domingo, 13 de mayo de 2018

Crítica de "Solo quiero caminar" (Agustín Díaz Yanes, 2008)


by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)




Un día, amiguitos, hace ya algunos años, salí de un cine emocionado por una película que acababa de ver. Se titulaba Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto y la estaba dirigida por  un realizador novel llamado Agustín Díaz Yanes. En la cinta, la protagonista era testigo accidental del asesinato de dos policías en México. Uno de ellos, antes de morir, le entregaba documentación que contenía datos acerca de los puntos de blanqueo de dinero de una importante organización criminal.





Ese era el punto de partida que el realizador utilizaba para mostrarnos la vida de dos mujeres acostumbradas a vivir en la adversidad en un mundo que no les reconoce su valía, con una entereza y un orgullo a prueba de bomba, que son capaces de cualquier cosa para conseguir mantenerse erguidas y no perder la dignidad. En aquella cinta, Pilar Bardem y Federico Luppi estaban brillantes pero quien hacía un papel magistral era Victoria Abril, quien –aunque es una actriz que me resulta antipática- componía un personaje desgarrador en la figura de Gloria Duque, la viuda de un torero. Lo dicho, piltrafillas, una película genial –consiguió ocho premios Goya- que no os debéis perder. Pues bien, el año pasado el realizador madrileño estrenó Sólo quiero caminar, la secuela –que no segunda parte- de la primera de la que os he hablado. Lo cierto es que recordaba a la otra con tanta veneración que quizás esperaba más de esta –un pelín más de ritmo no me hubiese desagradado-, pero aún así puedo deciros que no me ha defraudado. Amiguitos, en esta cinta –que recupera el personaje de Gloria Duque, ahora toda una delincuente profesional- Agustín Díaz Yanes vuelve a retratarnos a unas mujeres que se mueven en el lado poco amable de la vida, algunas aparentemente débiles, otras emocionalmente heridas, pero todas ellas dueñas de una fortaleza a prueba de contratiempos.




Solo quiero caminar parte con el robo frustrado por parte de Gloria, Aurora, su hermana prostituta Ana y Paloma, una administrativa en el juzgado. A resultas de ello la banda se disgregará. Aurora –una impresionante Aridna Gil, para mi la mejor de esta entrega- dará con sus huesos en la cárcel, Paloma regresará al juzgado como secretaria de un juez corrupto y Ana, la puta, se casará con un peligroso delincuente mexicano con ganas de emular a Richard Gere en Pretty Woman. Será ella precisamente la que consiga un empleo en la organización para su amiga Gloria, quien se trasladará con su hijo hasta la capital mexicana dispuesta a iniciar una nueva vida. Sin embargo, allí descubrirá que la vida de Ana es un infierno. Félix, su marido, le da unas palizas salvajes. Precisamente a causa de una de ellas –en realidad la tira de un coche en marcha-, Ana entra en coma. Pero antes de eso ha tenido tiempo de entregarle a Gloria un diario con la información necesaria para poder robar a la organización de su marido. Enterada de ello, Aurora –demacrada y misteriosa Aridana Gil por quien tengo debilidad, razón por la que todas las imágenes que adjunto son de ella- no desea otra cosa que salir de prisión para ejecutar su venganza. Cuando por fin –gracias a los favores sexuales que Paloma proporciona al juez- es libre, las dos se reúnen con Gloria en México para llevar a cabo su doble plan: matar a Félix y llevarse su dinero. La tarea no será fácil, pues en escena aparecerá Gabriel, el frío lugarteniente de Félix. Piltrafillas, si no la habéis visto ya corred a alquilarla o compartidla en alguna de esas conocidas redes de internet. No os decepcionará, os lo prometo.

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