jueves, 12 de septiembre de 2019

NADIA ÁLVAREZ - Costello Club, 11-09-2019: Crónica del concierto


por Alberto Iniesta (@Radiorock70)
del blog Discos




El triunfo de las pequeñas grandes cosas

Estudiosa del concepto de la emoción y diplomada en el noble arte de fusionarla con la canción, ayer Nadia Álvarez volvió a obsequiarnos con algo tan necesario en estos y en cualquiera de los tiempos como lo es la música. Música que en su caso no se entiende sin esos ingredientes que, si bien no son los protagonistas de la novela, representan un cometido de vital importancia para su desenlace. Hablando de esas pequeñas cosas, Serrat cantaba aquello de “que el viento arrastra aquí o allá, que te sonríen tristes y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve”. Más allá de la indiscutible influencia de Joan Manuel en cualquier bicho humano que coja una guitarra para hacer canciones en castellano, Nadia bebe también de otra figura esencial como lo es Cecilia, de quien versiona de forma brillante el Cuando Yo Era Pequeña, recalcando bien con un deje de ironía la estrofa en la que canta eso de “cuando yo era pequeña me contaban muchos cuentos; que si yo no era buena, me llevaban al infierno”.




Desde un punto de vista más actual, Nadia Álvarez constituye otro aporte más a una escena nacional femenina que está dando unos resultados maravillosos en forma de lo único que debería importar: las canciones. Véanse los casos de artistas como Rozalén, Nina poniéndole voz y alma a Morgan, Zahara, Vega, Carmen Boza o Anni B Sweet. Ejemplos que demuestran la existencia de un panorama muy rico, en el que Nadia representa la parte más intimista. Con letras como A Veces, donde canta eso tan cierto que es “a veces he tenido amigos, pocas veces de verdad”. Canciones que le declaran la guerra al arrepentimiento. Cuatro Caminos es un buen ejemplo para entender su evolución entre su primer disco, Salto Al Vacío, y el Mundos Sutiles que salió el pasado año, con ese plus de calidad que se añade a unas canciones que, ya de por sí, siempre ofrecían sólidos argumentos para creer en ellas. En temas como Moraira, que además de ser un lugar precioso también es una maravillosa canción, Nadia hacía gala de esas emociones a flor de piel tan complicadas de dominar cuando alguien especial viene a verte a un concierto.




Haciendo un ejercicio de introspección, quizá el ejemplo más evidente de intimismo en las canciones de Nadia lo encontramos en Pequeño Corazón Perdido, dedicada a todas esas personas que a veces se sienten inferiores y sin rumbo frente al mundo enorme que no siempre las deja respirar. Vuelve, continuando en esa línea, es como esa llamada pidiendo auxilio, sabiendo que esa persona todavía puede dar la vuelta. Finalmente, para concluir siempre es buena la idea de apostar por canciones importantes, como es el caso de Todo Marcha Bien. Después de todo, no podía ser de otra manera después de conciertos como el de ayer, donde los términos música y vida volvieron a ser uno solo.



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