domingo, 20 de mayo de 2018

Las mejores películas de 1945 - Lo mejor del cine de 1945

El retrato de Dorien Gray

por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC




El cine negro sigue regalando obras maestras como si no costara y directores de prestigio deleitan con varias obras de arte dentro de influyentes estilos, como es el neorrealismo italiano. Es un año espléndido, que constata la madurez que el lenguaje y el propio arte cinematográfico habían alcanzado.

Roma, ciudad abierta

Las mejores películas de 1945
(lo mejor del cine de ese año)


ALMA EN SUPLICIO, de Michael Curtiz. 

Cuando haces un repaso año a año sobre las mejores películas de la historia, te das cuenta de la categoría que tenía Michael Curtiz. Raro es el año en el que no deja una obra maestra o película sobresaliente. Este drama con tintes Noir basado en una novela de James M. Cain es sencillamente majestuoso. Mildred Pierce es un personaje que merece estar en las mejores antologías. La encarnación de Joan Crawford es maravillosa. El poder de la mujer en su máxima expresión. En épocas de feminismo mediocre, cintas como esta son las necesarias.


AL MORIR LA NOCHE, de Alberto Cavalcanti, Charles Crichton, Basil Dearden y Robert Hamer.

Irregular y novedosa, ya que su estructura episódica no era muy habitual, fue elogiada por Buñuel e incluida por Martin Scorsese entre sus películas favoritas de terror.


¿ÁNGEL O DIABLO?, de Otto Preminger. 

Magnífico Noir de Preminger, que ya había empezado a destacar en estas lides, con Dana Andrews (soy fan absoluto) de nuevo como perfecto cómplice. Siempre la incluyo en un dúo con “Cara de Ángel”, también de Preminger, realizada en el 52, que siendo mejor valorada me gusta algo menos que esta joya. Un clásico.




BREVE ENCUENTRO, de David Lean. 

El título que elevó a este incontenible talento a los alteres. Cumbre del melodrama, Lean vuelve a adaptar a Noël Coward hasta sublimarlo. Obra maestra de sutil sensibilidad y conmovedor retrato de sentimientos. Una estación pocas veces fue más romántica y desoladora. Profunda, bellísima, desgarradora, imprescindible.


DÍAS SIN HUELLA, de Billy Wilder. 

Wilder, siempre un adelantado, facturó este drama realista e intenso, alejado de sus comedias, para retratar la realidad de un alcohólico sin subterfugios ni simpatías, en todo su horror infernal. Ahora el retrato puede que resulte blando, pero es fácil entender la valentía y la dureza del mismo plasmado en 1945. Referente del tema junto a “Días de vino y rosas” en el clásico.


DIEZ NEGRITOS, de René Clair. 

Interesante adaptación de la obra de Agatha Christie que quizá queda lastrada por su infiel final. En cualquier caso, una apuesta siempre apreciable con René Clair a los mandos.




DOMINGO DE CARNAVAL, de Edgar Neville. 

Uno de los grandes de nuestro cine, infravalorado hasta la nausea… Siempre mezclando géneros, alejándose de lo convencional, Neville realiza esta intriga con toque cómico que siempre resulta agradable, aunque no convenza su desarrollo policiaco.


EL CAPITÁN KIDD, de Rowland V. Lee. 

Una de aventuras y piratas con todos los ingredientes, pero es Charles Laughton el que marca la diferencia.


EL DESVÍO (DETOUR), de Edgar G. Ulmer. 

Obra maestra del Cine Negro Clásico. Quizá la película del género más perturbadora y enrarecida, casi onírica, donde su pesadillesco expresionismo termina por fundir realidad y sueño en un conjunto perfecto. De obligado visionado.


EL LADRÓN DE CADÁVERES, de Robert Wise. 

El expresionismo de nuevo en su máximo esplendor para una cinta de terror en estado puro. Atmósfera enfermiza, viciada, claustrofóbica, agobiante… sutil. Magistral trabajo de Robert Wise demostrando su talento con pocos medios en la RKO. La interpretación de Karloff es soberbia. También aparece Bela Lugosi.




EL RETRATO DE DORIAN GRAY, de Albert Lewin. 

Adaptación de la conocida e imprescindible novela de Oscar Wilde. Una de las más exitosas y prestigiosas, sobre todo en su día. Un gran George Sanders, buena fotografía y dirección.


FALBALAS, de Jacques Becker. 

Estupendo drama romántico poco conocido de Jacques Becker, que vuelve a volar alto con este triángulo amoroso.


LA ESCALERA DE CARACOL, de Robert Siodmak. 

