domingo, 15 de marzo de 2015

Crítica de la película "Magical Girl" (Carlos Vermut, 2014): Movie Review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



La bondad y el amor como mecanismo de destrucción, dos valores con buena prensa pero que no tienen por qué ser positivos per se una vez contextualizados. Esa perturbadora idea es una de las claves conceptuales de esta obra maestra del cine español, las miserias de la bondad ignorante y egoísta y el amor.


Magical girl” es uno de los ejercicios más fascinantes, brillantes y depurados que ha dejado el cine español en años, una obra maestra difícil, nada complaciente y selecta; no es para mayorías, pero absolutamente deslumbrante e incontestable.

La dirección de Carlos Vermut es la pura depuración. Sin apenas movimientos de cámara, con dos travellings en toda la cinta y unas panorámicas que pueden contarse con los dedos de una mano, el estilo del director madrileño se fundamenta en el plano estático, al estilo Yasujiro Ozu. Planos estáticos, el encuadre como rasgo distintivo, encuadres con significación, donde la angulación y el simbolismo resultan claves.

No sólo Ozu viene a la cabeza al ver “Magical girl”, referente obligado en una cinta que guiña a lo oriental constantemente, sino que su estilo, atmósfera y planteamiento nos remiten a otros grandes maestros como el Stanley Kubrick de “Eyes Wide Shut” (1999), Robert Bresson y ese uso del encuadre que se fundamenta en los espacios vacíos y los objetos que acaban cobrando sentido una vez los personajes aparecen y desaparecen de ese contexto, Lang y su geometría arquitectónica o Cronenberg y su frialdad perturbadora…



El juego con el fuera de campo, ese toque bressoniano que cito, es absolutamente magistral, una auténtica maravilla de sugerencia, talento cinematográfico y narrativo. Fíjense en ello porque merece la pena. El fuera de campo son los elementos que no se ven en el encuadre, pero que en esta película tienen especial importancia narrativa y de sugerencia, ocurren cosas continuamente y muy importantes en fuera de campo.

El uso de los objetos también es de vital importancia en la narración, un lagarto negro, un accesorio para un vestido, una piruleta, los espejos… Nada es gratuito.

El ritmo es lento, fascinante, subyugante, con un tono muy equilibrado entre thriller, elementos de terror, toques cómicos sutiles y atmósfera inquietante. Lo castizo, lo español, y lo más etéreo, lo oriental, se van dando la mano. La reflexión sobre la tauromaquia y España, nuestro conflicto interior, es muy interesante.

Lo oriental está continuamente presente, no sólo ya en la concepción estilística de la propuesta, sino en la propia trama donde el anime y un disfraz de dibujos japoneses son clave en la trama. Del mismo modo, elementos temáticos clásicos del cine oriental como la venganza y la obsesión son capitales en las tesis últimas de la cinta.



El destino y el azar juegan un papel esencial en la película, vertebrados con vínculos sutiles entre todos los personajes, vínculos que crean un juego perturbador en el que si el espectador entra quedará rendido. Vínculos en forma de objetos, donde los más observadores irán comprobando como esos personajes en los que se centra la película y que parecen no tener nada en común deben acabar irremediablemente unidos por la fatal mano del destino, el fatum.

La película retrata a una serie de personajes rotos, desgraciados, perturbados, en el contexto de la crisis, muy bien usada y sin demagogias, justificado narrativamente y sin componentes ideológicos.

La película resulta imprevisible en todo su desarrollo salvo por el extraordinario aliento trágico de la parte final, un último tercio donde el personaje de José Sacristán se hace con las riendas para convertirse en una especie de Ángel Exterminador que retrata la obsesión, una obsesión que vincula a casi todos los personajes. La obsesión ilógica, irremediable, mortal…

La estructura narrativa también resulta interesante con una fracturación que no necesita de subrayados, donde los flashbacks y los saltos temporales, no son muchos pero hay algunos, se insertan con total naturalidad.



“Magical girl”, en todos sus elementos, es pura sugerencia y pura sutileza. Su uso de los símbolos, los corazones, los espejos, el puzle, el vestuario de Bárbara, maravillosamente interpretada por Bárbara Lennie, casi siempre de gris o negro, cual dama trágica o mortal… son prueba de ello.

Lo de José Sacristán no tiene nombre. El maravilloso actor, de la denostada generación de las “españoladas”, pero que dio el mayor número de talentos interpretativos de nuestro cine, vuelve a demostrar su categoría de maestro. Bien harían los actores actuales en pasar una temporada con él para aprender a vocalizar, es una auténtica maravilla, un goce casi físico, escuchar la voz de Sacristán.

El resto del reparto también es excelente, con menciones especiales para Luis Bermejo, como el padre, y Lucía Pollán, como la hija.

El cine español es justamente criticado por muchas razones, pero desde hace unos años hay algo que está cambiando, nuevas voces y nuevas ideas van surgiendo, quizá en general en estado embrionario, pero ese es el camino a seguir. Por fin están surgiendo ideas nuevas, nuevos intereses, alejadas de demagogias y sectarismos ideológicos, donde se exploran todos los géneros y el talento empieza a brotar y a dejar buenas películas o joyas como la que tenemos aquí.

Una película que considera inteligente al espectador, sin titubeo alguno.

Si quieren ver algo distinto, con talento e inteligencia, apuesta por esta cinta. Una obra maestra de nuestro cine, de lo mejor en muchos años.

©Jorge García

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