martes, 15 de enero de 2019

Crítica de "Malditos bastardos" (Quentin Tarantino, 2009): Review


por Möbius el Crononauta



Lo que supone lo que es preparar y ambientar bien una escena. Unos alemanes llegan a una granja, el malvado coronel entra, y allí está el pobre granjero con sus bellas hijas. ¿La tomará como botín de guerra? Evidentemente no, pero es una forma de jugar con villano que nuestro subconsciente conoce: el nazi diabólico. En esa primera y magnífica escena de Malditos bastardos se conjuntan los ingredientes que Quentin Tarantino ha mezclado para este film: ambiente bélico de la Segunda Guerra Mundial, spaghetti western con las viejas reminiscencias de John Ford, y, como se verá a continuación, acción y disparos que beben directamente de viejos films bélicos de los 60 y los 70. En fin, el padre, la hija que se mete en casa, la muerte que se aproxima... y un primer capítulo llamado "Érase una vez en la Francia ocupada" (habría sido un estupendo título-homenaje para la película". Inevitable no acordarse de los preparativos de la comida al aire libre de la familia McBain en Hasta que llegó su hora. Sí, Malditos bastardos tiene un inicio colosal, y creo que muestra al Tarantino más refinado desde Jackie Brown.



Malditos bastardos no es el film redondo que habría podido ser, y quizás disperse sus fuerzas en demasiadas direcciones, pero es un buen y entretenido film de acción. Un pelín larga tal vez, el interés del guión baja y sube, y, en fin, supongo que cada uno opinará según admire más o menos al amigo Quentin o se haya dejado o no llevar por la trama sin ambages. A estas alturas dudo que Tarantino nos sorprenda con un film pensado para matrimonios maduros y reflexivos, y está bien así; que yo sepa, de Tarantino no esperamos otra cosa sino buenas dosis de acción, humor negro y, a ser posible, historias tan resistentes como el keblar. En Malditos bastardos tenemos la sangre, la acción, algunos diálogos ingeniosos (menos que nunca, aunque tras Death Proof casi agradezco esa sobriedad), los mil y un guiños para los ratones de videoclub... todo lo que nos suele ofrecer el director. Desde luego esta vez Tarantino creo que ha logrado un film más compacto que otros anteriores, pero, una vez más, me sigo quedando con la sensación de que si quisiera, o si pudiera, o si tomara drogas, o dejara de tomarlas, o qué se yo, podría ofrecernos aún mucho más. ¿Es injusto tener siempre de referencia Reservoir Dogs o Pulp Fiction? Supongo que sí.




Desde luego puedo decir que he disfrutado con varios momentos a lo largo del film ciertamente deliciosos, divertidamente macabros, o retorcidamente tensos. La escena inicial, como ya he dicho, magnífica, la auténtica nata para el strudel, pero que no se hace esperar. Ahí está, desde el principio. El pobre granjero interrogado por uno de los grandes villanos de los últimos tiempos, el coronel Hans Landa (ninguna relación con el señor Alfredo que sepamos), magníficamente interpretado por Christoph Waltz. Por una vez en los Oscar creo que dieron en el clavo. De hecho creo que varios de los mejores momentos de la película coinciden, fíjense que casualidad, con las apariciones de ese retorcido coronel hombre de mundo. No es de extrañar que la interpretación de Waltz haya sido aplaudida por doquier. Probablemente lo mejor del film sea su personaje. ¿Aunque saben qué? Su asustado antagonista en la granja todavía me ha impresionado más. Denis Menochet es el actor. Nada sabía de su existencia. Pero señores, dar tanto en un momento de tenso comedimiento es muy difícil. En palabras del coronel: "¡Bravo!".




Y hay más grandes momentos: la interrogación con bate a cargo del "Oso Judío" Eli Roth (¿será cierto que escuchar Hannah Montana le daba energías destructoras para empezar a rodar?), la historieta sobre el sangriento pasado del sargento Hugo Stiglitz (en otros tiempos habría sido un gran papel para Michael Madsen), los "nein nein nein" del Führer, los intentos de italiano del personaje de Brad Pitt, el momento "te pillé" de la taberna... y algun otro más. Por desgracia, los papeles femeninos no me parece que estén a la altura (el mejor, el de Shosanna, pero aun así...) en comparación con los masculinos, y en una película tan coral como ésta, eso es una desventaja.




Respecto a los pequeños cameos, me ha costado deducir el de Mike Myers, pero el que más me ha sorprendido ha sido el del inefable Rod Taylor. Al verlo en los créditos iniciales me he preguntado si sería él, y hasta los créditos finales no he logrado asegurarme de que fuera él el Primer Ministro. Pero sí, el rudo Taylor interpreta a Churchill. Gran homenaje el de Tarantino, y muy acertado; al fin y al cabo el bueno de Rod interpretó El último tren a Katanga, uno de esos films a los que Tarantino ha decidido rendir tributo esta vez.

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