domingo, 30 de junio de 2019

Crítica de KICK-ASS: LISTO PARA MACHACAR (Matthew Vaughn, 2010): Reseña


by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)




Kick-Ass es una película que tenía en su día ganas de ver pues había oído buenas críticas. Pues bien, amiguitos, os diré que estas no le hacían justicia: la cinta fue mejor de lo que me esperaba. Si me hacéis caso y la veis –de no haberlo hecho ya-, asistiréis a un inicio de película hilarante tan cargado de mala leche que ya os llevaréis una idea de lo que os encontraréis en las casi dos horas que siguen a los créditos iniciales, una historia plagada de escenas políticamente incorrectas y bastante violenta –que no os confunda el tono de comedia- que os hará reír y disfrutar como críos.






La historia –basada en un cómic de Mark Millar- nos cuenta cómo Dave Lizewski, pardillo de instituto, pajillero y anodino, adicto a la televisión y los cómics, decide un día convertirse en un superhéroe. Así pues, se compra un traje –una especie de pijama verde- y se inventa un nombre, Patea-culos, dispuesto a luchar contra el crimen. Pero ya en su primera aparición como defensor de la ley las cosas no le salen como en los cómics, no, amiguitos, la puta realidad no sigue los parámetros de la ficción así que –evitaré contaros lo que ocurre exactamente para no estropearos la sorpresa- como podéis imaginar Dave acaba hospitalizado bastante maltrecho, algo que sin embargo no va a resultar tan negativo como puede parecer.






Y si el friki panoli de Dave ya justifica ver la cinta, cuando aparecen en escena un par de pirados llamados Hit-Girl y Big Daddy –una niña de 11 años y su padre-, unos vengadores que persiguen acabar con la organización criminal de Frank D’Amico, Kick-Ass se convierte en el no va más del cine de superhéroes. Debo deciros que, a partir de ese momento, el personaje de Mindy interpretado por una impresionante Chloe Moretz ha pasado a ser el mejor de toda la película. Impagable la llegada de la niña a la guarida de D’Amico a la hora y media de metraje con música de La muerte tenía un precio, una especia de implacable mini-Harry Callahan con coletas, falda plisada y calcetines blancos.

En fin, súper-híper-mega-recomendada. piltrafillas, una buenísima –guion, ritmo, personajes... ¡hasta Nicholas Cage me ha gustado!- cinta de humor y acción trepidante más que indicada para una tarde de fin de semana de otoño regada con gintonics.

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