domingo, 30 de septiembre de 2018

Las mejores películas de 1957 - Lo mejor del cine de ese año



por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC

El western está en un nivel tremendo, sacando multitud de títulos de gran calidad con pasmosa facilidad. Lo bueno es que el funcionamiento en Hollywood era tan perfecto, que derrochaban talento en todos los géneros, estrenando clásicos y obras maestras cada año como si no costara. Además, el cine bélico, que ya venía dejando grandes títulos, tiene en este 1957 uno de sus grandes años, pero no es el único género destacado, como digo.

Doce hombres sin piedad.

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Las mejores películas de 1957
(lo mejor del cine de tal año)



ÁNGELES SIN BRILLO, de Douglas Sirk. 

Un gran melodrama con Sirk adaptando a Faulkner en esta reflexión sobre la amistad, las segundas oportunidades y el amor propio. Intenso y emotivo. Personajes profundos, hondos, complejos, en un título ejemplar del maestro.


ARIANE, de Billy Wilder. 

Una de las grandes comedias románticas de Wilder, que personalmente me gusta más que otras con más fama como Sabrina. La mentira como una de las bellas artes siempre que se use para asuntos amorosos (tema esencial en Wilder). Un enfermo, veterano y elegantísimo Gary Cooper y una bellísima Audrey Hepburn para enamorarnos a todos.


CAZADOR DE FORAJIDOS, de Anthony Mann. 

Aunque algo infravalorado con respecto a los westerns más conocidos y reputados del director, estamos ante otra joya incuestionable de Mann. Un notabilísimo western de redenciones y relaciones paterno-filiales donde sobresale el gran Henry Fonda. Anótenla bien.




CHANTAJE EN BROADWAY, de Alexander Mackendrick. 

Uno de los más duros y descarnados retratos sobre las interioridades del periodismo en un relato negro francamente desolador, lleno de personajes mezquinos y sin escrúpulos. Todo funciona, desde las interpretaciones de su espectacular elenco, con Tony Curtis y Burt Lancaster a la cabeza, a la maravillosa banda sonora.


CREPÚSCULO EN TOKIO, de Yasujiro Ozu. 

Toda obra de Ozu es hipnótica, reveladora y sincera. Su depuración estilística y exquisita y sencilla sensibilidad, saca el máximo partido de sus retratos cotidianos y sus conflictos familiares y personales. Esta sensacional película es, sencillamente, un nuevo ejemplo.


CUANDO PASAN LAS CIGÜEÑAS, de Mikhail Kalatozov. 

Estamos ante un maravillosa obra del cine ruso dirigida por Mikhail Kalatozov, director de una exuberancia visual francamente excepcional, barroca y rica, muy en la onda de un Orson Welles, que aquí realizó uno de sus mejores trabajos, si no el mejor.




CUARENTA PISTOLAS, de Samuel Fuller. 

Un gran clásico de Fuller, que no se prodigó en el western, con una poderosísima Barbara Stanwyck haciendo de terrateniente que se maneja de tú a tú con los rudos hombres del oeste. Bien es cierto que la cinta es irregular y no sacar todo el partido a unos interesantes elementos, pero se agradecen sus novedades.


DOCE HOMBRES SIN PIEDAD, de Sidney Lumet. 

Un gran clásico del cine judicial, una de esas películas que entusiasman a propios y extraños y que reflexiona sobre los resortes del estado de derecho, la justicia y sus claves básicas, no siempre fáciles de defender. Asfixiante y claustrofóbica, Lumet impide que su carácter teatral se haga pesado en todo momento, con una narración muy cinematográfica, si bien las grandes virtudes están en el texto. Las interpretaciones son inmejorables, con Fonda liderándolo todo… y aún así siempre pensaré que su estructura es fallida porque la hace previsible.


DUELO DE TITANES, de John Sturges. 

La mejor versión del mítico duelo en OK Corral entre Wyatt Earp y Doc Holliday contra la familia Clanton, con permiso de “La Pasión de los Fuertes” de John Ford. Ahí es nada… Sturges volaba a alturas extraordinarias a menudo.


DUELO EN EL ATLÁNTICO, de Dick Powell. 

Una magnífica cinta bélica y de aventuras marinas con el gran Robert Mitchum demostrando su competencia en una estupenda partida de ajedrez táctico con Curd Jürgens en plena Segunda Guerra Mundial. Merece la pena.


EL ÁRBOL DE LA VIDA, de Edward Dmytryk. 

