martes, 8 de enero de 2019

Reseña crítica de la película "El luchador", de Darren Aronofsky (2008)



por Möbius el Crononauta



Empezaré diciendo que hay cierto tipo de historias que son susceptibles de calar más fácilmente entre el público de una sala o salón, y que por su naturaleza ya tienen medio pie en la puerta de sus almas de espectador. No son pocos seguramente los que sigan el difícil ascenso a la cima de un personaje, pero quizás sean todavía más los que asistan angustiados a la rápida caída desde la cima. Incluso el götterdämerung nazi puede resultar fascinante. Y, por último, queda la típica historia del eterno perdedor, de la estrella apagada que es capaz de levantarse una última vez. ¿Y quién mejor para interpretar al perdedor que vuelve que Mickey Rourke?




Mickey, el gran Mickey, que dejó detrás varias grandes interpretaciones en los 80, y se convirtió en sexsymbol junto a Kim Basinger. Mickey, el hombre que pudo reinar, pero cuya carrera se fue por la borda principalmente por culpa de él mismo. El hijo pródigo que estuvo perdidísimo en los 90, mezclando excesos con un estrambótico relanzamiento de la carrera de boxeador que dejó por una conmoción y la interpretación, y que finalmente volvió al cine como pudo y no sé si en plena borrachera o tratando de volver a ser el Mickey de 9 semanas y media, se metió en un quirófano y, bueno, ya véis su aspecto actual. Desde luego me parece el hombre ideal para el papel. Y además, se lo merecía más que Nicolas Cage.

Desde luego el bótox es la mejor manera de arruinar uno de los principales instrumentos que tienen los actores y actrices, pero Rourke, por decirlo de alguna manera, "lo sigue teniendo". Su voz sigue transmitiendo emociones, y sus ojos no engañan. Y, en resumen, nosotros, el público, podemos ser muy facilones. Pon, por ejemplo, a un famoso ex-alcohólico interpretando a un exalcóholico, y el interés ya estará ganado.




Ya sabéis, entre el drama y el melodrama puede haber una línea muy fina, y de no caer en las manos adecuadas y darle el tratamiento que se necesita, un Días de vino y rosas puede convertirse fácilmente en una peli barata de sobremesa del tercer canal. El luchador podría haber sido también un fácil drama más, pero aparte de que el guionista ha sabido dar las dosis justas para no convertir la película en un carnaval de lágrimas, Rourke hace de "The Ram" un personaje tan admirable como conmovedor.

Si al arquetipo de una historia que suele funcionar, el actor y el personaje, le añadimos una dirección inspirada por momentos ya vamos teniendo una película que bien podría destacar en un Festival de Venecia. Y es que, después de que el mundo volviera a saber que estaba vivo gracias a Sin City, había expectación por ver de nuevo a Rourke en un personaje dramático que estuviera diseñado para él. Y más allá de las bondades del film, quizás simplemente su vuelta a lo grande ya mereciera un premio en esas tierras italianas.




Y desde luego Rourke sabía que esta era su gran oportunidad. El luchador era un film de bajo presupuesto, y su sueldo era un problema. Esa contingencia, sumado a que los productores no le querían allí, puso durante un tiempo al actor fuera del proyecto. Pero el director, Darren Aronofsky, insistió en tener a Mickey. Y finalmente éste le premió aceptando trabajar gratis. No es algo que hiciera, como el actor ha confesado en alguna entrevista, con una sonrisa en los labios, sobretodo considerando que tenía que prepararse en los gimnasios, entrenar con un luchador de wrestling profesional, etcétera. Pero como ya he dicho, el viejo Mickey sabía que no podía dejar pasar este tren, y se dejó la vida en ello. Y si había que cortarse la frente en virtud del realismo, pues se la cortaría.

Aparte de la vuelta del gran Mickey a los ruedos, El luchador tiene, para muchos de nosotros, varios alicientes extra. Por ejemplo, la excelente y sleazy banda sonora, donde se escuchan temas clásicos de bandas como Quiet Riot, Scorpions o el "Sweet Child O'Mine" cedida gratis por el propio W. Axl Rose en persona (y por tanto agradecidos que le están en los créditos del final). Vamos, que la BSO es de "extlaodinalia magnitud".




Otro gran aliciente es el ambiente de wrestling que nos trae recuerdos a muchos (no sé si los de la generación de Batista habrán disfrutado con este film, pero seguro que somos muchos de los de Hulk Hogan a quienes El luchador les ha tocado justo ahí). En la película el ambiente del wrestling es pintado como algo bastante más duro que como lo imaginamos la mayoría. Preparado, sí, pero las viejas glorias que pelean en salas desvencijadas (supongo que aquí sería fútbol de regional) parecen tenerlo todo más difícil. De todas formas poco importa eso cuando vemos a The Ram dejándose los huevos en cada combate, haciendo lo único que sabe hacer, mientras su vida se va al carajo y su hija le odia como, al parecer, odia la hija de Jake "The Snake" Roberts (¿os acordáis de él? ¡era uno de los carismáticos) a su propio padre.

¿Y que sería de los viejos luchadores sin una dama por la que luchar? En su papel de stripper que tampoco lo tiene fácil en la vida (ya madurita, con un hijo y rivales veinteañeras con las que competir) Marisa Tomei demuestra que no solo ha madurado como actriz, sino que a sus años esta mujer está mil veces mejor que hace veinte. Superduble.

Por supuesto, no desvelaré el final de la película, pero simplemente diré que... ni diez Roya Rumbles juntos podrían superar esa secuencia final tan... para no dar pistas, lo dejaré en un superduble de nuevo. Grande.

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