domingo, 24 de mayo de 2015

Vetusta Morla - Madrid, Palacio de los Deportes, 23/05/2015: Crónica y setlist


por Inked Muse





Suena "Los días raros" en mi reproductor, he decidido ponerme esa canción para escribir sobre magia, la magia que viví ayer y que no dejo de rememorar una y otra vez en mi cabeza. Tengo resaca emocional y además, una de las grandes y no es para menos. Hay conciertos que encantan, y conciertos que van más allá, que desprenden tanta energía positiva que absorbes y asimilas que al salir del ambiente idílico en el que te encuentras, te quedas vacío, te replanteas tu vida, lo que has vivido en ese momento, en esa noche, junto con otras 15.000 personas. Ese es el inconcebible número de gente que ayer estuvimos en el Barclaycard Center de Madrid (Palacio de Deportes).


Parece increíble, pero cierto. Vetusta Morla, un grupo que yo conocí en 2009 y que apenas nadie conocía, que apenas llenaba plazas de toros, hoy por hoy, es uno de los grupos indies más importantes a nivel nacional. Sé que muchos de los que estuvimos ayer congregados tuvimos la sensación de estar formando algo grande, de algo que llevaba germinándose y creciendo desde hace mucho tiempo ya. Y es que, para cuando su tercer disco La Deriva salió a la luz, ya les seguían los pasos miles y miles de adeptos.




Ayer, 23 de mayo, fue un día que estoy segura que no olvidaremos nunca, ni los propios Vetusta Morla. Eran las 22.00 de la noche y puntuales como pocas veces he visto a un grupo, emergían de la oscuridad. Primero poco a poco, suave, despertando poco a poco los sentidos y después enérgicos. Sonaba “La deriva”, un Pucho se arrancaba a cantar con energía y tras él, la marabunta de gente que uníamos nuestras voces abrazando la suya. Un gran acierto fue el alternar canciones del nuevo disco con los dos anteriores de forma dinámica, para no estancarse tan solo en el último álbum, de forma que nos tuvieron dos horas cantando sin parar ni un momento a respirar.

He de admitir que La Deriva suena diferente con respecto a los anteriores, pero guardando su esencia, sus letras enigmáticas. Quizá haya canciones que aún tenga que dejar reposar como el buen vino para saber apreciarlas, pero lo que es innegable es que es un disco digno de culto. Sobre la puesta en escena de algunas de ellas, destacaría “Cuarteles de invierno”, por el comienzo tan íntimo que tiene, por ese aura de eterno misterio y ternura que la envuelve. “Golpe maestro” y “Fuego” también son destacables. Tuvimos tiempo de ponernos nostálgicos con temas de los anteriores. Canciones como “Copenhague”, “Valiente”, “Maldita dulzura”, “El hombre del saco”, “Lo que te hace grande” o “Al respirar” nos hicieron recordar sus inicios, sus raíces. De todas ellas cabe destacar “Saharabbey Road” por los coros finales. Es la tercera vez que les veo en directo y ha vuelto a suceder lo que he visto en los anteriores; un público entregado, enérgico que baila, que se siente vivo y canta los coros incluso aun cuando la canción ya ha acabado, incluso cuando estábamos esperando el metro, aún había gente cantando el “lalalalá” del final. Esa canción es la canción que más se nos queda en la cabeza en cada concierto, tiene un imán que nos atrae hacia ella.

Qué decir de la magia que se respira en el ambiente, de lo íntimo del momento a pesar de las miles de personas que allí nos encontrábamos. Pero nos sentíamos familia, una familia que se unían en una sola voz junto con la de Pucho. Un público que sueña, que tiene esperanza, que cree, que vive y siente. Un público humano lleno de emociones. Aunque para emoción la que desprendió Pucho en el escenario dejándose la voz. Entre canción y canción a veces nos hablaba, nos hablaba de la vida, nos hablaba del momento presente. Recuerdo vívidamente una frase que dijo: “Estamos programados para dar y recibir amor”. Pucho se mostraba amable, risueño, incluso tímido, quizá engullido por las tantas personas que le rodeábamos. Sin duda alguna, creo que ni él mismo ni los demás componentes se pueden creer lo que está sucediendo. “Recordaremos esta noche, os lo puedo jurar. Y se la contaremos a nuestros nietos”, nos dijo.

Después de dos horas de intenso concierto y de dejarme casi la voz, salí de allí con una extraña nostalgia en el cuerpo, con un par de lágrimas de emoción. Sabía que había visto algo grande, algo de lo que llevaba formando parte mucho tiempo, algo que he visto crecer y crecer y ahora se ha hecho grande, eterno, pero a la vez íntimo, propio, mágico. Porque si tuviera que definir a Vetusta Morla con una palabra, esa sería “Magia”. Y si la he visto alguna vez, es en sus escenarios. Y ahora solo espero la próxima vez en que los vuelva a ver, porque sin duda alguna, no te cansas de verlos. No te cansas de recibir tanto amor y darlo, como Pucho diría. No te cansas ni ellos tampoco, y espero que nunca dejen de ser eternos.

Setlist:

La deriva
Lo que te hace grande
Golpe maestro
La mosca en tu pared
Pirómanos
Boca en la tierra
Fuego
Rey sol
Cuarteles de invierno
Al respirar
Copenhague
Baldosas amarillas
Sálvese quien pueda
Tour de Francia
Un día en el mundo
Saharabbey Road
Maldita dulzura
Mapas
Fiesta mayor
La cuadratura del círculo


Bis:

Año nuevo
Valiente
El hombre del saco


Bis 2:

Los días raros

©Inked Muse

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