Uno de esos títulos bigger than life con espectacular reparto y lujosa producción ambientada en las vísperas de la Guerra de Secesión (una especie de nueva “Lo Que El Viento Se Llevó”) en la que Dmytryk no logra trascender los buenos mimbres. Con todo, es apreciable, una buena película que tuvo éxito.




EL DON APACIBLE, de Sergei Gerasimov. 

340 minutos de película que abarcan la Gran Guerra y la Revolución Rusa con los vaivenes de Grigory Melejov y la vida cotidiana de los cosacos. Una mega producción al estilo Hollywood, pero en Rusia. Interesante para ver cómo las hacían por aquellos lares.


EL DIABLO ATACA DE NOCHE, de Robert Siodmak. 

Aunque Siodmak es uno de los
pioneros del género negro en su dimensión total y clásica, posee un talento visual excepcional y este título se prestaba a lo mejor, lo cierto es que siendo una buena película decepciona un tanto por falta de garra narrativa.


EL GRITO, de Michelangelo Antonioni. 

En clave neorrealista, Antonioni sigue las relaciones de Aldo con una serie de mujeres con las que se relaciona, retratando una asfixia vital en una historia triste y melancólica, desoladora, llena de gran cine.


EL HÉROE SOLITARIO, de Billy Wilder. 

Stewart en la soledad de un avión, hablando con una mosca mientras retrata la hazaña de Charles Lindbergh cruzando el Atlántico sin escalas, desde Nueva York a París, en un viaje de 36 horas. Un estupendo título aventurero, que por el hecho de no ser una de las obras maestras del genio no merece indiferencia.


EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE, de Jack Arnold. 

Absoluta obra maestra de la Ciencia Ficción de serie B con unos efectos especiales asombrosos para la época, originales y muy curiosos por su artesanal realización en muchos casos. Un derroche de imaginación y de aprovechamiento de los escasos medios con talento desmesurado. Una historia absorbente, atrayente, agobiante, terrorífica, pesadillesca y entretenidísima… y todo en menos de hora y cuarto. Una muestra de Ciencia Ficción y cine fantástico ejemplar.




EL INQUILINO, de José Antonio Nieves Conde. 

Una crítica película sobre los problemas de la gente normal para acceder a la vivienda en plena etapa franquista, que aunque no escapó de la censura conserva su fuerza en ese tono entre la comedia y el drama. Otro gran título de Nieves Conde.


EL PUENTE SOBRE EL RÍO KWAI, de David Lean. 

Obra maestra absoluta de David Lean. El retrato de esos soldados británicos construyendo un puente a las órdenes japonesas es absolutamente memorable, como inolvidable es su banda sonora. Un monumento cinematográfico que es una de las mejores cintas, sino la mejor, de uno de los grandes autores de la historia del cine. Indispensable.


EL SÉPTIMO SELLO, de Ingmar Bergman. 

Obra maestra de Bergman y, quizá, su película más significada. Todo el universo y las obsesiones del maestro sueco están aquí, representadas en sugerentes y bellas imágenes, llenas de metáforas y simbolismo, de fuerza arrolladora e iconográfica. Eso sí, no es para todos.




EL TREN DE LAS 3:10, de Delmer Daves. 

Magnífico western este de Daves, un director al que no se ha valorado en su justa medida, me temo. Gran trabajo de Glenn Ford y Van Heflin en esta narración llena de brío y nervio. Un grandísimo trabajo que tuvo remake en 2007. Se nota que era la época de oro del género


ESCRITO BAJO EL SOL, de John Ford. 

Siento una debilidad especial por esta joya de Ford. Para muchos un título menor, pero es un melodrama soberbio que va de la comedia al drama triunfando en ambas facetas, que parecen de películas distintas. Puede tener defectos, pero la hondura de sus reflexiones y retrato de sus personajes, esconden las claves que interesan al genio. John Wayne y Maureen O’Hara, pareja mítica donde las haya, están impecables.


FRESAS SALVAJES, de Ingmar Bergman. 

Otra de las joyas de Bergman. Si bien más evidente, la reflexión sobre el paso del tiempo, la vejez y la muerte, con sensacionales y alegóricas imágenes, es impecable. Uno de los mejores trabajos del director aliado a la soberbia encarnación de Victor Sjöström. Hermosa, sensible, cálida. Otra magistral obra.



KANAL, de Andrzej Wajda. 