Puramente hitchcockiana, de hecho se dijo que Hitchcock no la habría hecho mejor. De corta duración, con una impagable fotografía, Siodmak vuelva a triunfar con un título de intriga y suspense que es un clásico. La atmósfera opresiva que logra es sensacional.




LAS CAMPANAS DE SANTA MARÍA, de Leo McCarey. 

Pretende seguir la estela de la encantadora “Siguiendo mi camino”, que os traje la semana pasada, logrando también ese encanto aunque quizá quede algo por debajo. En cualquier caso, es otra delicia.


LA VIDA EN UN HILO, de Edgar Neville. 

Simpática comedia esta de Neville, que repite este año. Una comedia fresca y bastante adelantada a su tiempo, de ágil estructura y gran dinamismo. Merece la pena adentrarse en la filmografía de Neville.


LA ZARINA, de Otto Preminger y Ernst Lubitsch. 

Fueron varias las películas en la que Preminger y Lubitsch compartieron dirección, ya fuera por sustituciones o cualquier otro motivo (Margen de error de 1943 es otro ejemplo). Aquí nos deleitan con una comedia más que simpática donde ambos demuestran su buen hacer, si bien es cierto que el conjunto es puro Lubitsch. Llevamos al sonoro a personajes que Lubitsch ya nos presentó en “La frivolidad de una dama” (1924).


LAZOS HUMANOS, de Elia Kazan. 

Soberbio drama social de uno de los grandes directores de la historia, Elia Kazan, que comenzaba a dejar muestras de su desmesurado talento en este excelente debut. Retrato de una familia en Brooklyn y sus vicisitudes.




LEVANDO ANCLAS, de George Sidney. 

Clásico de la comedia musical para deleitarse con sus temas y coreografías. Gene Kelly y Frank Sinatra como seductores marineros en Los Ángeles.


LOS NIÑOS DEL PARAÍSO, de Marcel Carné. 

Magnífico drama romántico sobre la amistad y cómo el amor puede afectarla, sobre los silencios y las sutilezas de los sentimientos. Poética, profunda, sensible…




NO ERAN IMPRESCINDIBLES, de John Ford. 

Bélico de Ford, que parecía expiar sus experiencias en la guerra. Obra colosal con muchos adeptos, pero también detractores, que de alguna forma escenifica el cambio en el director tras su participación en la guerra. Indispensable.


OBJETIVO: BIRMANIA, de Raoul Walsh. 

Otro bélico de otro maestro. La guerra y la supervivencia a toda costa. Una nueva narración magistral de Walsh, puro vigor y energía.




PESADILLA de Robert Siodmak. 

De nuevo Siodmak repitiendo con este oscuro drama donde el amor amenaza con liberar el yugo familiar al que está sometido el protagonista. Una película francamente potente y sorprendente. Estremece, si bien su final (cosas de la censura), puede decepcionar.


PERVERSIDAD, de Fritz Lang. 

Obra maestra descomunal, y van… Una vez más Fritz Lang se regodea en la maestría y ejecuta una obra de arte en el género negro. Hermana casi gemela de “La mujer del cuadro”, con Edward G. Robinson de protagonista, la fatalidad y el pesimismo. Imprescindible.




QUE EL CIELO LA JUZGUE, de John M. Stahl. 

Una obra maestra más. El gran John M. Stahl, al que reivindico hasta la saciedad, ejecuta otro melodrama con tintes negros, o un Noir con tintes melodramáticos, que es sencillamente magistral. Gene Tierney, una de las mujeres más bellas vistas en pantalla, cambia el registro y nos regala una interpretación ejemplar. La pura personificación de los celos. Uno de los títulos predilectos de Scorsese. Una obra de referencia.




RECUERDA, de Alfred Hitchcock. Hitchcock y el psicoanálisis

No es de las que más me gustan del maestro, a pesar de su colaboración con Dalí diseñando su mundo de pesadillas, pero es innegablemente interesante. Iba calando el tema del psicoanálisis en el cine, que asolaría con no pocas historias, muchas de ellas de un simplismo atroz. Gran película.




ROMA, CIUDAD ABIERTA, de Roberto Rossellini. 

Revolucionaria película en la que Rosellini, desde la absoluta sencillez, reinventa la narrativa y sublima el neorrealismo. Cine auténtico, real, veraz. Una obra maestra más.


UN ESPÍRITU BURLÓN, de David Lean. 

Segunda aparición de David Lean, aquí con un título más ligero aunque también muy conocido y reputado. Una nueva adaptación de Noël Coward, en tono cómico y fantástico. Una agradable comedia fantástica.

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