martes, 29 de enero de 2019

Crítica de "Infierno en el Pacífico" (John Boorman, 1968): Reseña


por Möbius el Crononauta


Esta película, titulada Infierno en el Pacífico, fue una de esas producciones que cuesta levantar, que se posterga por esto o por aquello, y que finalmente empieza con mal pie y acaba siendo problemática en muchos sentidos. El rodaje de la película no fue fácil, y seguramente hoy no se hablaría de ella (tampoco es que se la mencione constantemente en foros y blogs, pero bueno) si no fuera porque reunió a dos grandes tipos: Lee Marvin y Toshiro Mifune.



En 1966 Mifune había firmado para rodar su segunda película fuera de Japón. Ya había tenido un pequeño papel en Grand Prix, pero esta vez sería protagonista. La idea inicial era una batalla en una isla solitaria durante la Segunda Guerra Mundial, pero el proyecto fue pasando de cajón en cajón, postergándose, hasta que comenzó a tomar forma cuando la ABC, a través de una compañía subsidiaria, y con apoyo de la UPA, la productora de Henry Saperstein. Durante un momento la compañía Toho también estuvo a un paso de participar, pero los intereses de la ABC dieron al traste con la idea. La luz verde a la película no llegó hasta que se pudo asegurar a Lee Marvin como co-protagonista.




La nueva idea era rodar un film no demasiado caro, en alguna isla de Hawái, con Marvin y Mifune como dos únicos protagonistas. Serían dos soldados enemigos varados en una isla, y la trama se centraría en ellos y en su lucha por sobrevivir a la isla y a su odio mutuo. Sin el guión listo del todo, Marvin trajo al proyecto a John Boorman, con quien había trabajado el año anterior. Boorman decidió que en virtud del realismo había que rodar en el Pacífico, con lo que la producción se trasladó al archipiélago de Palau. Este incremento presupuestario no fue lo único que enfrentó a Boorman con Saperstein. El guión también fue motivo de discusión entre el director y el productor.




Comenzado el rodaje, los problemas continuaron, esta vez entre Boorman y Mifune. Sus ideas respecto al personaje no parecían coincidir en absoluto, y según el director, Mifune estaba obsesionado con defender el honor de Japón, aunque quizás sólo tratara de desarrollar su personaje conforme a su idiosincrasia japonesa. No sería la primera ni la última vez en que Mifune, metido en una producción occidental, tuvo que luchar a brazo partido para que su personaje fuera descrito en términos más reales, y no como un europeo o un americano se imagina a los japoneses.

Con quien no hubo problemas fue con Lee Marvin. Todo lo contrario: él y Mifune desarrollaron, a pesar de las limitaciones lingüísticas, una gran amistad, que cultivaron a lo largo del tiempo y hasta el fin de sus días. Congeniaron desde el primer momento, y al acabar el rodaje cada día Marvin ponía a disposición su whisky, Mifune su sake, y se pasaban bebiendo casi toda la noche, para, al día siguiente, despertarse con energía y resolución, haciendo su trabajo como los grandes profesionales que eran.




Acabado el rodaje, sugieron nuevas dispustas, esta vez a causa del título. Boorman quería titularla El enemigo (y, curiosamente, las similitudes entre la trama de este film y Enemigo mío no dejan de ser curiosas), pero en la ABC querían algo que denotara algo más vendible, acción con Lee Marvin, con lo que se impuso Infierno en el Pacífico, título algo confuso, que al propio Marvin le pareció horrible.

El insulto final para Boorman llegó con el montaje. Ya de vuelta en Inglaterra, se enteró de que el productor Saperstein había cambiado la conclusión del film por un inopinado final con recurriendo a un metraje de archivo que la verdad le deja a uno bastante perplejo, aunque no parece que el final original fuera demasiado mejor.




Todo fue consecuencia, seguramente, de un guión demasiado deslabazado, poco realista en algunos aspectos, que tras unas primeras secuencias interesantes se va diluyendo poco a poco. Es la química y la buena labor del dúo protagonista la que mantiene el film a flote, pero en conjunto Infierno en el Pacífico no deja de ser un film fallido cuyo potencial no llegó a explotarse del todo.

Con todo, si sois fans de Marvin o Mifune, o mejor aún, de los dos, merece la pena echarle un vistazo a esta peli, algo mediocre quizás, pero que cuenta con unos cuantos buenos momentos. La verdad, sólo por ver, pongamos por ejemplo, la escena en que el personaje de Marvin se mea (literalmente) en el de Mifune, ya justifica el visionado de esta Infierno en el Pacífico. No es de lo mejor de Boorman, pero tiene un pase.

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