domingo, 22 de marzo de 2015

Crítica de la película Equilibrium (Kurt Wimmer, 2002): Movie review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



La saga “Matrix” (Hermanos Wachowski), en especial la primera película, creó una espiral de títulos que la imitaban o saqueaban de mala manera, recurriendo a lo superfluo, los efectos especiales revolucionarios que a todos nos deleitaron, en lógica consecuencia de haberse convertido en una de las cintas de referencia de la ciencia ficción moderna, una de las más influyentes.


Equilibrium podría incluirse en este grupo de películas que nacen por dicha influencia, pero a un nivel más conceptual, también estético, pero más en general que por el uso de los efectos especiales. Una película interesante y atractiva por sí misma, más que digna, aunque no oculte sus evidentes paralelismos con aquella y otros muchos títulos de ciencia ficción.

Se trata de otra distopía totalitaria, en este caso de un gobierno que tras la 4ª Guerra Mundial controla a la población anulando su capacidad de sentir, porque la considera la causa de todos los males y la violencia, evitándose así la muerte y la destrucción. Para ello tiene métodos y presión y control, el Prozium, una droga para anular los sentimientos, y un grupo policial liderado por los llamados “Clérigos”, para sofocar cualquier atisbo de oposición a las reglas y la rebeldía, especialmente en los sectores, ya que las ciudades se dividen en estratos sociales, exteriores al centro neurálgico de dicha ciudad.



Los Clérigos, en especial el que interpreta magníficamente Christian Bale, tienen capacidades físicas y mentales especiales, capaces de las más notables acciones, vamos, que lo flipáis con los Clérigos. Bale será el que protagonice todas las escenas de acción, siempre rodeado de gente que le dispara pero que no logra alcanzarle. Escenas interesantes aunque no especialmente deslumbrantes.

La estética que nos recuerda a “Matrix” se centraría en el uso de los colores, especialmente en los vestuarios de los protagonistas, del Clérico, siempre de negro. De hecho, el uso del vestuario y los decorados, además de otros detalles o actos, tienen sentido simbólico. Así el mundo controlado por el gobierno siempre tendrá esos colores oscuros y decoraciones asépticas, un mundo uniforme, lo que contrastará con las habitaciones que los policías descubrirán de la gente que no quiere renunciar a sus sentimientos, cálidas y llenas de color. Uno de los aspectos más interesantes de la película es la evolución del protagonista, un fiel defensor del sistema que va cambiando, una evolución que no por evidente deja de estar muy bien llevada.




El otro elemento notable de la cinta es el uso del arte y los sentidos como esencia y vínculo con nuestra humanidad. Así la poesía o la música, Yeats o Beethoven, llevarán a los personajes hacia su propia humanidad, haciéndoles descubrir o redescubrir su esencia y sus sentimientos abotargados y lapidados en drogas; y los sentidos, la mirada, el olfato, el tacto, el oído, serán sensacionalmente utilizados desde la dirección para mostrar ese necesario vínculo con la humanidad que puja por salir. La valoración de la belleza como una de las esencias humanas.

Las reflexiones sobre las dictaduras son básicamente las mismas de siempre, la seguridad a cambio de los derechos, sobre todo los individuales. Hay un evidente toque nazi en ese estado de control. Luego hay varias ideas interesantes, la de la supervivencia en contra de la propia naturaleza o la del sacrificio, renunciando a los propios sentimientos para que el resto pueda sentir…




Además de “Matrix”, la influencia de “451 Fahrenheit”, “1984”, “Metropolis” (Fritz Lang, 1927), “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982) o “El mago de Oz” se hacen más que evidentes, especialmente con elementos que son calcados durante la trama.

La película dista de ser redonda, tiene varios defectos, unos planteamientos manidos como distopía; el uso nada disimulado de muchos elementos vistos en otros clásicos para formar su entramado, interesante entramado en cualquier caso; recursos tramposos de guión en la parte final; cierta falta de garra en su pausado ritmo que la hace algo morosa en ocasiones; escenas de acción con demasiados planos cortos; efectos especiales discretos…




Lo más notable, aparte de lo expuesto, es la interpretación de Christian Bale, que ejecuta la evolución de su personaje, de la sobriedad robótica a la emotividad creciente, con maestría.

“Pero yo siendo pobre, solo tengo mis sueños. He esparcido mis sueños bajo tus pies, camina suavemente, porque pisas mis sueños”. William Butler Yeats.

©Jorge García

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