domingo, 8 de marzo de 2015

Corazones de Acero (David Ayer, 2014): Crítica de la película Review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



Fallida, pretenciosa y esquemática esta Corazones de Acero, con demasiadas ínfulas para lo que acaba ofreciendo, una especie de blockbuster bélico apañado, superficial y de espectacularidad discreta.


Una película que se toma demasiado en serio a sí misma, con pretensiones de trascendencia cuando en realidad no es más que cine espectáculo. Si hubiera apostado por ello decididamente, por ser una cinta de puro espectáculo, hubiera resultado más honesta y eficaz.

La supuesta dureza y truculencia de la guerra no evita los arranques hollywoodienses en buena parte del metraje, esa indefinición que se queda a medio camino de todo.




La dirección de David Ayer es sobria, con un acertado uso de los travellings y los planos largos, sostenidos, sin mucho corte, lo que da una buena atmósfera a las escenas más intimistas. Buenos travellings y panorámicas descriptivas en una puesta en escena aceptable, al menos al inicio. Una cinta de ritmo lento, pausado, que tarda en arrancar. Logra además una acertada claustrofobia mezclada con camaradería en el interior de ese tanque, “Fury”, que acaba convertido en un personaje más, fundido con el propio grupo protagonista. Una coraza exterior, obligada coraza, como la que necesitan los personajes para protegerse de las bombas y del horror exterior, una coraza que vemos perfectamente en el personaje interpretado por Brad Pitt y que intentar ir creando en el ingenuo protagonista encarnado por Logan Lerman.

Logan Lerman tiene aquí un rol muy similar al que le viéramos en “Noe” (Darren Aronofsky, 2014), el joven ingenuo en lucha interior y con un mentor a su lado.

Los elementos religiosos, la fe o la falta de ella, los titubeos en ese horror, estarán muy presentes en la narración y en los contrastes de los personajes. Así el encarnado por Shia LaBeouf es un creyente absoluto, lo mismo que el joven protagonista, pero el resto del grupo no es tan espiritual, con la salvedad de un Brad Pitt que se mantiene en una especie de posición neutral para acabar posicionándose del lado de los primeros.



El retrato del horror, donde la civilización y sus códigos se vuelven inservibles, absurdos, es liviano con respecto a otras cintas bélicas, cumple sin más recurriendo en demasiadas ocasiones a la complacencia comercial y el efectismo. La normalidad, como es lógico, es vista como excentricidad.

Es interesante el reconocimiento a la tecnología alemana y su extrema competencia en su casi legendaria exposición de los tanques Tiger, muy superiores a los americanos, de lo que tendremos demostración en una buena escena de acción.

Hay cierta atmósfera derrotista en toda la trama aunque la guerra está a punto de ganarse, con lo que ese horror que pretende retratar, aunque visible, queda en cierto sentido mermado, confuso. Las reflexiones que se pretenden sobre la guerra y los radicales sentimientos y actuaciones, alejados completamente de lo que entendemos como civilización, han sido expuestas con mucho mayor acierto y profundidad en múltiples títulos. Sus amagos por trascender siempre recorren caminos manidos, trillados y superficiales, vistos demasiadas veces.

Aquí también los tendremos con brocha gorda y superficial, el odio, el contacto con el “yo primitivo” o la ausencia del “yo”, la deshumanización, el absurdo, la muerte que todo lo sobrevuela… El problema es que todas las ideas esbozadas no tienen desarrollo, son esquemáticas e incluso artificiosas.

Desde lo visual lo más notable son las escenas de acción, hay varias destacables, algunos espectaculares tiroteos, que dejan planos brillantes, sobre todo cuando se usa el plano general y vemos las luminosas balas sobrevolando e impactando en la escena.




Hay dos secuencias muy distintas que podemos destacar, una desde el puro espectáculo y otra desde el prisma más intimista. La primera es el duelo de los tres tanques americanos contra un único Tiger alemán, bien rodado. La segunda es la tensa escena de la comida donde los sufridos compañeros de Pitt alteran la paz en la que su líder y el joven habían pasado unos momentos junto a una madre y su hija.

Las escenas en el interior del tanque también son efectivas, así como el retrato del funcionamiento en su interior, como he comentado, lo que logra que entendamos la camaradería sin fisuras y los vínculos de ese grupo de hombres ante el horror y muerte que les rodea.

Los personajes están bien diferenciados, al menos en general, pero tan sólo dos tiene cierta profundidad, el de Pitt y el del chaval, Lerman. El personaje de LaBeouf queda a medio camino y tiene alguna buena escena dramática para su lucimiento, pero prima la superficialidad.

El clímax es de una mediocridad suprema, ya no por lo previsible y sus glamurosos ramalazos mainstream, sino por la torpeza de la puesta en escena y la incoherencia interna de la propia secuencia. Parece que se acabó el presupuesto, la imaginación y el talento, que tampoco había aparecido demasiado. Los sensibleros momentos finales no pueden ser más artificiosos y previsibles. Exasperante.

“Corazones de acero” es una película muy discreta, que peca de pretenciosa, que parecía albergar algo más denso y profundo en su interior de lo que en realidad tiene. Correcta técnicamente, pero esquemática, fingidamente dura, de heroísmo glamuroso y medida comercialidad. No convence. Decepcionante.

©Jorge García

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