Una cinta bélica, claustrofóbica, desoladora y dura de Wadja, que nos lleva a Polonia en 1944, para que veamos la desesperada huida de un pelotón perseguido por los nazis a través de las alcantarillas de la ciudad. Es un gran título, muy recomendable para disfrutar de la perspectiva polaca en aquellos siniestros y trágicos días.


LA COLINA DE LOS DIABLOS DE ACERO, de Anthony Mann. 

Otra bélica, esta durante la Guerra de Corea, en la que Mann vuelve a exhibir pulso narrativo y vigor visual. Además es un estudio psicológico en tiempos de guerra de primera. No ha sido valorada en su justa medida ni en su dimensión ni en su influencia, pero grandes clásicos modernos le deben mucho.


LA ESCLAVA LIBRE, de Raoul Walsh. 

Un drama racial con la esclavitud sureña como telón de fondo, que sirve a Walsh para demostrar su virtuosismo narrativo. Es una entretenida cinta donde podemos disfrutar de Clark Gable, Yvonne de Carlo y Sidney Poitier.


LAS GIRLS, de George Cukor. 

Comedia y musical donde Cukor se encuentra muy a gusto, demostrando lo buen director de mujeres que era. Hace pasar un buen rato con las grandes virtudes de unos géneros que el cine estadounidense manejaba con asombrosa naturalidad y brillantez.


LA MALDICIÓN DE FRANKENSTEIN, de Terence Fisher. 

De nuevo el mito, ahora en manos de un gran director dentro del género de terror como es Terence Fisher. Una respetada revisión del clásico.




LA NOCHE DEL DEMONIO, de Jacques Tourneur. 

Obra maestra absoluta del género, de las grandes de todos los tiempos. Con Tourneur detrás, por supuesto. Considerada una de las mejores muestras de terror de la historia del cine, especialmente de temática demoniaca. Y con razón. Posee una atmósfera inquietante y fascinante, como suele ser habitual en el cine del magnífico director.


LA SALIDA DE LA LUNA, de John Ford. 

Una pequeña y corta película por episodios donde Ford retrata la vida irlandesa, desde sus valores a sus costumbres más cotidianas. Merece la pena, también desde lo estilístico. Una obra distinta, y a la vez reconocible, del maestro.


LAS NOCHES DE CABIRIA, de Federico Fellini. 

Ganadora del Oscar a Mejor Película de habla no inglesa, esta cinta de tintes neorrealistas de una prostituta soñadora e ingenua es sencillamente hermosa. Una gran obra de Fellini.




LA VERDADERA HISTORIA DE JESSE JAMES, de Nicholas Ray. 

Buen western de Ray que pretende ser fiel a la verdadera personalidad del famoso ladrón, basándose en la biografía de James D. Holan.


LOS BAJOS FONDOS, de Akira Kurosawa. 

Un Kurosawa preocupado por los más necesitados. La miseria en un Tokio feudal. Un infierno de seres desahuciados y sueños frustrados. Una cinta cruda y desoladora… y notable.


LOS CAUTIVOS, de Budd Boetticher. 

Un estupendo western poco conocido que adapta una novela de Elmore Leonard. Una serie B muy respetada que vuelve a demostrar que en aquella época sacaban calidad a raudales casi sin esfuerzo, y westerns brillantes sin despeinarse.


LOS JUEVES, MILAGRO, de Luis García Berlanga. 

Entrañable comedia fantástica del maestro Berlanga, que vuelve a retratar las peculiaridades de la España del momento con un Pepe Isbert deslumbrante, como siempre. Y es que San Dimas es mucho San Dimas.




MI DESCONFIADA ESPOSA, de Vincente Minnelli. 

Gregory Peck y Lauren Bacall en una comedia romántica de Minnelli. Pocas cosas podían salir mal. Una delicia que hará gozar a los fans del género con absoluta seguridad.


NOCHES BLANCAS, de Luchino Visconti. 

Visconti adapta este romántico drama de Dostoievski lleno de intimidad, sinceridad y nostalgia. Cine poético, ideal para los más melancólicos y romanticones a los que les guste el buen cine.


PUERTA DE LAS LILAS, de René Clair. 

Una notable mezcolanza de géneros que fue nominada al Oscar como Mejor Película de Habla no Inglesa. Un drama con tintes negros, comedia y romance que resulta muy agradable.


RÍO NEGRO, de Masaki Kobayashi. 

