jueves, 31 de octubre de 2013

Lou Reed - New York (1989): Crítica del disco. Review


by Don Críspulo


Se quejaban, imagino que con razón, algunos señores en internet del disco de cooperación mutua (chúpense ese eufemismo) entre Lou Reed y Metallica, llamado Lulú. Con ese nombre y todavía hay quien fue hasta la tienda a comprarlo... Pero permítanme que rompa una lanza (vaya frase idiota) en favor del bueno de Lou. Déjenme que les hable de New York.

Hay discos malos, regulares, buenos e imprescindibles. New York pertenece, sin ningún tipo de dudas a esta última categoría. Es mi humilde opinión, que es tan válida como otras, pero es la mía. Y la mía es que New York es de esos discos básicos en cualquier discoteca que se precie.

Le he dado un par de vueltas a la cabeza antes de empezar a escribir. Vueltas pensando que quizás yo no sea la persona más adecuada para descubrirles a Mr Reed, o pensando la manera de hacer la vivisección de esta obra de arte. Y es que podría dedicarme a darte un montón de datos sobre Lou Reed, anécdotas o hasta una pequeña biografía o apabullarte con los típicos-tópicos de cada reseña del tipo “el disco consta de x canciones” o “el productor es tal o pascual”. Podría hacerlo, es fácil, pero te estaría faltando el respeto a ti, a mí y a cada canción de este disco. Me vale si después de leer estas letras decide preocuparse por oírlo o si le sirve de mera recomendación. Recomendación de unos de los discos que más veces ha sonado en mi casa desde que me lo compré hace ya muchos años.

¿Es buen disco para adentrarse en el trabajo de este Poeta Urbano? No lo sé. Sinceramente no lo sé. Algunos podrían pensar que los clásicos Transformer, Rock And Roll Animal o Coney Islands Baby de los setenta, son los más representativos. Puede que algún avispado te indique uno de sus últimos discos, The Raven, dedicado a la obra de Edgar Allan Poe y con intervenciones de David Bowie o Willem Dafoe o incluso saldrá alguno más listo que le diga que la Velvet Underground es la piedra angular del rock moderno y donde va a encontrar al Lou Reed más rebelde. Puede ser. Todos tendrían razón. Yo me decanto por este libro de poemas musicados, recitados intensamente por Reed. Canciones que destilan tristeza, denuncia o simplemente que nos muestran a esa “otra” Nueva York que habita debajo de los rascacielos. Una obra por donde pasan las historias de personajes anónimos como Romeo Rodrigues o Pedro, Mr Waldhein, Sam o muchos otros que, pasan, pasean, sobre el mapa Neo-Yorquino que Lou Reed nos dibuja con hábil maestría en cada verso y en cada nota de este disco.

Destacar algún tema por encima de otro es tarea difícil ya que todos siguen un mismo patrón homogéneo manteniendo el mismo nivel de calidad. Quizás me quede, después de muchas escuchas, con la fuerza de “Strawman” o el blues vacilón de “Beginning of a great adventura”, aunque no podemos olvidarnos de “Romeo had Juliette” o la magnifica “Dity Blvd.” Quédate con la quieras, al fin y al cabo no lo vas a escuchar a trozos ¿no? Pues eso.

En una época llena de la épica del Hollywood más pasteloso, leer los poemas, me niego a llamarlos “letras”, de Nueva York es una buena vía de escape, o mejor dicho una ventana hacia el compromiso, hacia el no volver la vista hacia otro lado. Este Reed ya no es el trasgresor de antaño, y nunca fue un artista de panfleto, es, simplemente, una persona que nos muestra, que da fe como notario de la realidad de que no todo es color de rosa.

Ahora si queréis volvemos a los tópicos y os cuento que es un disco intimista, de rock con mayúsculas, donde la guitarra y sobre todo la voz dan todo en cada nota pero prefiero no hacerlo. Prefiero que se quede aquí, a modo de aviso, de noticia o, si lo preferís, de recomendación sincera.



[Una primera versión de este artículo fue publicada por el venerable Don Críspulo en The Sentinel].

©Don Críspulo

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