domingo, 15 de septiembre de 2019

Crítica de CARANCHO (Pablo Trapero, 2010): Reseña


by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)




La película argentina Carancho (dirigida por Pablo Trapero y publicada en 2010) está protagonizada por Ricardo Darín. En esta ocasión, Darín encarna el papel de Sosa, un abogado que se mueve en un mundo de corrupción y desgracia, un mundo en el que oscuros bufetes se dedican a perseguir accidentados y familiares de estos desde la calle hasta las mismas salas de espera de hospital e incluso tanatorios con la intención de convertirles en clientes y poder reclamar en su nombre a las empresas aseguradoras, quedándose luego con casi la totalidad de los importes indemnizados dando unas migajas a personas que por falta de tiempo o cultura se dejan engatusar por estos caranchos –en realidad el nombre de un ave carroñera de América del sur- sin escrúpulos. 






Mirad, amiguitos hasta donde llega la bajeza de Sosa, que incluso provoca los accidentes para poder realizar sus actividades. Pero cuando conoce a Luján, una joven doctora del turno de noche que recorre la ciudad en una ambulancia y se droga para soportar sus turnos o quizás para sobrellevar la muerte que ronda siempre a su alrededor, el carancho Sosa parece haber encontrado la relación que da sentido humano a su vida. Eso, un falso accidente que sale mal, su intención de huir del agujero en el que está para poder recuperar su licencia de abogado y la necesidad de redimirse ante las víctimas de las que se ha aprovechado durante los últimos años le hacen plantearse abandonar el bufete. Pero claro, piltrafillas, no es fácil salir del agujero cuando uno quiere escapar, a veces no por lo profundo de este sino porque los que están contigo no acostumbran a permitirlo.






En Carancho, el ambiente de oscuridad moral del personaje y la historia que cuenta se acentúa con el temporal, al transcurrir la acción casi siempre durante la noche. Total, amiguitos, una trágica historia de amor llena de imágenes desgarradoras enmarcada en un escenario de corrupción generalizado –aquí interviene desde la policía hasta los conductores de ambulancia- en el que Sosa o Luján no son más que pequeñas hormiguitas. En mi opinión, Carancho es una cinta triste que avanza de manera lenta mostrándonos pequeños destellos de luz en algunos momentos para golpearnos entonces con mazazos de realidad, una realidad con la que nos desvela que –aunque supongo que no todos los estamentos de la sociedad argentina continúan así de podridos- aún resta mucho por hacer para erradicar el cáncer de la corrupción, tan enquistado en los diversos estratos de la sociedad de ese país. Me ha gustado Gusmán, me ha gustado –cómo no- Darín, me ha gustado la historia, pero si me hacéis caso y la veis no esperéis un thriller negro como he leído en algunas críticas, esto es un puto drama.

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