sábado, 26 de octubre de 2013

Led Zeppelin - Houses Of The Holy (1973): Crítica del disco. Review


by Don Críspulo



¿Y ahora qué? Algo así debieron pensar los ingleses cuando se dispusieron a grabar su quinto disco. En la primavera de 1973 Led Zeppelin lo había conseguido todo, habían tocado por todo el mundo y habían vendido millones de discos así que, lo fácil hubiera sido clonar Led Zeppelin IV en Led Zeppelin V y seguir pasando la caja en las gigantescas giras mundiales, pero no, decidieron hacer otra cosa. ¿Y ahora qué?, diría alguno de ellos. Pues ahora, por lo menos, pongámosle un nombre al disco y experimentemos.


Y experimentaron, vaya si lo hicieron. Empezando por la portada, maravillosa obra de Hipgnosis, aunque para decir verdad, tuvimos suerte de que no aceptaran un primer proyecto de una pista de tenis con una raqueta en primer plano. También la música estuvo sujeta a las novedades, alejándose del blues y trabajando con nuevos sonidos como el Reagge y el Funk con un resultado bastante paupérrimo, todo sea dicho.

Experimentos aparte, Houses Of The Holy es el disco de la madurez de la banda. La épica y la lírica se conjugan para darnos las que posiblemente sean las mejores coplas, gustos aparte, hechas por la banda. Y es que de las ocho canciones hay cinco auténticas joyas, pero vayamos por partes. Pocos discos pueden ofrecer un comienzo como este, con tres piezas del calibre de “The Song Remains The Same”, “The Rain Song” y “Over The Hills And Far Away”. La primera, que posteriormente daría título a un disco del grupo, es un trabajo soberbio de los cuatro músicos, especialmente de Bonham y Page, llena de matices y constantes cambios con un ritmo trepidante. Nada que ver con “The Rain Song”, que para un servidor está casi a la altura de la misma “Stairway To Heaven”, por lo menos en lo que a belleza y cautivadora ternura se refiere. Una copla íntima, plena de melodía, con unos arreglos, cortesía esta vez de John Paul Jones y su melotrón, soberbios y un final in crescendo casi perfecto. “Over The Hills And Far Away”, tercer tema de esta trilogía maravillosa, fue lanzado como single y es una combinación de folk acústico y vibrante electricidad con una Page en estado de gracia.

En solo dieciocho minutos la banda inglesa ha dejado una lección maestra de cómo facturar grandes canciones aunando lo mejor de sus cuatro discos anteriores, y hubiera sido la mejor cara, en este caso la cara A del vinilo, de la historia, si no hubiera sido por aquello de la experimentación y la inclusión de “The Crunge” al final. Pero aclaremos, yo soy de los que piensan, mejor dicho, de los que creen a pies juntillas en un acto de fe, que Led Zeppelin no tienen una mala nota. No vayamos a pensar que “The Crunge”, un pseudo Funk-Soul, que en realidad es una parodia de ese estilo musical tan en boga en la época, es una mala canción, es simplemente que desentona bastante con sus compañeras y donde al grupo se le ve demasiado forzado.

La cara B, desgraciadamente, no empieza tan bien como la anterior. No es que “Dancing Days”, de clara inspiración oriental, no sea un buen tema, pero es que el listón está demasiado alto. Claro que la cosa no sólo no mejora sino que la experimentación vuelve, para mal, a hacer acto de presencia con “D´yer Mak´er” (un juego de palabras con la pronunciación de Jamaica), un reagge que en manos de Led Zeppelin queda, cuanto menos, raro, siendo la nota discordante de un disco que sería mucho mejor, todavía, sin él.

Gracias a Dios el final vuelve a ser apoteósico. “No Quater” es, posiblemente, el mejor tema jamás escrito por la banda. Con todo lo bueno de la música progresiva de los setenta al más puro estilo Pink Floyd, es una maravillosa creación de ambiente oscuro, denso e intenso, con un inspiradísimo John Paul Jones como maestro de ceremonias multiinstrumentista. Una copla que vale por discografías enteras, donde además la banda habla de mitología escandinava, ahí está el bueno de Thor, sin que, como a otros, la cosa le quede pueril. “The Ocean” no llega, ninguna llega, a la altura de la anterior, pero es también un tema glorioso. Riff pesado y protagonismo para Plant con un Bonham que da el pistoletazo de salida diciendo que “ya llevan cuatro tomas” y, atención, un teléfono que suena a mitad de la canción. No creo que a Eddie Kramer, el productor del disco, y que hace un trabajo colosal, se le pasase ese teléfono. Quizás sonó y en vez de regrabar decidieron dejarlo (que Bonham ya estaba impaciente por irse al bar) el caso es que ahí está, sobre el minuto y treinta y ocho segundos. ¿Quién llamaría?

Houses Of The Holy es un disco, como todos los de la banda, espectacular, quizás demasiado heterogéneo, con coplas muy desiguales tanto en calidad como en estilo pero que tiene cinco de las mejores piezas nunca grabadas por la banda y fue un paso adelante, uno más, en el vuelo del Zeppelin.


[Una primera versión de este artículo fue publicada por el venerable Don Críspulo en The Sentinel].

©Don Críspulo

2 comentarios:

  1. Creo recordar que fue este el primer álbum de Zeppelin que me escuché entero (ahí tengo el cedé) y me frustró. Yo estaba con mis Barón Rojo, mis Barricada, mis Motley y ese tema reagge me tiró de culo (aún no lo soporto y ya soy casi mayor). Con los años volví a Houses of the Holy y tengo que reconocer que tu crítica es acertada: un puñado de temas míticos, de lo mejor del grupo, junto a otro puñado de temas flojos. Porque cualquier grupo tiene temas (y hasta discos enteros) malos. Sí, los Rolling y Black Sabbath también.

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