Francisco que parecen de andar por casa, un pequeño pueblo donde todos se encuentran en el peor momento. Además la historia de la hermana es insustancial, una arista de la principal que apenas aporta nada, no ya en el universo alleniano, sino en la propia película. El contraste que marcan esas dos hermanas al final no necesitaba de esos líos.

La película acierta en su metraje, muy corto, hora y media, en una historia que no necesitaba nada más en absoluto y que incluso se podría haber depurado aún más.




Siempre he preferido al Allen de estilo más aparentemente descuidado, que no lo era en absoluto, más que el de este estilo esteticista tan pulcro, porque le resta verismo y fuerza sus historias. Las conversaciones en la intimidad de las habitaciones con personajes que no paran de hablar y entran y salen de encuadre, estilo muy bressoniano, temas como la muerte, el sexo, la infidelidad y las relaciones, la neurosis, aquí lindante con la locura, con largos planos secuencia y mucho movimiento interno dentro del encuadre... aparecen, como en toda la obra de Allen, también en esta cinta. Retratos de alta sociedad y el entorno que rodea a los personajes. Aquí la fotografía vuelve a ser hermosa con esos predominantes ocres y anaranjados que son frecuentes en sus últimos trabajos.

El tema fundamental de la película, y clave en la práctica totalidad de la filmografía de Allen, es, una vez más, el conflicto entre ficción y realidad. Los personajes de Allen se debaten a menudo entre los dos mundos sin saber elegir, el real y el de ficción, personajes que se evaden de la realidad o cobijan en el universo de su arte y sus relatos (“Desmontando a Harry”, 1997), del teatro (“Balas sobre Broadway”, 1994), la fama y el éxito (“Celebrity”, 1998), un pasado idealizado (“Midnight in Paris”, 2011), en el cine (“La Rosa Púrpura del Cairo”, 1985)…




Aquí volvemos a ver este tema y este conflicto, pero supone un nuevo ejemplo de esos síntomas de agotamiento que el cineasta lleva muchos años mostrando, no por la reiteración en los tema, ya que siempre ha hablado de lo mismo, aunque con la habilidad de dar diversos puntos de vista, siempre encontrando formas originales de analizarlos. “Blue Jasmine” no se mueve un ápice y no da nada nuevo que no viéramos en “Celebrity” (1998), película que cerraba su etapa esplendorosa de tres décadas casi sublimes, planteando aquí postulados más básicos y simplistas, mucha menos profundidad, talento y enjundia. Ni siquiera ese final con el rostro de Blanchett se aleja del de la película protagonizada por Branagh y el “Help”, “Ayuda”, que surcaba el cielo.

Los flashback con los que Allen salpica la cinta, en una narración fragmentada coherente con el mencionado tema clave de la película, tesis clásica del director, irán incidiendo y mostrando la evolución de la vida de Jasmine, aunque en muchos casos redundan con menciones verbales en el tiempo presente. Jasmine no es un narrador fiable, por lo que los flashbacks están perfectamente integrados.




No es la única cinta de Allen que trata el tema de la fama, el lujo y el éxito, sus pros y contras, incluso la discreta “A Roma con amor” (2012) tiene algún episodio dedicado a ello.

Jasmine ha vivido en un mundo fastuoso, donde tenía todo lo que quería y soñaba, donde era mimada a conciencia y donde prefería mirar a otro lado cuando algo la incomodaba, engañándose a sí misma, recreándose en una ficción de felicidad que creaba en su cabeza, de hecho es una actriz a tiempo completo, pura fachada, apariencia. Está tan sumida en ese mundo que no puede aceptar perderlo cuando un manotazo de realidad le impacta en la cara, de ahí sus arrebatos de locura, sus conversaciones en solitario y la recreación de los flashback, tan resignada que incluso es incapaz de pedir ayuda, como parecía hacer el personaje interpretado por Branagh en “Celebrity”.

“Blue Jasmine” es una correcta obra de un director de inmenso talento, pero nada excepcional a ningún nivel, salvo por la interpretación de Blanchett, ni como película ni dentro de la filmografía de Allen. Con todo, mejor obras tan aseadas como esta a mediocridades como “Vicky Cristina Barcelona” (2008).

©Jorge García

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