domingo, 20 de octubre de 2013

Microrrelatos - Basura Espacial (y 100): El hacedor



El hacedor

Como todos saben, pues lo dejó escrito el maestro, con la invención del cine las fotografías comenzaron a moverse y cobrar vida. Si en aquellas, las nubes estaban paradas, en este echaban a andar. Fluyó por fin el agua de los ríos, y las personas que en las fotografías parecían bobas hablaban de amor y desmentían su bobería; o, al contrario, quien parecía interesante, demostraba con sus actos y palabras que no era más que un portavoz de la estulticia. A veces simplemente la película confirmaba los rumores o las primeras impresiones.

Desde luego, el invento fue mágico, pero todo estaba allí algo fosilizado. Uno asistía de nuevo a la proyección de la película y los protagonistas volvían a darse los mismos besos y pronunciar las mismas palabras del mismo modo y en los lugares esperados. Terminaban siendo también un poco como las viejas fotografías: un agua detenida o un río que siempre pasa por el mismo cauce.

Por eso alguien inventó la fórmula de esa película en que las cosas ocurrían de modo distinto cada vez que la proyectábamos. Algunos llamaron a aquel invento vida, otros lo llamaron sueño. A ese inventor anónimo nadie ha podido verle, pero algunos incluso le rezan, y, aun sin conocerlo, lo llaman de tú en sus oraciones (con palabras que ni él entiende).


[Este micro clausura ese libro cibernáutico que he dado en titular Basura Espacial. Han sido 100 entradas con otros tantos (y alguno más) pequeños relatos que no son sino fruto de mis insustanciales y anodinas obsesiones unos, desagüe de mis sueños otros, zampoña de mis fracasos unos cuantos, un simple ejercicio de escritura los más. Cien semanas. En fin, vendrán otros, amigos, pero he querido cerrar este trabajo con un número redondo como el mundo mismo, un mundo alrededor del cual gira esa basura espacial como lo hacen estas bagatelas o chucherías mías entorno a la gran Literatura. Gracias a los asiduos y seguidores].

©Ángel Carrasco Sotos

7 comentarios:

  1. Antes de nada, le felicito por los 100 relatos. Han sido reclamo de un lugar de lectura obligada que nos ha hecho imaginar y pensar.
    Sin embargo, voy a tocarle las narices un poco en este último relato. A saber. Lo de contraponer la inmovilidad de la foto al movimiento del cine -que no es otra cosa que la sucesión de fotos- está acertado. No así, en mi humilde opinión -bueno, humilde no, que a veces soy algo pedante- el tema de las palabras. Con la invención del cine, los enamorados raras veces hablaban de amor. Y si lo hacían, sus palabras se representaban con otra fotografía inmóvil, la de la pizarra con textos. Es decir, seguían pareciendo bobas. Hubiese tenido que hacer algún tipo de mención a la llegada del cine sonoro. Primero las aguas fluviales fluyendo... más tarde las parejas desmintiendo su bobería a fuerza de palabrería. Pero no me haga mucho caso. Afectuosamente suyo, el lector tocagüebos. :D

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  2. ¿Que no hablaban de amor? Es el tema universal, Majestad. ¿Ha visto "Amanecer" o el cine de Chaplin, el de Keaton? Si no hay amor en esas películas que me trague la tierra y quede sepultado siete estados. Palabras pronunciadas oralmente, palabras escritas en subtítulos, palabras son. Y lo de la mención a la llegada del cine sonoro me lo he saltado simplemente porque esto no es un ensayo, es un simple (por su simpleza, quizá, jaja) microrrelato. (Por cierto, lo de "tocagüebos" me hizo gracia, pero sí, es usted tan pedante que no pudo evitar poner la diéresis, jajaja; la negra honrilla, Majestad). Siempre son de agradecer sus palabras por aquí, ya lo sabe, aunque solo las escriba para intentar hundirme en la más profunda de las miserias. Se le saluda igualmente.

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  3. Jajajaja... como decía Debbie Allen, "la fama cuesta, y aquí vas a empezar a pagar, con sudor y con los comentarios del King" jajaja

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  4. La fama cuesta porque solo es una vulgar prostituta ;) Huya de ella como de la peste, Majestad (a no ser que la entienda como Jorge Manrique, que creo que es un individuo poco considerado hoy en día).

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  5. Hola, Ángel.

    Algo más largo de lo habitual, pero brillante como siempre. Yo tampoco sé porqué le llaman de tú...

    Enhorabuena por tus 100. Eres un trabajador incansable y me produces mucha admiración. En fin, que me alegro mucho de todo esto y de todo lo bueno que te pase; ya lo ves: soy así... Aunque me hayas hecho cargar con Z y te desentiendas de ella yo te segurié admirando y felicitándote por lo bien que lo haces.

    Un abrazo muy grande y muy fuerte.

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    1. Eres un cielo. Eres el cielo. Peeero... no creo que me merezca esos elogios, que sé que nacen del corazón y no de la razón, que es en definitiva la que pone en su sitio a los atrevidos como yo, que solo sé meterme en camisa de once o doce varas.

      Otro abrazo fuerte que se marcha hacia el cielo.

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  6. Ya está bien... desde el 20 de octubre.
    Besos, Ángel.

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