miércoles, 5 de junio de 2019

Crítica de "UN DOMINGO MARAVILLOSO" (Akira Kurosawa, 1947): Reseña


por Möbius el Crononauta

Después de la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, este país, y sus estudios cinematográficos, trataron de seguir adelante con su vida tal como habían hecho siempre sus gentes, aunque, por supuesto, había grandes diferencias. El nacionalismo exacerbado había dado paso a una nación asolada y empobrecida, inquieta por su futuro. Los Aliados tomaron las riendas del país, y mientras los humillados nipones buscaban algo que llevarse a la boca, el Gobierno de Ocupación formaba su propio Tribunal de Nuremberg para juzgar los crímenes de guerra japoneses.



Por lo que respecta a la industria del cine, esta siguió rodando películas, aunque en un número mucho menor (la producción cinematográfica no había dejado de disminuir desde el comienzo de la guerra) y con peores medios. Si durante la guerra los cineastas nipones habían tenido que lidiar con la censura militar imperial, ahora aquellos mismos cineastas debían someter sus guiones a la censura del Gobierno de Ocupación, y a las presiones de unos pujantes sindicatos (controlados por los comunistas) que se hicieron con el control de los estudios cinematográficos.




De hecho el primer film que rodó Akira Kurosawa tras la guerra fue Los que hacen el mañana, una película de corte sindical que el director fue obligado a producir junto a los realizadores Kajiro Yamamoto e Hideo Sekigawa. Kurosawa siempre renegaría de ese film, y durante el resto de su vida trató de aparentar que esa película no existía. Su siguiente proyecto también tendría que ver con el sindicalismo, aunque en este caso Kurosawa tuvo bastante más que decir sobre la historia, aunque finalmente su guión tuvo que se retocado por mandato del sindicato. No añoro mi juventud fue rodada en medio de huelgas internas en el estudio y de un hambre generalizado entre el equipo, pero curiosamente es en su segunda mitad, donde la trama se aleja de la política, donde Kurosawa ofrece lo mejor de sí centrándose en su abnegada protagonista femenina.




Tras escribir el guión para una película en la que debutaría un tal Toshiro Mifune, el director Akira Kurosawa se juntó junto a un amigo de infancia, Keinosuke Uekusa, para elaborar un nuevo guion que relataría una historia sencilla, alejada de cualquier tono político. Aunque los sindicatos no dejaran de estar ojo avizor, el director pudo sacar adelante su historia sin demasiadas ataduras. No sería descabellado, pues, considerar Un domingo maravilloso como su verdadera primera obra de autor.




La trama del film es realmente simple: una pareja de novios quedan un domingo para pasar juntos el día en el Japón arrasado de la posguerra, reuniendo entre los dos unos míseros 35 yenes para poder gastar. Durante el día la pareja ríe, llora, sueña, imaginan un futuro mejor, discuten y se reconcilian, mientras las horas pasan. En cierta manera cada uno podría representar dos actitudes que tomar en el Japón de aquellos días: ella tiene esperanza en el futuro, no se rinde, y cree que hay que seguir luchando en el día a día para mejorar, mientras que él parece llevarse más fácilmente por la apatía.




En parte por su temática, y en parte por la relación que se establece entre el dúo protagonista (no sería difícil cambiar los rostros de Isao Numasaki o Chieko Nakakita por los de James Stewart y Donna Reed), el film recuerda por momentos a la obra de Frank Capra, pero Un domingo maravilloso es ciertamente más apegada a la realidad que esa suerte de realismo mágico que practicaba el norteamericano. Con todo, el film de Kurosawa no parece renunciar al final a la esperanza (el cambio de actitud del protagonista respecto a esa colilla en el suelo pudiera ser una señal de la misma), ni carece de esos momentos de inocente ensoñación que vivían a veces los personajes de Capra. En este sentido la secuencia de la pareja en el auditorio vacío de música, tras no haber podido asistir a un concierto debido a que los reventas han comprado todas las entradas que la pareja se podría haber permitido, es de lo más espectacular y bello del film, durante el cual el personaje de Nakakita, Masako, llega a romper la invisible cuarta pared de la pantalla dirigiéndose al público en una escena original y seguramente demasiado inocente, pues al parecer ese recurso no caló entre el público japonés de la época (aunque por lo visto en la siempre romántica Francia la audiencia comenzó a aplaudir a petición de Masako).




Un domingo maravilloso es un film bello en la sencillez de su planteamiento, con una pareja de intérpretes que realizan un buen trabajo y que son capaces de cargar con el peso de la película, y con un clímax hacia la parte final de la cinta bastante inspirado. La película no fue acogida del todo bien por la crítica, pero Kurosawa recibió una buena crítica que significó más para él que cualquier otra: la de su viejo maestro de escuela Seiji Tachikawa, quien le envió emocionado una postal tras ver Un domingo maravilloso.


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