Retrato de los bajos fondos y la prostitución en el Japón posterior a la 2ª Guerra Mundial. Un contexto descarnado para desarrollar una historia de amor, en esa fusión, muy oriental, entre lo poético y lírico con lo cruel y duro.




RUTA INFERNAL, Cy Endfield. 

Entretenidísima cinta británica con mucha acción y un toque western que la hace muy especial. Muy poco conocida, pero sumamente atractiva. Y podéis ver a Sean Connery por ahí.


SENDEROS DE GLORIA, de Stanley Kubrick. 

Para muchos la mejor película antibélica de la historia. Una incontestable obra maestra que defiende el heroísmo y denuncia la tiranía de los mandos militares. Sólo diré que la escena final merece estar en la antología de las mejores escenas de la historia del Cine.


SÓLO DIOS LO SABE, de John Huston. 

Básicamente estamos ante una nueva versión de “La Reina de África” (1951), como es fácil dilucidar de la sinopsis (un soldado rudo, pero de buen corazón, y una monja que quedan aislados en una isla del Pacífico mientras intentan sobrevivir ocultándose de los japoneses durante la 2ª Guerra Mundial), pero ¡qué leches!, también se disfruta. En esta ocasión tenemos a Deborah Kerr y a Robert Mitchum en lo que serían la Hepburn y el Bogart de aquella obra maestra de Huston.


SU OTRA ESPOSA, de Walter Lang. 

La inolvidable e imprescindible pareja Hepburn-Tracy en una encantadora comedia. Poco importa que la pareja las tenga mejores, se disfruta igual.


TESTIGO DE CARGO, de Billy Wilder. 

Una de las mejores películas de juicios de todos los tiempos. Y es que Wilder era mucho más que uno de los grandes de la comedia. Merced a su estilo invisible y sencillo, se agarraba a sus férreos guiones para deslumbrar. ¡Y vaya si lo hace! ¡Adaptando a Agatha Christie! Exhibición del trío Laughton, Dietrich, Power en una cinta de obligadísimo visionado. Obra maestra.




TRONO DE SANGRE, de Akira Kurosawa

Kurosawa revisando a Shakespeare y su Macbeth, llevándolo al Japón feudal para deleitarnos con otra obra maestra. De una calidad cinematográfica excelsa, la elegancia de su realización e imágenes y el poder de su narrativa, la convierten en una de las mejores versiones, sino la mejor, de la tragedia del genial dramaturgo.


TÚ Y YO, de Leo McCarey

El melodrama por excelencia. Crecí con esa certeza afirmada sin dudarlo por tantos… Pero no se recrea en el drama. Es una comedia romántica que va virando en melodrama sutil, sensible e intenso, donde el final te lleva a la lágrima y el enamoramiento sin fisuras. De nuevo Deborah Kerr arrebatándonos y robando nuestro corazoncito cinéfilo, en esta ocasión junto al incomparable Cary Grant, galán romántico por antonomasia, maestro de la comedia y, como aquí, de cualquier cosa que se le ponga por delante.


UN ROSTRO EN LA MULTITUD, de Eliza Kazan

Una de las grandes películas críticas contra los medios de comunicación y su amarillismo, siempre enmascarado en servicio público y demagogia. Una magnífica película del maestro.


UN HÉROE DE NUESTRO TIEMPO, de Mario Monicelli

Monicelli era un crack de la comedia. Aquí nos trae un título simpático y sin grandes pretensiones que hace pasar un rato estupendo con sus irregularidades y defectos.


UN SOMBRERO LLENO DE LLUVIA, de Fred Zinnemann

Duro retrato sobre la adicción a la heroína por el que Anthony Franciosa tuvo una nominación al Oscar. Zinnemann muestra las consecuencias en una pequeña joya independiente de la que se habla poco. Acompaña Eva Marie Saint.




UNA CARA CON ÁNGEL, de Stanley Donen

Musical a mayor gloria de Audrey Hepburn. Ciertamente hay pocas caras con más ángel que la de ella. Guiada por el maravilloso Fred Astaire, tenemos un pequeño clásico del musical con el mejor director posible. Encantadora.


VIDAS BORRASCOSAS, de Mark Robson

Robson destroza la hipocresía de la sociedad biempensante y adinerada, sacando a la luz todas las mezquindades y mendicidades que pretenden ocultar. Violencia, falsedad, mentiras, sexo, insatisfacciones… Una estupenda película que me enorgullezco en recuperar del olvido.

Y dejo fuera, es que dejo fuera muchas…



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