domingo, 29 de marzo de 2015

Microrrelatos - Cosas en los bolsillos (73): Lo que sueña un muerto por inanición



Lo que sueña un muerto por inanición

Quizá no lo crean, pero un día salí de mi campamento con hambre de seis semanas. Yo era joven y poco comilón, todo sea dicho, pero eran seis semanas sin comer, joroba, que se dice pronto. Al poco de ir caminando, divisé a lo lejos un ciruelo. Me acerqué con el impulso de un último aliento y vi que estaba cargadito de manzanas. Como se lo cuento. Entonces, sin mirar nada y solo movido por una gazuza incontrolable, comencé a tirarle piedras (aunque a mano tenía el paradisíaco fruto). Vi, no obstante, que caían avellanas o al menos es lo que yo apreciaba, que pensé yo si no serían alucinaciones frente a ese onírico oasis, que ya quisiera Tántalo.


Claro, no habían pasado ni dos minutos cuando, con el ruido de las nueces, que era ensordecedor, Dios mediante, salió el dueño del peral. Pensarán que me he vuelto loco, pero lean lo que me espetó con voz airada el dueño: "¿Qué hace usted tirando piedras si no es mío el melonar?" (sic). Y añadió, aclarando la cuestión y como queriendo consumar el pareado: "Que es de una pobre señora que vive en El Escorial".

Ni me preocupé por saber quién sería esa señora, que yo me imaginaba desaliñada y triste ante un plato de acelgas servidas sobre porcelanas art déco. Salí por patas como queriendo despertar de esa pesadilla, pero, eso sí, con los bolsillos llenos de almendrucos, que tonto soy lo justo.

¡Ay, con las cosas que sueña un muerto de hambre, jorobeta!

Ángel Carrasco Sotos



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