domingo, 6 de julio de 2014

Microrrelatos - Cosas en los bolsillos (35): Gotas


Gotas

Como si alguien se hubiese puesto a encalar descuidadamente el cielo en mitad del verano, los primeros gotazos de lluvia comenzaron a manchar el suelo tímidamente. Luego se afianzó una lluvia llorona que nos había sorprendido casi en silencio y que, en breve, atacando por la espalda, se convirtió en tormenta en principio agradecida. Pronto todos acudimos tras los niños a asomarnos también por la ventana. Una sonrisa se dibujaba en nuestros rostros. Un perfume fluvial y nostálgico comenzó a introducirse en el hogar por todos los resquicios y los ventanucos entornados. 


Pero de la sonrisa pasamos a la seriedad, y luego a la preocupación y al miedo, y de este a un pánico todavía medio controlable cuando se puso a llover a mares y el agua comenzó a filtrarse ya por debajo de las puertas. En el lugar se había hecho de noche de repente por un cielo homogéneamente negro y encapotado, tenebroso y lúgubre. La lluvia cubría ya las ruedas de coches aparcados y entonces Luis y el tío Carlos se pusieron a precintar las puertas y ventanas con lo que a mano había: cinta aislante, trapos, toallas, sábanas... Todos al final contribuimos apoyando muebles contra ellas, y una vez acometido temblorosa y precipitadamente todo, subimos alarmados al segundo piso. Al poco rato, pasmados, comprobamos que, si abríamos una ventana, podíamos tocar el agua con las manos, el agua embalsada en todo el valle. 

Justo cuando arreció aún más, subimos, almas cariacontecidas y silenciosas, como el resto del vecindario, al tejado. Nadie acudía allí para salvar a un pueblo que ya veía pasar ahogados a sus vecinos en una riada fúnebre de cuerpos tumefactos, allí donde el mar parecía haber encontrado una salida. Solo cuando vimos allá en el horizonte aparecer el arca, lo comprendimos todo.

©Ángel Carrasco Sotos

2 comentarios:

  1. ¿Riada de cuerpos tumefactos? Eso no es el diluvio, ¡ustedes viven en la orilla del Ganges!

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