lunes, 30 de septiembre de 2019

BON IVER - i, i (2019): Crítica review


Por Esteban Martínez (@EMartineC)




Continúa en modo búsqueda Justin Vernon. Apartado absolutamente del sonido de sus primeros dos discos, el norteamericano ya en 2016 dio señales respecto a los nuevos rumbos que emprendería con su música, mucho más exploratoria y desafiante con el auditor, alejado de las melodías dulces y reconocibles para dar paso a un juego contaste tanto en materia de arreglos como de estructuras. De esta forma i,i (vaya títulos está encontrando, ¿eh?) conecta con el camino trazado tres años atrás en 22, a million y ciertamente siembra razonables dudas en torno de a hasta dónde podría llegar en esta dirección.




Nos volvemos a encontrar de esta forma con un conjunto de canciones (?) que rara vez muestran una estructura tradicional y se centran fuertemente en juegos vocales que impactan con ruidos varios, instrumentaciones diversas que por momentos lucen incluso caóticas. Claros ejemplos de lo que menciono son la partida a cargo de ‘Yi’ + ‘iMi’, la compleja ‘Jelmore’ o el caso de la pasada por ‘We’ + ‘Holyfields’, las cuales se sostienen sobre un relato casi desnudo de Bon Iver que de golpe va encontrando intensidad en el ingreso de instrumentaciones que en ocasiones impactan y en otras danzan sobre una melodía.




El disco, sin embargo, posee otra alma, una que intenta conectar emocionalmente con el auditor, encontrando sus momentos mejores logrados en el nudo de este, ahí el reencuentro con el Bon Iver armónico que se vive en ‘Hey, ma’ + ‘U (man like)’ o la fuerza de ‘Naeem’ regalan gratos momentos fuera de conectar por primera (y quizás única) vez emocionalmente con el auditor. También más adelante la dinámica de ‘Salem’ se enmarcará entre lo más atractivo del disco.

Como planteaba párrafos atrás, queda la duda sembrada respecto al futuro de Bon Iver. Se valora su valentía, sobre todo tras haber entregado en 2011 uno de los mejores álbumes que habremos oído en esta década, pero de igual forma i,i deja la sensación de ser una continuación de 22, a million que no acaba por conectar ni explotar adecuadamente, enfrentando al auditor a ratos con un conjunto de piezas frías y distantes que continúan situando al cantautor en una interesante búsqueda que no parece por ahora ver la luz.

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