martes, 25 de septiembre de 2018

Crítica de "La conquista del planeta de los simios" (J. Lee Thompson, 1973): Review



por Möbius el Crononauta



Alentado por la serie, el productor Arthur P. Jacobs continuó con la exitosa saga simia que había iniciado con gran éxito cinco años antes. Contrató al director J. Lee Thompson, quien en un principio habría de haber dirigido el primer film de la saga, pero que, a la postre, acabó realizando los dos últimos. Pero el chicle elástico no daba más de sí, y en la quinta entrega todo se salió de madre definitivamente.


Tras un final bastante oscuro que fue eliminado en favor de otro con más flores y colores, La rebelión de los simios dejaba a humanos y simios esperando un futuro mejor. El inteligente Caesar había dirigido una rebelión y su aliado humano, de pelo afro para más señas, había muerto. Cuando comienza La conquista del planeta de los simios ha habido una guerra (nuclear, al parecer), y Caesar se ha llevado a simios y humanos sanotes al campo, a cultivar un huerto y tener a los humanos a prueba por ser tan malos y haber hecho de los monos unos esclavos. El amigo negro está muerto, pero por suerte hay un gemelo que surge de alguna parte para que el actor que le da vida pueda seguir ganándose los garbanzos, mientras que además han surgido más simios parlantes en un proceso evolutivo récord. En fin, todo parece muy idílico, pero Caesar no contaba con el general simio Aldo.




La verdad es que La conquista del planeta de los simios tiene un guion aún más flojo que el de la segunda parte, ni tiene la baza de Heston, de simios en la época actual, o de la trama revolucionaria de Caesar. En realidad es un desastre de película, pero por suerte para los fans de la saga simia, ahí estaba el gorila Aldo para ponerle canela a la cosa.




Aunque Aldo no es tan carismático como el mítico general Ursus, La conquista del planeta de los simios gana claramente en las escenas en las que Aldo sale haciendo goriladas. El general es un pobre estudiante al que le cuesta aprender a leer y escribir, y en realidad es un matón de escuela que con su gang de gorilas no hace más que protestar por todo y salir a cabalgar. El estudio no está entre sus prioridades claramente. Aldo es como un niño que se enfada cuando le contradicen, y sus arrebatos de furia infantiles son de lo más hilarante de la peli. Al final al general Aldo se le inflarán sus peludos atributos simios y le dará a los gorilas un lema que tanto ellos como los socios de la NRA podrán entender: "¡Armas! ¡Poder!". Sin duda, Aldo es un gorila republicano.




Por si el pobre Caesar no tuviera bastante teniéndose que ocupar de su nueva sociedad en plan Walden 2 y aplacar al revuelto Aldo, aparecen los cutre-mutantes que viven en las ruinas de la gran ciudad y que no gustan de ser molestados. Pero Caesar eso no lo sabe y entra en la ciudad fantasma para recuperar una peli donde salen sus padres. Los mutantes entran en cólera y se organiza una guerra. Los mutantes están bien armados: tienen granadas, metralletas, morteros, ¡y un autobús escolar! ¿Cómo luchar contra algo así? ¡Haría falta un camión de basura para equilibrar las fuerzas! Pero el pobre Caesar sólo tiene unas pocas armas, caballos, y a un Aldo cabreado.




En fin, con La conquista del planeta de los simios estaba claro que la saga estaba más que agotada, y tras los paupérrimos resultados el amigo Jacobs tuvo que aceptar esta gran verdad. Atrás quedaban cinco pelis, tebeos, tazas, camisetas, dos series de televisión, y un actor unido a la causa simia como no lo estuvo ningún otro: Roddy McDowall. Un racimo de plátanos para él.

En esta última saga, además del inevitable McDowall, estaba John Huston en plan simio haciendo un pequeño cameo como el narrador de la historia, Natalie Trundy, otra asidua de la saga, y el entrañable Claude Akins dando vida al tarugo de Aldo.

Bueno, el cierre de la saga no era el mejor posible, pero cualquier fan acérrimo de la misma seguro que se lo pasa bien con las goriladas del general Aldo. Los que no sean acérrimos, quizás debieran abstenerse.


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